Analistas de Citigroup prevén un petroarmagedón. ¿Qué hacer frente a tan oscuro panorama? Hay que “invertir en activos alternativos”, dice Juan Camilo Arámbula, CEO de AAA.

 

Por Andrés Arell-Báez

¿Por qué 2015 podría ser caótico para los emergentes?” es el título de un artículo que Viridiana Mendoza escribió para Forbes México a principios del año anterior. En él, dice ella: “El endurecimiento de tasas de la Reserva Federal desencadenará el movimiento de la liquidez inyectada desde 2008; los flujos de capitales cambiarán de dirección y el fortalecimiento del dólar generará distorsiones en la economía de los países que antes figuraban como ‘estrellas económicas’, ¿qué se deberá hacer?”

El análisis de Mendoza es uno vigente para 2016, año en que analistas de Citigroup prevén que se produzca el petroarmagedón. Frente a ese panorama oscuro podríamos preguntarnos lo mismo que la columnista hace un año: ¿qué hacer? Juan Camilo Arámbula, CEO/fundador de Administradora de Activos Alternativos (AAA), tiene una valiosa respuesta a la pregunta: “invertir en activos alternativos”.

Según él, “las inversiones tradicionales se ligan a los mercados financieros y a los movimientos de las tasas de interés, por lo que están concatenadas y se hacen codependientes en su funcionamiento. Estos dos elementos causan que el impacto negativo en una, arrastre a las demás y, por ende, impacte a la baja en los resultados de un portafolio de inversiones. Una variación contraria a la esperada en la tasa de interés, en la inflación, en el precio de los commodities o en el crecimiento económico afecta a la totalidad de los demás activos (bonos, acciones, fondos de inversión colectiva).

“Para un inversionista, esa situación es una catástrofe, porque todas sus posiciones están correlacionadas, y cuando la tendencia es a la baja, su portafolio presentará resultados contrarios a los esperados. Buscando superar esas coyunturas y a manera de complemento dentro de la administración de portafolios de inversión nacieron los activos alternativos.”

Para Rodrigo Rato, ex director gerente del FMI, los activos alternativos han tenido una explosión importante desde la crisis del 2007, haciendo que el comportamiento de estos vehículos financieros sea boyante hoy. Y según el informe Global Alternatives Survey, creado por Towers Watson y el diario Financial Times, tiene él toda la razón: el volumen total de activos alternativos gestionados en 2014 fue de 6.3 billones de dólares.

Pero, en sí, qué son los activos alternativos. Juan Camilo nos cuenta que “son inversiones en una variedad de activos que no dependen del comportamiento de los mercados financieros, sino de sí mismos. Un ejemplo son las sentencias o conciliaciones judiciales contra la nación o terceros con buen perfil de crédito.

“Funciona así: un proceso judicial contra el Estado culmina con una sentencia o conciliación a favor del demandante, quedando este último como beneficiario de una indemnización a cargo de la nación. El gobierno tiene la obligación de pagar la sentencia, pero generalmente no tiene los recursos disponibles, mientras que los demandantes/beneficiarios tienen necesidad de recibir los fondos de manera inmediata. Esos recursos se encuentran representados en derechos económicos contenidos en la sentencia o conciliación judicial. Allí entramos nosotros, quienes les compramos a los beneficiarios los derechos económicos, de forma que se les anticipa el pago adeudado. El Estado, a lo largo del tiempo, paga la cantidad adeudada, más los intereses acumulados, convirtiendo así las sentencias en lo que se podría asimilar a las rentas de un activo con flujos estables.”

Arámbula continúa diciendo: “Los activos alternativos no necesariamente alcanzan a generar las rentabilidades que obtienen los títulos tradicionales en un mercado con una tendencia al alza; pero al no estar ligados necesariamente al comportamiento de los fundamentales, tienden a mantener su valor y a aportar rendimientos positivos en todas las épocas, incluso en aquellas de crisis.

“Los activos alternativos producen retornos con menor volatilidad y permiten mantener un crecimiento constante del patrimonio en el tiempo, mientras que los tradicionales no, lo que es una gran ventaja. Una divisa, por ejemplo, puede estar en una época de apreciación, pero eso no quiere decir que todos los días se valorice de forma constante: hoy puede subir 50 unidades, mañana bajar 20, pasado mañana volver a subir 10 y luego perder 30. Para un especulador es una situación soñada, pero para una persona que busca retornos estables en un portafolio generador de seguridad es una locura que lleva al estrés y el desespero.”

Según el autor financiero Fernando Luque, “ante un escenario en el que tanto la renta variable como la renta fija no están en niveles que podemos considerar como baratos, muchos inversores se preguntarán qué hacer con sus inversiones en acciones y bonos, y sobre todo si existe alguna alternativa a estas tradicionales clases de activo”.

La respuesta de cualquier comisionista para esos inversores es diversificar en el mercado. Lo que Arámbula propone es diversificar hacia activos en otros mercados: “Imagínese una persona que quiere invertir en bienes raíces para arrendar un inmueble. Va él, compra la casa, la pone en arriendo y en una década recupera lo invertido. Pero en estas circunstancias de crisis, hay bancos con casas para rematar: ésas se pueden adquirir a tan sólo un porcentaje del valor avaluado y convertirlas en activos de renta fija a través del arriendo, aumentando el ROI para el inversionista.” Definitivamente, las crisis son para algunos.

Las posibilidades en el área son variadas. Dice Arámbula que el primer negocio con el que ellos empezaron fue con las facturas (factoring). “Por ejemplo, los hipermercados no pagan a sus proveedores de manera inmediata, y en algunos casos se llegan a demorar hasta seis meses. Por otro lado, los proveedores necesitan el capital para seguir operando. Allí estaba la oportunidad. Lo que hacíamos es que le comprábamos la factura al proveedor con un descuento, de manera que él recibía el dinero de forma inmediata y anticipada. Pasado el tiempo, nosotros le cobrábamos el capital adeudado en la factura al hipermercado y nos ganábamos el descuento. Esto lo replicamos en infinidad de oportunidades con pagarés, contratos, laudos arbitrales, actas de obra, etc.”

Para Juan Camilo, los activos alternativos pueden ser muy útiles, siempre y cuando cumplan los siguientes requisitos:

  1. Que sean operaciones perdurables en el tiempo.
  2. Que tengan riesgos materiales y jurídicos limitados pero mitigables.
  3. Que tengan la posibilidad de obtener liquidez.
  4. Que haya sobre ellos una experiencia probada con éxito.

Seguir estos criterios básicos, a AAA le ha permitido convertir en una verdadera opción en el mercado en esta coyuntura particular, generando oportunidades de negocio por más de 4 millones de dólares en el último año, y con una marcada tendencia creciente.

“Hemos visto que para 2016 –cuenta Juan Camilo–, año en que la crisis está llegando con fuerza a América Latina y Colombia, el interés de la gente por invertir en este tipo de activos es mayor. La inseguridad sobre los retornos con los mercados actuales y las proyecciones para lo que falta de este año son realmente grises, y es ese contexto es en el que nos hemos venido posicionado con fuerza.”

Si usted no es un especulador, el mercado no está hoy para usted, y para esas coyunturas es que precisamente se tiene una gran opción en los activos alternativos.


Andrés Arell-Báez es escritor, productor y director de cine. CEO de GOW Filmes.

 

Contacto:

Twitter: @andresarellanob

 

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