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Amador Montes / Artista plástico / CDMX

  • Su obra está en el Museo Internacional de Arte y Ciencia de McAllen, en Texas.

La mirada de Amador Montes atraviesa sus lentes ahu­mados para instalarse en la pared de un edificio alto a través de una ventana. Don­de la mayoría vería sólo un largo muro con pintura gris escarapelada, Montes encuentra un lienzo vertical, como la mayoría de sus pinturas.

“Eso es lo que me inspira”, confiesa, sonriente, “mirar un muro como ése. Quisiera sentir su textura, obtener esa cromática. Me dan ganas de estar en mi taller, con mi música, café y un ciga­rrillo y, simplemente, trabajar”.

Para él, la creatividad es un tema emocional que se nutre continuamente de su entorno. Puede ser tan infinito como imaginar una ciudad pintada de amarillo o tan pragmático como arreglar cualquier artefacto con las herramientas a la mano. La creatividad es también vulnerable, pues un hecho aislado, como el maltrato a un perro, puede cercenar un día entero su capa­cidad para crear.

Su trabajo está profundamente enraizado en el diseño gráfico, carrera que estudió en la Universidad Popular Autónoma de Puebla y la Universidad Mesoamericana de Oaxaca, aunque sus 20 años de trayectoria comenzaron mucho antes: de niño ayudaba a un rotulador a dibujar animales y peces para negocios locales.

El recurrente uso de la simetría, tipografías, matices y su preferencia por el trabajo en formato vertical comprueban su afinidad por el diseño y marcan fuertemente su obra: “En la universidad me decían: ‘Tus carteles parecen pintura’. Ahora me dicen: ‘Tus pinturas parecen carteles’”.

Sin embargo, aunque el diseño cruza su obra, Montes goza de algo que muy pocos diseñadores pueden presumir: posee la libertad creativa del arte, des­lindada del rigor y la estricta funcionali­dad del diseño.

Tras estudiar Diseño Gráfico, la in­certidumbre se apoderó de su carrera, por lo que garabateaba mucho. Su hermana le pidió que le regalara algu­no de sus bocetos. Tiempo después, lo llamaron de la Galería Oscar Román para decirle que su primer trabajo se vendería en 3,500 pesos… Y el resto es historia.

Su obra ha alcanzado ferias de arte como Zona Maco y es parte de colec­ciones públicas y privadas, como la del Museo Internacional de Arte y Ciencia de McAllen, en Texas, o la de la Secre­taría de Hacienda y Crédito Público, de la Ciudad de México.

Para él, el mayor logro en su carrera ha sido equilibrar su vida a través del arte. Una de sus mayores satisfaccio­nes es lograr la tonalidad que imagina para una pieza; ante este logro, ver sus obras expuestas en galerías nacionales como Casa Lamm y el Museo Barro­co de Puebla representa un mérito secundario.

Otros recintos internacionales han sido anfitriones de su trabajo; tal es el caso de las universidades de Man­chester y Exeter. Hasta hoy, 11 libros recopilan su obra plástica.

Amador encontró en el arte el propó­sito de su vida. Para él, dibujar y pintar representa más un escape que una manera de sobresalir.

 

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