DW.- David se enfrentó a Goliat. Es decir, una tropilla de jóvenes activistas por el medioambiente protestaron contra el grupo multinacional Siemens. Los medioambientalistas quieren frenar la producción de carbón. Para unos, el negocio es lo más importante. Para los otros, lo que está en juego es la existencia de todos en el planeta. ¿Y se suponía que eso sería un diálogo fácil? Ya la posibilidad de hablar civilizadamente fue todo un logro.

El director de Siemens, Joe Kaeser, tenía mucho por demostrar y mucho para reflexionar. El bávaro es el líder de una empresa que le garantiza el pan a 385,000 personas en el mundo. El “negocio”, entonces, afecta la vida cotidiana de una gran cantidad de gente, hoy mismo, y no en el futuro. Kaeser fue quien preparó a Siemens para el futuro, así como él lo entiende, con una reestructuración gigantesca. Del antiguo conglomerado industrial Siemens ha surgido un enorme grupo empresario apoyado en seis pilares, en los que el negocio digital en industria e infraestructura reemplazará finalmente al sector basado en la producción de gas y carbón, entre otros recursos que han de quedar obsoletos.

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¿En forma para el futuro?

Con el foco puesto en un futuro digital y en el desacoplamiento de la división “Siemens Energy”, Joe Kaeser quiere coronar su obra; una compañía con al menos 80.000 empleados y una participación del 40 por ciento en el volumen de ventas habría de salir a la bolsa el próximo otoño boreal. Pero tal vez la fama del estratega quede enterrada bajo una enorme montaña de carbón. ¿Sería culpa suya si eso sucediera? ¿Será que entendió mal el “futuro”? “¡Para nada!”, dirá seguramente Kaeser. ¿Acaso no anunció con anticipación que su multinacional sería “clima neutral” a más tardar en 2030? ¿Acaso no impulsó un nuevo “Comité para la Sostenibilidad” dentro de Siemens, capaz de verificar todas las decisiones empresariales en base a aspectos de sostenibilidad? ¿No quiere también acoplar el pago a sus directores al cumplimiento de esos objetivos?

El encargo de señalización ferroviaria del grupo indio Adani, para un proyecto carbonífero en Australia, representa para Siemens unos 18 millones de euros. Se trata de señalizaciones para los trenes que transportarán inmensas cantidades de carbón desde la mina hasta el puerto, desde donde continuarán su camino hacia las centrales carboníferas en India. 18 millones de euros, una suma verdaderamente insignificante. Pero una empresa como Siemens debe cumplir con el contrato. Eso también es parte de la actitud sensata del director general.

“Un terrible crimen climático”

Sin embargo, para la activista por el medioambiente Lara Eckstein, de Campact, ese negocio es “un terrible crimen climático” con el que Siemens pone en juego su futuro. Esa es la sensatez que demuestran Eckstein y otros activistas en todo el mundo, los viernes y cualquier día de la semana. David contra Goliat. La “insensatez” de unos contra la sensatez de los otros. ¿Cómo se puede llevar adelante un proceso de aprendizaje contra ese tipo de insensatez, antes de que el mercado, en la figura de Blackrock y Cía., haya comprendido que el carbón y las energías fósiles están arruinando el planeta? ¿Cómo se ayuda a los grandes líderes industriales a entender que sus stakeholders (partes interesadas), como se los llama en Davos y en Múnich -es decir, sus empleados, clientes y accionistas- son, de hecho, los dueños de la compañía? Con su interés en sobrevivir, sus nuevas formas de llegar a la opinión pública y su propia sensatez, que tiene tanta apariencia de “insensatez”. Eso les debe ser recordado, una y otra vez, por alumnos de secundaria de 16 años, con un trozo de carbón en la mano.

Es comprensible que esos jóvenes sean acusados, como dijo Kaeser, de llevar a cabo “acciones de activismo”, o de “histeria climática”. Pero esa clara determinación e incondicionalidad ayuda al aprendizaje de toda una nueva generación, y también de una generación pasada, y de toda la sociedad. Joe Kaeser tendrá que soportar eso. Y también deberá aprender de ello.

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