Este nuevo tiempo está marcado por la dificultad de mantener las hegemonías de determinados partidos y de ciertos liderazgos que hasta ahora parecían imbatibles e inderrotables en las urnas.

 

El 2014 fue un año muy intenso, con siete procesos electorales en América Latina que han traído importantes novedades y cambios en el panorama político regional. Las elecciones presidenciales en Costa Rica, El Salvador, Panamá y Colombia durante la primera mitad de año, y en Brasil, Bolivia y Uruguay a finales de 2014, han abierto la puerta a un nuevo tiempo electoral y político que nace, a su vez, en un contexto diferente en los ámbitos económico (la región ha entrado en un periodo de ralentización) y social (aumento del malestar, de las protestas y las movilizaciones).

Este nuevo tiempo electoral y político está marcado por la heterogeneidad, la volatilidad y la dificultad de mantener las hegemonías de determinados partidos y de ciertos liderazgos que hasta ahora parecían imbatibles e inderrotables en las urnas, ya que ganaban con amplitud y relativa facilidad en los diversos comicios que enfrentaban. En cuanto a la heterogeneidad política que caracteriza a América Latina, ésta se ha plasmado en 2014 en victorias de candidatos de derecha (Juan Carlos Varela en Panamá), de centro (Juan Manuel Santos en Colombia), de centroizquierda (Luis Guillermo Solís en Costa Rica, Dilma Rousseff en Brasil y Tabaré Vázquez en Uruguay) y de izquierda (Salvador Sánchez Cerén en El Salvador o Evo Morales en Bolivia).

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En lo que a la volatilidad del voto se refiere, este fenómeno ha provocado que la reelección y el continuismo se hayan convertido en 2014 en el reto más difícil de conseguir en América Latina, a diferencia de lo que ocurría hasta hace un par de años (reelecciones de Hugo Chávez y del PLD dominicano en 2012, o de Rafael Correa y el chavismo con Nicolás Maduro en 2013). En la primera mitad de 2014, el partido de Ricardo Martinelli en Panamá y el PLN en Costa Rica perdieron el poder, mientras que el FMLN en El Salvador lograba que su candidato diera continuidad a su permanencia en la presidencia, aunque imponiéndose a Arena por solo 6,000 votos de ventaja. Juan Manuel Santos en Colombia no sólo no pudo imponerse en la primera vuelta (fue el segundo más votado), sino que sufrió lo indecible para conseguir la reelección en el balotaje. En las elecciones brasileñas los cambios fueron constates en cuanto a tendencias electorales, y si una semana antes de los comicios las encuestas señalaban un duelo Dilma Rousseff-Marina Silva para el balotaje, éste acabó siendo un enfrentamiento Dilma Rousseff-Aécio Neves, una vez celebrada la elección.

Esa volatilidad y heterogeneidad política se alimenta, entre otras cosas, de la situación general de América Latina marcada por la ralentización económica (la región habrá crecido en 2014 al 2.5% tras haberlo hecho en años precedentes por encima de 4%). Esa ralentización, producto del menor crecimiento chino y las dificultades económicas internacionales, incide en el malestar social que arrastra a la región: las emergentes clases medias han empezado a movilizarse para exigir mejores servicios públicos, un real compromiso en la lucha contra la corrupción y más seguridad ciudadana. Como señala el politólogo Daniel Zovatto, “las victorias de los oficialismos, sobre todo en contextos de reelección consecutiva, pese a seguir manteniendo ventaja, ya no son tan fáciles de lograr como en el pasado reciente, y por ello la necesidad de ir a una segunda vuelta (e incluso el riesgo de perder) se ha vuelto más común, como ocurrió en la reelección de Juan Manuel Santos en Colombia y en la ajustada victoria del oficialista Sánchez Cerén en El Salvador”.

Resumen del artículo publicado en la revista uno. Puedes leer el artículo completo aquí.

 

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