Que los competidores se ataquen unos a otros es normal en los procesos electorales; sin embargo, lo preocupante es la falta de contundencia y discusión a fondo sobre los grandes problemas nacionales; no se trata solo de reconocerlos, quejarse y expresar buenos deseos, hacer promesas y ofrecer soluciones cuasi-mágicas.

México requiere de un presidente con una solvencia moral, liderazgo, habilidades estratégicas y recursos personales que no se han desplegado totalmente en los actuales contendientes. La agenda social está confundida por sentimientos viscerales, encono, reproches y el rechazo sistemático al gobierno actual. Los ciudadanos se quedan sin opciones reales ante unas campañas cortas en las que los partidos políticos son los únicos ganadores.

Los discursos están llenos de descalificaciones, alegatos banales y extrajudiciales para señalar solo quien es el menos corrupto; el centro de las notas políticas es evidenciar complicidades, omisiones, comparaciones superficiales y alegatos; las redes sociales se han ganado el protagonismo y la  publicidad política es una repetición de lo mismo; ante las propuestas huecas no hay que perder de vista lo verdaderamente importante, trascendental y las transformaciones requeridas de manera urgente.

  • Inseguridad. Además de los crímenes de alto impacto, el problema ya está muy extendido en el ámbito social. Asaltos, acoso, violencia, maltrato crecen exponencialmente; la sociedad se siente amenazada en todos los aspectos; para la población es cada vez más difícil llevar una vida normal, se siente desamparado y el vínculo con la autoridad está muy deteriorado.

El gasto en seguridad para las empresas las pone en situación de vulnerabilidad y les resta competitividad. Las inversiones son acechadas por un entorno de extorsiones, secuestros y constantes robos. Para los pequeños y medianos emprendedores el desamparo es completo. Existen poblaciones fantasmas, desplazados, zonas en conflicto permanente y la explosividad social está al límite.

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  • El ecosistema de la Corrupción. El problema no es decir que se va a combatir y a enfrentar; aunque se niegue, esta ya es una forma cultural que se ha ido arraigando con mayor profundidad en todos los ámbitos, no solamente compete al gobierno, está presente en las empresas, la educación, el deporte y todos los formatos contaminantes que hacen del voto un objeto de subasta.

No bastan buenas intenciones, un combate frontal de este problema implica decisiones de gran calado. La construcción de una ética fundamental que pasa por la eficiencia, la responsabilidad social y la vocación de servicio. Una reestructuración del servicio público de fondo. Sacar a los grupos de interés que tienen copado al gobierno será muy complicado.

Se tiene que acabar con la doble moral, la hipocresía y el burocratismo, los privilegios sindicales y la contundencia para incluir en la administración pública los criterios fundamentales de alto rendimiento, indicadores, modelos de reacción, desparasitar y cerrar la puerta los vicios de siempre.

Hacen falta también modelos de políticos con clase, autoridad, influencia, liderazgo y valores que además de ejemplares sean visionarios, modernistas, minimalistas, competidores natos; armadores de consensos, persistentes y comprometidos.

  • Los grandes temas. Algunos indicadores ponen a nuestro país al borde del desastre ecológico. La contaminación de mares, ríos, lagos, suelos; la sobreexplotación del campo, la pesca indiscriminada, incendios forestales, minería, depredación de subsuelo; todo eso se queda de lado en las campañas y muy pronto las consecuencias negativas van a sentirse terriblemente entre la población.

El aumento exponencial de muchas enfermedades se explica por el deterioro del medio ambiente, muchas formas de cáncer, padecimientos del corazón, pulmones, riñones y estómago, se derivan de los usos y abusos industriales, comerciales y productivos.

Los gobiernos locales, estatales y federal son omisos en muchas áreas. Las inmobiliarias, las mineras y cualquier empresa hacen lo que les viene en gana, las regulaciones no les importan y saben que pueden acabar con zonas de reserva a su antojo.

Embarcaciones de todos los países saben que pueden venir a robarse la pesca nacional y arrasar con los mares sin que nadie los moleste. La extinción de especies, su venta, maltrato y abuso continúan de manera impune y los esfuerzos de organizaciones no se toman en cuenta.

A los organismos públicos que hacen su trabajo y a los grandes servidores públicos se les regatean los recursos, se les quitan apoyos y se les pone en situación de riesgo para hacer su trabajo.

  • Soberanía. El próximo presidente tiene una agenda internacional diplomática y comercial tremenda. Las capacidades requeridas también son enormes, la figura del ejecutivo está sumida en el abismo de la vergüenza, la decepción y la mediocridad.

Representar con dignidad al país requerirá reconstruir los fundamentos del liderazgo de México en muchos ámbitos, desarrollar una estrategia de comunicación y construcción de consensos muy activa, productiva, impactante.

Internamente, recomponer el tejido social, darle la vitalidad y fortaleza requiere incidir en la psicología social, el imaginario y la moral cívica. Recuperar la vigencia del estado de Derecho y la consolidación del poder estatal al servicio de la sociedad son una misión compleja, no se trata de cambios legales sino de revitalizar el sentido de pertenencia, orgullo y confianza, así como remodelar la relación entre sociedad y gobierno.

 

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