Adoramos a nuestros amigos, es muy divertido estar a su lado, la pasamos tan bien. Incluso, sabemos que podemos contar con ellos porque han permanecido ahí en lo próspero y en lo adverso, han sido cómplices y saben guardar secretos. En fin, han pasado la prueba de fuego y se han quedado. Lo natural es compartir con ellos las mieles de un proyecto que parece tener muchas posibilidades de triunfar, pero ¿podrán ser buenos socios?

La mayoría de los emprendedores se han hecho esta pregunta para la que no existe una respuesta correcta que se ajuste a todos los casos. Los amigos son de las figuras más importantes en nuestras vidas, son compañeros y tienen una ventaja: nos conocen, pero considerarlos para formar parte de un proyecto de emprendimiento puede ser un detonante que genere chispas, tanto de éxito como de fracaso. Antes de invitar a un amigo a formar parte de un plan de negocios es necesario hacer un alto para analizar.

La tentación de convertir a un amigo en socio no es banal. Preferimos confiar en alguien a quien conocemos y estimamos que a un desconocido que nos puede generar suspicacia. Frente a lo que no nos es familiar, tenemos miedo y claro que inclinamos el fiel de la balanza a favor de quien nos ha brindado su amistad. Pero, sabemos bien, que entre amigos los temas de negocios son más complicados de lo que parece.

En primer lugar, hay que echarle un balde de agua fría al tema. Es muy distinto ser un buen compañero en el aspecto social que en el desarrollo de un proyecto. Hay que separar los afectos, las opiniones y partir de condiciones observables, medibles y cuantificables que nos permitan evaluar si mi amigo será un buen socio en los negocios. En esta condición estamos salvaguardando dos aspectos igualmente relevantes: la amistad y el negocio.

 

¿Por qué es buena idea invitar a alguien a formar parte de un proyecto?

  1. Tener un socio es contar con un apoyo. Es una opción que permite compartir las responsabilidades y los riesgos, tanto financieros como prácticos. Los buenos socios contribuyen, además de aportar recursos, con una variedad de habilidades, capacidades y experiencia. También comparten la toma de decisiones en el manejo del negocio, al igual que las utilidades y las pérdidas. Mutuamente se apoyan y motivan para sobrellevar los momentos difíciles. Con un amigo, el proceso puede ser más llevadero y hacerse divertido.
  2. Contar con alguien con metas parecidas y valores similares ayuda a la consecución de los objetivos y a alcanzar las metas. Adicionalmente, sentir simpatía mutua y disfrutar de estar juntos, codo a codo, en los largos los periodos que tengan que compartir, ayuda a aligerar la carga y a realizar proyectos.
  3. Tener un experto de confianza en campos que son ajenos a nuestra área de conocimiento quita muchas preocupaciones. Estar junto a una persona que sabe de lo que nosotros no conocemos es una gran ventaja que genera campos fértiles y círculos productivos fortalecidos.
  4. Porque la suma de dos talentos siempre tiene efectos multiplicadores, más cuando el cariño, la simpatía y el respeto están presentes.

Sin embargo, no siempre es buena idea integrar a los amigos a los proyectos de emprendimiento. En ocasiones, en vez de generarse círculos virtuosos, se abren las puertas del desastre y se acaba sin amigo y sin proyecto. Es preciso entender que la relación de socios de inversión es una de las más delicadas y potencialmente destructivas que existe en nuestro mundo.

Una sociedad puede ser muy interesante y productiva, pero hay que tener en cuenta que, como cualquier relación entre seres humanos, requiere de paciencia, perseverancia, buena fe y esfuerzo. Lo principal es que todos los socios sean transparentes y honestos entre ellos y que estén dispuestos a resolver, tan pronto sea posible, cualquier diferencia de criterio entre ellos. Ésa es la clave que evitará que los problemas se vuelvan destructivos y acaben con el negocio y con la tranquilidad.

Para ello es preciso tener la madurez para hablar con claridad y atacar los problemas con responsabilidad. Hay temas delicados que deben ser tomados en cuenta para evitar posibles disputas y problemas con sus socios en el futuro:

― Tomarse el tiempo para desarrollar, de manera explícita y por escrito, misión, visión y objetivos que reflejen la convergencia de puntos de vista para el negocio. Esto ayudará a mantener el enfoque adecuado y los canales de comunicación abiertos, mientras el negocio se comienza a desarrollar.

― Definir las áreas de responsabilidad de cada socio, no conforme a los gustos, sino con base en sus fortalezas individuales, capacidades y experiencia dejando a cada cual libertad en el ejercicio de sus actividades.

― Emitir un acuerdo entre los socios en el que se establezcan las expectativas de cada uno en puntos clave como: distribución de ganancias, división de trabajo, responsabilidad gerencial dentro del negocio, y reglas para un potencial caso de compra de participación de un socio por parte del otro. Esto evitará que el negocio esté siempre sujeto a los estados de ánimo variables de los socios y a los avatares personales de cada uno de ellos —divorcios, deudas, enfermedades, quiebras, accidentes—, además de la influencia de terceros —familiares, cónyuges, los hijos, los esposos, los padres, hermanos, otros amigos, son fuente espontánea de conflictos.

 

Debemos evitar asociarnos con un amigo si

  1. Lo estamos invitando al proyecto sólo por echarle la mano.
  2. Es bueno para la fiesta y pésimo para la responsabilidad.
  3. Sabemos que tiene una situación financiera comprometida.
  4. Jamás lo hemos visto trabajar.
  5. No sabe manejar la presión.
  6. No entiende los límites entre la amistad y el negocio.
  7. Grita en vez de argumentar.
  8. Trae pegado a alguien como si fuera parte de su cuerpo, sea otro amigo, la novia, el hijo o quien sea.

La peor decisión que podemos tomar es apresurarnos con una propuesta de asociación para un amigo. Mostrar interés no es suficiente. Hay que examinar todas las posibilidades con máximo cuidado. Si hay dudas, si se está inseguro de que el potencial socio pueda integrar un equipo sensacional, es mejor buscar alguna opción: trabajar conjuntamente antes de formalizar la sociedad, hacer una prueba. En fin, antes de comprometerse de manera definitiva con un amigo, lo mejor es evaluar.

Una vez hecha la evaluación y si la dirección indica con rumbo a asociarnos con un amigo, hay que plantear estrategias de salida en la que ambas partes se sientan conformes. Esto, con el fin de garantizar que si se pierde el proyecto se pueda conservar la amistad.

Amigos y socios puede ser una buena combinación o ser un desastre monumental. Todo depende, en gran medida, de la profundidad del análisis y la frialdad con la que se pueda prefigurar la sociedad; eso, por el bien de cada parte. Es horrible perder un negocio y, peor, quedarse sin amigos.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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