El aumento en los precios podría contrarrestar parte del aumento en los salarios nominales.

 

Un incremento de 10% en el salario mínimo podría aumentar en alrededor de 75 puntos base la inflación general,  pero el  propuesto por el jefe de gobierno del DF lo haría hasta en 165 puntos base, de acuerdo con un análisis de BofA Merrill Lynch Global Research.

El jefe de gobierno del Distrito Federal abrió el debate sobre aumentar el salario mínimo, actualmente en 65.6 pesos a 82.9 pesos, es decir, un aumento de 26%, lo cual probablemente será inevitable.

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Agencias internacionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas (CEPAL) han destacado el extremadamente bajo nivel del salario mínimo en México, que se encuentre por debajo, incluso, del umbral de pobreza per cápita.

El problema afecta a una gran proporción de los hogares en México, ya que 17% ganan dos salarios mínimos o menos.

Estudios académicos han demostrado que tras un alza en los salarios las compañías aumentan los precios. De acuerdo a Lemos (2008), “Un aumento del 10% en el salario mínimo de EU aumenta los precios de los alimentos en no más de 4% y  los totales en un máximo de 0.4%”. Utilizando la proporción de los alimentos (procesados) en México en el INPC, la institución calculó el impacto probable de un aumento en el salario mínimo de México y estima que la elasticidad sea de 0.7, que es pequeña, asumiendo que el salario mínimo deja de ser una unidad de cuenta para multas y otras tarifas.

Pero un aumento sustancial, como el propuesto por Mancera (26%), podría incrementar el INPC en 165 puntos base, un aumento nada insignificante. Lo que podría contrarrestar parte del aumento en los salarios nominales.

El estudio muestra que el salario mínimo real ha caído 70% en las últimas cuatro décadas, gran parte de este deterioro ocurrió entre 1976 y 1996 golpeado por la alta inflación que se mantuvo durante esos años; no obstante, pese a que la inflación ha sido relativamente baja desde el 2002, el salario  mínimo real sólo ha aumentado 2.3% desde entonces.

Se ha dicho que el incremento del salario debe de ir de la mano de un aumento en la productividad, BofA señala que  no todo el problema se puede remontar a un bajo crecimiento en la productividad, pues la productividad laboral total ha aumentado 4.6% desde 2005. Sin embargo, los salarios mínimo y promedio solamente lo han hecho en 1.6% en términos reales en ese periodo.

Desde la perspectiva de BofA aumentar el salario no es la mejor manera de redistribuir el ingreso, pues aumentarían los salarios de quienes puedan conservar su empleo, pero consideran probable que algunas compañías respondan con despidos, trabajadores que aumentarían la oferta laboral en el sector informal, disminuyendo los salarios y la productividad.

BoFA concluye si el objetivo es redistribuir el ingreso deben ser considerados los subsidios para los trabajadores de habilidades bajas y mayores impuestos a los trabajadores con altos sueldos para que la política sea efectiva.

Si el objetivo es aumentar los salarios, México necesita primero alcanzar el pleno empleo. Parte del problema es que el crecimiento económico no ha sido lo suficientemente fuerte para hacer frente a una cada vez mayor fuerza de trabajo.

Las nuevas reformas estructurales ayudarán, ya que prevemos que el crecimiento potencial aumentará, pero sus efectos tomarán tiempo en repercutir en los salarios. Políticas para aumentar las educación y el entrenamiento de los trabajadores también ayudarían.

 

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