“For ever let this place be a cry of despair and a warning to humanity, where the nazis murdered about one and a half million men, women, and children, mainly jews from various countries of europe. Auschwitz-Birkenau 1940-1945”.

Así dice la placa en inglés en el monumento construido entre los incineradores 3 y 4 de Auschwitz-Birkenau, el campo de concentración diseñado específicamente para la aplicación de la solución final nazi que tenía como único objetivo la eliminación de judíos, discapacitados, homosexuales, así como todas las razas consideradas inferiores por el concepto ario. Auschwitz-Birkenau es el delirio de poder. Una vez iniciadas las funciones de exterminio en el campo de Auschwitz que había funcionado como prisión política en Polonia y que se había transformado en campo de concentración a partir de la invasión nazi de 1939, los prisioneros que estuvieran en condiciones de trabajar fueron utilizados como fuerza esclava de trabajo para llevar a cabo la construcción de un nuevo y gigantesco campo de concentración cuyo único fin, a diferencia de Auschwitz I, era la destrucción, la aniquilación, el asesinato de cientos de miles de personas únicamente por ser considerados ‘distintos e inferiores’ por mentes exaltadas por ideas populistas que iniciaron como una opción política a la situación económica de una Alemania emproblemada moral y financieramente por los estragos de la primera guerra mundial.

Hitler fue un político astuto que utilizó la fuerza de su oratoria para transmitir mensajes de oposicionismo a las estructuras de gobierno argumentando la indiferencia e incapacidad de la clase gobernante para comprender y atender las necesidades del pueblo. Llevando al extremo su retórica, Hitler fue hasta el fondo del inconsciente colectivo alemán inspirado por interpretaciones arriesgadas de la filosofía de Nietzsche, así como por la identificación de un sector de la población como depositante de la empobrecida furia colectiva. Primero visto como una alternativa social de valores nacionales, el éxito de su crecimiento político en un lapso muy breve fue construyendo estructuras extremistas de apoyo por parte de oportunistas políticos que vieron en la incondicionalidad violenta de carácter gansteril una forma de, a partir del miedo, alienar a la sociedad para, sin obstáculos ideológicos, tomar el control de una nación a través de sus instituciones primordiales, el Ejército, la Policía y las finanzas. Sin oposición alguna, y con un poder total sobre el gobierno alemán, el delirio de grandeza de una mente enferma, rodeada de cómplices complacientes en busca de su propio botín, activo entonces el delirio en que se convirtió la Segunda Guerra Mundial a partir de 1940 transformando el principio de expansión imperial con fines de compensación económica, al único objetivo de exterminar judíos en primer lugar, y prácticamente el resto del mundo que no garantizara una linaje continuo de origen ario. Sin obstáculos ideológicos, sin oposición intelectual, la definición de ‘diferente’ que condenaba a los sentenciados a los campos de concentración, ya fuera para su aniquilación inmediata o para su aniquilación posterior a su explotación laboral, literalmente incluyó a todo el mundo que no fuera considerado igual a mentes que se autodefinían como superiores.

En las últimas semanas, posteriores al 19-S, y con los medios y los vociferantes políticos empujando a la sociedad al ‘olvido’ en la regularización de nuestras vidas, hemos visto como la cohesión social que espontáneamente se generó a partir del momento del temblor y su consecuente destrucción, ha sido atacada por los mismos intereses limitados de fuerzas que atienden sólo las necesidades de sectores en competencia política. Hemos visto como la tensión aumenta por minuto en España bajo la misma ruta del Brexit, o del triunfo de Trump, o de los riesgos que se han presentado en Alemania y Austria en los últimos procesos electorales, es decir: el nacionalismo exacerbado a partir de la convicción de la superioridad social, colectiva, financiera, militar, de un grupo de personas alrededor de una bandera, un perfil racial, un mercado financiero exitoso. Todos, con el común denominador de la crítica a los gobernantes en el poder como insensibles e inoperantes para las necesidades de la comunidad. Principios populistas que enardecen el incontrolable inconsciente colectivo llevando a las sociedades por rutas de autodestrucción en donde, una vez encendida la estridencia irreflexiva, los límites de la violencia necesaria, para imponer la idea de superioridad nacionalista, desaparecen peligrosamente.

PUBLICIDAD

El domingo en la noche un hombre atacó a una multitud disparando ráfagas asesinas sobre gente indefensa desde la cobardemente segura posición de su habitación en el Hotel Mandalay de Las Vegas. Mas apegado al perfil de simpatizante de Trump que al perfil de ‘peligroso inmigrante’ o ‘demócrata mentiroso’, en el caos informativo inmediatamente posterior al ataque, alguien intento filtrar la propagandísticamente conveniente nota de que Isis reivindicaba el ataque dando con ello, al gobierno de Trump, herramientas para su posición nacionalista al intentar clasificarlo como un ataque terrorista. De no ser por los auténticos contrapesos estructurales de la institucionalidad autónoma de los estados, así como la independencia real de los medios de comunicación, que descubrieron la información del atacante oportunamente, la estrategia de propaganda de Trump y sus ‘cómplices’ habría tenido un argumento poderosísimo para incrementar la furia antiinmigrante en medio del chauvinista y peligroso Maga.

Escuchar el silencio del viento que sacude los arboles alrededor de los crematorios de Auschwitz-Birkenau es un momento escalofriante. Árboles, pastos, que fueron abonados con ceniza humana que se recogía de crematorios a donde eran llevados los cuerpos asesinados con gas. En el extremo de la codificación del ser humano, cuerpos humanos desechados como basura no sin antes quitarles la última humanidad al inspeccionar los orificios de los cadáveres en busca de joyas, piezas de oro… Es escuchar el peligroso renacimiento de populismos que exacerban desde la izquierda y la derecha, a través de demagogias irresponsables y ‘cosificadoras’, la supremacía de razas, de ideologías, de economías.

Por toda Europa, la Europa que aún recuerda la Segunda Guerra Mundial y que se encarga de que las nuevas generaciones no la olviden, se siente la conciencia de las atrocidades de la guerra al mismo tiempo que se siente el reconocimiento de la conciencia de los otros, de nosotros en la juventud. La misma conciencia que descubrimos los mexicanos en situaciones críticas, pero que hemos dejado nos roben una y otra vez.

En este amenazado momento de reconstrucción, ojalá los sonidos de la fuerza colectiva se impongan y nos rescatemos, no nos dejemos de ver en los ojos y a los ojos de los demás. Será la única forma de salir adelante.

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @lgsrock101

Facebook: Rock101

Página web: Rock101online.mx

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

Sonos integrará Alexa y Airplay 2 en su nueva bocina
Por

A partir del 24 de octubre la firma tecnológica comenzará a distribuir Sonos One, la bocina inteligente capaz de control...