Los 16 candidatos del Partido Republicano a la presidencia de EU tienen la culpa de que Trump les lleve una ventaja cada vez más amplia, porque permiten que imponga el orden del día.

 

Por Steve Forbes

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El continuo ascenso de Donald Trump ha dejado a sus oponentes republicanos desconcertados y peleando. Algunos intentan sonar como miniDonalds. Jeb Bush ganó publicidad negativa al referirse a los “bebés ancla” de Asia y América Latina, y sugerir la necesidad de una ofensiva. (¿Cómo? ¿Exigiendo una prueba de embarazo a cada mujer que visita el país y un viaje obligado a Planned Parenthood si da positivo?) Por su parte, Scott Walker dice que Estados Unidos debe cancelar el próximo viaje de Xi, el hombre fuerte de China, para mostrar nuestro descontento con las políticas exterior y económicas chinas.

Y, tristemente, la lista sigue y sigue. Al escucharlos es difícil imaginar que los rivales de Trump tienen sólidos antecedentes en la política, negocios y/o medicina. En su lugar nos encontramos con perros miniatura con molestas voces agudas, ladrando patéticamente a un perro alfa inexpugnable.

Sólo ellos tienen la culpa de la ventaja cada vez más amplia de Trump. ¿Por qué? Porque estos veteranos de la plaza pública violan la primera ley de la política: dejan que Trump imponga el orden del día. Había un vacío tanto de la política como de, asombrosamente, una crítica punzante de Barack Obama (en el reciente debate hubo algunas referencias a Hillary Clinton, pero apenas una mención a Obama). Si se le hubiera preguntado a alguien cuál era la plataforma política de los 16 aspirantes presidenciales republicanos antes de la llegada de Trump, en el mejor de los casos se habrían provocado murmullos, pero no verdadero entusiasmo. Todo el mundo esperaba que las cosas estallaran. Ninguno de los 16 se había identificado a sí mismo con firmeza.

Entonces, como una tormenta eléctrica, llegó Donald, y desde entonces los 16 se han quejado de que no pueden ser escuchados.

He aquí una pista: para ser escuchados necesitan tener algo que decir, y Trump tiene mucho que decir y le gusta decirlo bulliciosamente. Él solo hizo de la migración ilegal el tema. También señaló con rabia a China, México y Japón como villanos en la historia del tropiezo laboral estadounidense. No hubo pelea, sin importar quién o qué estuviera del otro lado. Eufóricos, asqueados o simplemente fascinados, decenas de millones se encontraron a sí mismos viendo a El Donald. Ya sea que lo ame o le deteste, todo el mundo conoce el mensaje que ha estado transmitiendo: el país está en un gran problema, y ​​se pueden hacer grandes cosas al respecto.

Entonces, ¿qué deben hacer los 16? Sencillo: lo mismo que Ronald Reagan hizo en 1980: establecer un programa sustantivo a favor del crecimiento. No más vueltas a las cosas. Los votantes quieren carne de verdad. Quieren propuestas audaces y originales sobre la reactivación de la economía estadounidense, y opciones para lidiar con la creciente anarquía en todo el mundo. En cuanto al estilo, quizá no sea buena idea intentar superar a Donald como el principal candidato en la campaña electoral, pero pueden, deben liderar con sus ideas, tal como lo hizo Gipper. Rand Paul, por ejemplo, tiene una interesante propuesta de impuesto de tasa única, pero hasta ahora nunca lo hemos escuchado en el debate; sólo ha hecho una referencia tímida a ella.

Además, y es triste que los aspirantes republicanos a la presidencia necesiten ser presionados a hacerlo: presionar con fuerza al presidente Obama en los temas clave. El daño que ha hecho y sigue haciendo es enorme. Deberían citar las anécdotas sobre la regulación excesiva; por ejemplo, advertir a los jóvenes que los reguladores de Obama se han dado a sí mismos poder para obligarlos a solicitar un permiso para crear un sitio web. Tienen que señalar cómo Obama ha tratado la Constitución, como si este documento fuera algo irrelevante. Golpearlo con la maltrecha condición de la economía. Como Herbert Hoover, Obama y sus secuaces siempre prometen que la prosperidad está a la vuelta de la esquina.

Los candidatos deberían ir tras la Reserva Federal. La política monetaria no tiene el atractivo instantáneo de un reality show, pero los estadounidenses saben que lo ocurrido con el dólar en los últimos años es preocupante y está mal, que la montaña rusa de valor que ha vivido no es buena para el crecimiento (es algo como un reloj va demasiado rápido o demasiado lento).

¿Sienten los candidatos que no saben lo suficiente para hacer frente a la Fed? Entonces deben ponerse al tanto sobre ella. La política monetaria es más importante que los impuestos, el gasto y la regulación. Sin un dólar estable de la economía de Estados Unidos seguirá siendo problemático, y también lo hará el resto del mundo.

¿Cómo sería una agenda reaganesca para los próximos debates?

–Impuestos. No más vaguedades como “Estoy a favor de un código tributario más justo y más plano” o “Si una simplificación tributaria llega a mi escritorio, la firmaré”. Después de lo que la economía ha pasado, y dada la fea realidad de ingresos estancados para mayoría de los estadounidenses (que está envenenando el ambiente político), los votantes merecen detalles. El impuesto de tasa única es el más dramático. Actualmente, más de 30 países tienen una variación de un impuesto de tasa única. El impuesto funciona para estimular el crecimiento y genera ingresos personales más altos.

–Cuidado de la salud. Este tema fue apenas mencionado en el debate. Los candidatos tienen que ir más allá pidiendo la derogación de ObamaCare. Deben abogar por un verdadero control del paciente, en lugar de que éste recaiga en terceros. Deben enumerar algunas ideas que ayudarían a hacer precisamente eso, como la institución de las compras a nivel nacional para el seguro de salud, en lugar de mantener el sistema en 50 estados que tenemos, lo que restringe la competencia y eleva los costos; hacer que Medicare forcé a los hospitales a publicar sus precios para todos los servicios y medicamentos para que los pacientes puedan comparar los costos de pruebas como resonancias magnéticas, por ejemplo.

Los candidatos deben tener en cuenta que la economía es el tema nacional.

También deben tener en cuenta que si esperan tener alguna esperanza de volver a desplazar a Donald, no pueden ser pasivos o vagos sobre lo que representan en los debates futuros.

 

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