Por Nuria Marín Reventos*

Los baby boomers, que son los nacidos entre 1946 y 1964, conforman una generación que está próxima a jubilarse, y como ha sido característico de este grupo, lo quieren hacer bajo sus propios términos y reglas. Así como años atrás abordaron el trabajo y su compromiso por los logros profesionales, esta generación obsesionada por la juventud, pero no con la edad, emprende ahora la búsqueda de lo que será su mejor opción para vivir saludablemente, y con la mejor calidad durante sus años dorados.

Ansiosos por asegurar su independencia, se rehúsan a estar condenados a la rigidez, reglas y baja autonomía de una casa de retiro y menos aún de un asilo; de ahí que se estén enamorando de un modelo ideado en Dinamarca en los ochentas: el cohousing o la covivienda.

Se trata de residencias colaborativas, autogestionadas, donde los adultos mayores deciden unirse para compartir y disfrutar espacios comunes, pero manteniendo su independencia en sus propias casas.

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Usualmente se trata de proyectos a partir de viviendas básicas y económicas, que son complementadas con áreas comunes amplias y de múltiples posibilidades, desde servicios de cocina, limpieza, cuidado médico básico, transporte compartido, deportes y dormitorios para recibir visitas, entre otros. El concepto encierra un mundo de posibilidades que podría convertir cada complejo en único y muy atractivo.

Se trata de crear un modelo de comunidad de colaboración, amistad y apoyo para evitar que la adultez se convierta en carga, en dependencia y falta de autonomía o peor aún, en soledad, debido a que un entorno de oportunidades globales promueve indirectamente la dispersión familiar.

Desde la perspectiva de desarrollo inmobiliario se trata de un mercado interesante y creciente. Según el informe Perspectivas de la Población Mundial (2015 y 2017), elaborado por las Naciones Unidas, dentro de 15 años los mayores de 60 años seremos 1,400 millones de personas.

El tema, o mercado, resulta aún más interesante en Latinoamérica y el Caribe pues, según la CEPAL, en esta región el fenómeno del envejecimiento se dará de forma mucho más rápida e intensa que en Europa.

De mantenerse la tendencia actual que indica una tasa de natalidad por debajo de la tasa de reemplazo, y un aumento de expectativa de vida, para el 2040 habrá en la región más personas de 60 o más años que niños menores de 15 años.

Durante el quinquenio 2020-2025, la tasa de crecimiento de población adulta mayor será cercana a 3% anual, hecho que provocará que el porcentaje de este grupo poblacional triplique su tamaño y nos lleve a que una de cada cuatro personas sea mayor de 60 a mediados del siglo XXI.

Además de las ventajas del modelo per se, su promoción y apoyo mediante políticas públicas, e incluso apoyo económico de los gobiernos (incentivos fiscales, por ejemplo, facilitación de espacios desocupados en las ciudades), la acción inteligente es crear un modelo de apoyo que no sea una carga para las exiguas arcas de los estados, ante una disminución del porcentaje de contribuyentes, producto de la inversión de la pirámide demográfica.

La “covivienda” demanda importantes cambios como una mayor apertura a nuevos modelos urbanos y arquitectónicos, con un énfasis en la promoción de la interacción comunitaria, tal como pasar los garajes a la parte posterior de los terrenos y que las fachadas den a las áreas comunes, espacios mínimos de construcción, etcétera. Las edificaciones deberán tomar en cuenta las futuras necesidades de una población que envejece y por ello buscar la eliminación de gradas y obstáculos y promover la facilitación de trasladarse con autonomía, tanto en las áreas privadas como en las comunes.

Por último, se debe destacar el cambio más importante que será cultural: el individualismo característico en nuestros países deberá evolucionar a formar personas más respetuosas y amantes por la convivencia colaborativa y además abiertos a estrechar lazos emocionales con los vecinos.

*Empresaria y analista.

 

Contacto:

Twitter: @nuria_marinr

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