Forbes

En el norte del país, en particular en Chi­huahua, el apellido Baeza tiene un peso distinto. Está relacionado con el mundo empresarial de la región, y algunos de quienes lo llevan lideran Grupo Bafar, el conglomerado de cárnicos y retail más grande del país.

Antonio Camberos Baeza, de 30 años, es consejero invitado en esa empresa, pero su trayectoria profesional y empresarial poco tiene que ver con el negocio familiar al que lo vincula el apellido materno. Su primer contacto con el mundo corporativo fue en el extranjero, trabajan­do para IBM y, después, para Merrill Lynch, en este caso, en el área de Futuros y Derivados de Energía, donde aprendió de mercados, venta de commodities, cadenas de valor, proveedores y diversificación de negocios.

“Era un trabajo lleno de adrenalina [el de Merrill Lynch]. A las 5:50 de la mañana, ya tenía ocho compu­tadoras prendidas, mi diadema telefónica puesta y me encontraba listo para enfrentar la volatilidad cotidiana de los mercados”, comenta Camberos.

Pero, en ese tiempo, había una llamada que recibía recurrentemente desde México: la de su papá, recor­dándole que su legado estaba en Chihuahua y que su responsabilidad era con su familia. Aún tiene presentes, años después, las palabras de su padre: “No te estoy diciendo que lo consideres: te estoy diciendo que te regreses”. Tres días después de la última de esas con­versaciones, renunció a su empleo en Estados Unidos, empacó y regresó a Chihuahua.

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Su padre, tercera generación al frente de una empresa de agencias automotrices, no le soltó el volante del ne­gocio en un principio. Era 2013, y la firma apenas se re­cuperaba de los efectos de la crisis mundial de 2008. Fue hasta que algunas iniciativas de Camberos comenzaron a generar efectos en la organización, que sus decisiones empezaron a tener peso.

En principio, Camberos propuso generar un sistema de meritocracia para incentivar a los empleados de la distribuidora a ser más productivos. También trabajó en el apuntalamiento de los valores de la organización (tra­bajo, integridad, garra, resultados y éxito), cuyas iniciales definen la imagen de Grupo Pasa: el tigre.

En ese momento, las agencias en Casas Grandes, Deli­cias, Parral y Chihuahua vendían Ford, Lincoln, Peugeot  y Suzuki. Al principio, Camberos sólo estaba encargado de una de las agencias Ford, donde facturó, en el primer mes, 32 unidades. Su récord anda ahora en las 500 unidades por mes, y ventas cercanas a 1,500 millones de pesos (mdp). Su rol pasó de supervisor de ventas a director general de un grupo que hoy cuenta con 700 colaboradores.

A Antonio le tocó la adquisición de otra agencia en Chihuahua, una más en Ciudad Cuauhtémoc, otra en Torreón y la expansión de la marca Suzuki a Delicias. Recientemente, comenzó la operación de una agen­cia más en Ciudad Juárez.

“La participación de Ford a escala nacional es cercana a 5%; en nuestro territorio, estamos por arriba de 10%”, apunta Camberos. “Podríamos decir que damos el doble de eficien­cia que un distribuidor promedio”.

Una vez que la distribuidora au­tomotriz comenzó a acelerar, Cam­beros consideró que era tiempo de aplicar las lecciones aprendidas en Merrill Lynch, de saber aprovechar los tiempos y el contexto para diver­sificarse; así que se planteó subirse a la cresta de la ola manufacturera de Chihuahua, que era impulsada por la maquila y la industria aeroespacial.

Foto: Ford.

Puso en marcha la empresa Trax Chihuahua, especializada en maqui­nados de precisión. En un comien­zo, su equipo estaba conformado por cuatro personas, que trabajaban de 7:00 a 10:00 de la noche, en su “tiempo libre”. Hoy, ahí se fabrica equipo para la industria médica, componentes para la industria robótica y, recientemente, también para las industrias aeroespacial y automotriz.

“Fue la plataforma para que Trax Chihuahua y Grupo Bafar se aliaran, y dieran origen a Bafar Technolo­gies, que nos lleva a un mercado aún más competitivo, donde es más difícil incursionar, pues da servicio a un tipo de maquinado especializa­do”, asegura Camberos.

Trax comenzó a operar, en julio de 2014, con 1 millón de pesos y, según sus cálculos, hoy los activos de la compañía son de 60 mdp.

Uno de sus últimos pedidos fue una estructura de metal para un espectrómetro en masa, un aparato que, a través de la luz, reconoce partículas de cualquier sólido o líquido; se utiliza en hospitales para muestras de sangre y tejidos, y también en áreas de criminología para estudiar lo que se recoge en la escena del crimen; así como en la industria de alimentos, para probar fórmulas de los productos.

Pero, en la exploración de opor­tunidades, Camberos no se limita al norte del país. Recientemente incur­sionó en un mercado que tiene un valor estimado de 1,800 millones de dólares (mdd) en el país: el fitness.

Fue con uno de sus amigos, Diego Cuesta, que, hojeando una revista, conocieron el gimnasio (de origen estadounidense) Anytime Fitness, cuya peculiaridad es dar servicio las 24 horas, los siete días de la semana.

“Analizamos dos cosas a fin de traer a México ese concepto: que fuera parte de una tendencia y que la pudiéramos replicar”, señala Camberos. “En el diagnóstico, nos dimos cuenta de que la generación millennial está enfocada 100% en su imagen; todos los días quieren subir sus videos y verse bien en ellos. Se trata de una vida fitness, de una macrotendencia”.

La inversión por gimnasio de la franquicia Anytime Fitness rondó los 7 mdp. En Chihuahua, se puso en operación el primero. A éste le siguió uno más, en San Nicolás de los Garza, y otro en Valle Oriente, Nuevo León; vino uno más en San Luis Potosí, un sexto en León y un séptimo en Saltillo. Para poner los gimnasios en marcha (algo que ocurrió en julio de 2014, al mismo tiempo que el negocio de maqui­nados) fue necesario capacitarse en Estados Unidos y entender muy bien la gestión de este negocio.

Queda claro que Camberos no le teme al emprendimiento ni a la di­versificación, mientras lo haga con disciplina. “Recuerdo que, cuando era pequeño, mis tíos pasaban por mí para ir a la Central de Abasto a las 6 de la mañana. También me levantaba para acompañarlos los sá­bados y domingos. Si daban las 6:01 y yo no estaba listo, me dejaban. Así transcurrieron seis años, hasta que me fui a la universidad a Estados Unidos. Así aprendí que la discipli­na te lleva al éxito, pero, sobre todo, te permite continuar con un legado, darle sostenibilidad a los proyec­tos”, señala.

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Foto: Anytime Fitness.