La historia del cine mexicano está llena de proyectos que parecen no tener fin. Cintas imaginadas por cineastas que, gracias a nuestra conflictiva industria, tardan años en convertirse en realidades. Ana y Bruno, el largometraje más reciente de Carlos Carrera (El crimen del Padre Amaro) parecía estar condenada a convertirse en otra de ellas.

Todas las películas tardan mucho tiempo, las fechas exactas son complicadas de definir. Depende desde donde cuentes el origen. Si es desde que se empezó a trabaja el guion, entonces es 2007-2008. La producción empezó en 2010, se paró dos años. Y la película se terminó en 2016. En realidad, fueron 4 años. Lo normal en una producción mexicana. Fue mucho trabajo, pero estamos muy contentos porque finalmente llega al destino para el que se hizo: el público”, afirma el cineasta mexicano.

La cinta de animación narra la historia de una pequeña niña, Ana (Galia Mayer), que llega junto a su madre a una “casa de descanso”. Ahí descubrirá que las cosas no son lo que aparentan y conocerá a un extraño ser verde, Bruno (Silverio Palacios), quien junto a otras criaturas buscará salvar a la mamá de Ana de un flamígero monstruo.

La historia es una película para toda la familia, no es una película infantil. Yo respeto muchísimo el cine infantil, hay diseños de películas y contenidos para toda edad. Desde los muy chiquitos, hasta los adultos… prefiero las películas donde los niños disfrutan y también los adultos, es el caso de Ana y Bruno”, afirma el ganador de la Palma de Oro a cortometraje del Festival de Cine de Cannes.

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Los niños no son tontos, también se dan cuenta de lo complejo de la realidad”, apunta Carrera sobre su película. El largometraje aborda temas como la esquizofrenia, la pérdida de seres queridos, abandono y muerte mediante un tono didáctico lleno de madurez. Y añade para quienes minimizan el impacto de este tipo de cine: “las películas de animación sirven como cualquier otra película, se puede hablar de cualquier tema con profundidad. La animación también es cine”.

Foto: Corazón Films.

Carlos Carrera es uno de los pioneros de la animación en México y una de sus voces más constantes. Además de haber obtenido la Palma de Oro en Cannes por su cortometraje El héroe, en el que una chica se suicidaba, ha obtenido reconocimiento con otros de sus trabajos como Malayerba nunca muere, De raíz o Un muy cortometraje.

Animar ha sido una de las grandes pasiones de su vida. “Empecé haciendo cortos de animación. Estudié, aprendí de manera autodidacta el lenguaje del cine mediante la animación. Experimenté por mi cuenta, aprendí de libros, documentales. Siempre quise estudiar eso y no había dónde en los 80. Intenté trabajar en publicidad, no me quisieron dar trabajo por no echarme a perder. Por mi cuenta empecé a hacer mis cortos, en la escuela de cine se diversificó mi gusto. No sólo por la animación, sino por el cine de ficción. Curiosamente resultó más sencillo hacer cine de ficción que animación”, concluye con ironía.

Ana y Bruno rompe con algunas de las tendencias del cine de animación mexicano reciente que, parece, querer romper con la historia de nuestra cinematografía –aun cuando aborde temas aparentemente mexicanos– buscando imitar modelos extranjeros. El proyecto de Carreras, por el contrario, se nutre de la simbología proyectada en nuestras pantallas. Hay “un homenaje a los personajes pícaros del cine mexicano de la Época de Oro. La playerita de Bruno es un homenaje a Pedro Infante en Pepe El Toro” y una elefante rosa que sufre de celos crónicos es un guiño a Profundo carmesí, una de las películas más reconocidas de Arturo Ripstein.

Es un juego cinéfilo que tiene como objetivo retratar una historia universal en México, sin que esto significa que deba convertirse en una atracción para turistas, como señala Carrera, “no es folclórica. Hay una banda en el pueblo, pero nada más. Las películas francesas pasan de repente en París, esta pasa aquí. Es una historia universal que pasa en México. Vemos un México normal… quería ver en una película de animación 3D un taquero. O sea, por qué no hay puestos de tacos en las películas mexicanas, como debe ser“.

 

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