Antonio del Valle, emperador en retiro

Foto: Fernando Luna

A sus 74 años, el empresario asegura que ya disfruta de una etapa de descanso empresarial, pero aún planea la compra de un banco en Estados Unidos y una aún mayor expansión de Mexichem.

 

Por Zacarías Ramírez

 

El 27 de noviembre,  Antonio del Valle Ruiz recibía una gran noticia: Mexichem, una de sus empresas, informaba al mercado de un valioso hallazgo en una de sus minas. “Don Antonio”, como él mismo reconoce, es tocado por la suerte cada cierto tiempo. Esta vez se trataba del descubrimiento de un yacimiento de fluorita en las cercanías de una de sus minas en Coahuila, equivalente a 10 años de reservas.

Con ventas superiores a 70,000 millones de pesos (mdp) y presencia en más de 30 países, Mexichem está hecha también del sentido de oportunidad de su Presidente, un contador nacido en la Ciudad de México hace 74 años.

En los años 80, Del Valle fue uno de los banqueros expulsados del sistema financiero mexicano por la nacionalización de la banca, pero a diferencia de sus colegas se movió con éxito al carril empresarial y, 30 años después, es un jugador mundial en el mercado de productos petroquímicos.

Sólo en los últimos ocho años, Mexichem aumentó 15 veces sus ventas; además, su acción ha sido de las más redituables en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV).

Ahora, desde su despacho ubicado en el Grupo Financiero BX+, Antonio del Valle asegura que las decisiones estratégicas han quedado en manos de sus descendientes y el equipo ejecutivo.

“Ni me considero el empresario del sexenio (de Felipe Calderón), ni el empresario de nada. Yo ya cumplí con mi labor, que los jóvenes la continúen y sanseacabó”.

 

Fracasos y perspectivas              

Los hechos, sin embargo, demuestran otra cosa alrededor de su supuesto retiro, pues tiene en mente otros proyectos. En los próximos meses, Mexichem creará una empresa para proveer estructuras con compuestos de cemento y polímeros para obras de infraestructura y buscará hacer adquisiciones en el exterior, sobre todo en Estados Unidos, para reforzar sus negocios industriales y financieros.

Pero su historial también registra tragos amargos. El más reciente le pesa. En noviembre de 2011, Mexichem informó al mercado que se postergaba su alianza con la estatal Pemex para operar en el complejo de Pajaritos una planta conjunta de etileno –un asunto clave al que dedicó ochos años de negociación y 5 mdd–; la materia prima para producir cloruro de vinilo o VCM, y con éste fabricar PVC.

A pesar del descalabro, Antonio del Valle no da por muerto el asunto con Pemex y mantiene la esperanza de alcanzar el acuerdo en los próximos meses con la llegada de nuevos funcionarios públicos.

Tampoco las ha tenido todas consigo como banquero. Su banco Bancrecer, que fuera la primera institución de banca múltiple en el país, pasó a manos del gobierno en 1982. La decisión del entonces presidente José López Portillo llevó a pensar a Del Valle en irse del país. “Mi hijo mayor tenía 15 ó 17 años”, recuerda. “Tuvimos una reunión familiar y decidimos quedarnos y aprovechar las oportunidades”.

Diez años más tarde tuvo diferencias con sus socios, entre ellos la familia Berrondo, accionistas del fabricante de electrodomésticos Mabe, y decidió vender su parte de 25% en Bital (un banco que llegó a ser el quinto más grande del sistema financiero y a sumar más de un millón de socios).

Debutó en la banca a sus 34 años y, hoy, cuatro décadas y varios sinsabores después, piensa irse a casa con un buen trato para BX+. “Espero que sea uno de mis últimos proyectos”.

La firma financiera ha ganado un lugar como banco de nicho enfocado al crédito agrícola, pero es ante todo un estandarte de lucha. Del Valle mantiene desde hace años su invitación a otros bancos chicos mexicanos a formar un frente común contra las instituciones extranjeras.

“El crecimiento orgánico de los bancos de este tamaño (de BX+) es muy difícil, sobre todo con la competencia de los grandes bancos extranjeros. La única solución que veo, y con ese fin se creó BX+, fue tratar de hacer alianzas financieras con otros bancos chicos”.

 

Adquisiciones clave

A base de comprar compañías, Del Valle montó un conglomerado industrial basado en eslabones y altamente expansivo: los 7,000 mdp que vendía en términos anualizados casi se multiplicaron por ocho y llegaron a 54,000 mdp en el segundo trimestre de 2012.

Tras varias compras dentro y fuera del país, dio la gran campanada este año con la compra de Wavin, la líder de este negocio en Europa con presencia en 25 países; así como en 40 sitios de manufactura y ensamble en Europa y China.

Las dificultades económicas de Europa no ayudarán para que Mexichem recupere en el menor plazo los 8,900 mdp invertidos en la compra de una compañía europea. “2013 no será un año de coser y cantar”, acepta Del Valle.

El otro negocio floreciente de Mexichem es la fluorita y uno de sus derivados, los gases refrigerantes que emplean autos y aires acondicionados. La fluorita es un mineral utilizado en la industria cementera, del acero, cerámica, vidrio y del que Mexichem tiene la mina más grande del mundo con capacidad de más de un millón de toneladas por año, equivalente a 17% de la producción mundial, según Stanford Research Institute, y reservas para 49 años de producción.

 

Más compras en puerta

Aunque el éxito arrollador ha sido en los negocios industriales, la faceta de banquero de Antonio del Valle, y la suerte, siempre han estado ahí.

Su primer trabajo fue en El Asturiano, negocio textil iniciado por su familia tras su llegada a México desde Asturias, España, pero el primer negocio propio y que fundó al lado de socios fue un banco, en 1974. Al nacionalizarlo el gobierno, con el dinero de la indemnización Del Valle compró Química Penwalt en 1984. Del Valle y sus socios, entre ellos los Berrondo, crearon Grupo Prime, que daba servicios financieros y tenía acciones de empresas industriales. El grupo se mantuvo en funcionamiento hasta que se volvieron a abrir las licencias a particulares para operar bancos y los socios adquirieron Banco Internacional (después Bital).

En 1993, acreedores bancarios de un grupo industrial llamado Camesa aceptaron recibir acciones de la empresa como pago y al año siguiente designaron para administrarla a Bital, en el que Del Valle era accionista principal.

Un año antes de que sus socios vendieran Bital a HSBC en 2003, Del Valle les vendió su 25% y recibió por ello el equivalente a 50% de las acciones de Camesa. Luego adquirió 43.36% más y en 2004 se hizo único dueño a través de Grupo Empresarial Kaluz. Ese mismo año, Camesa compró Química Flúor, que tenía entre sus activos la Mina Las Cuevas, en San Luis Potosí, hoy convertida en la mayor mina de fluorita del mundo. “¿Cuál es el mérito de eso?”, pregunta Del Valle para acentuar la suerte que ha estado a su favor. Camesa es el antecedente de Mexichem.

Hoy la brújula le dice a Del Valle que Mexichem debe dirigir sus pasos a Estados Unidos. Al postergarse la alianza con Pemex para producir etileno, aumenta la necesidad de Mexichem de  encontrar otros suministros de este compuesto indispensable para elaborar VCM, un producto intermedio en la producción de PVC.

El acuerdo con Pemex era de 400,000 toneladas y Mexichem necesita un millón, así que el Plan B tiene que hacerse. “Eso hay que resolverlo en alguna parte del mundo y lo más lógico es que sea en Estados Unidos, porque ahí el precio del gas es el más barato que hay”, sostiene Del Valle.

También para BX+ hay oportunidades en Estados Unidos. La mira está puesta en los community banks, pequeños bancos que operan en uno o dos estados y que atraviesan por dificultades financieras derivadas de la crisis financiera. Los clientes que interesan a los bancos mexicanos son los de origen mexicano y las pequeñas empresas que hacen transacciones comerciales con México.

“Comprar un banco en el sur de Estados Unidos es el american dream de los banqueros mexicanos. La clave es encontrar una institución con un precio por debajo de su evaluación de mercado”, dice José Antonio Quesada, presidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF).

Pese a lo que diga, la actividad de Antonio del Valle en 2013 será intensa. Hace dos meses anunció en alianza con Slim la entrada de su empresa Elementia al mercado mexicano del cemento (que no había recibido ningún nuevo jugador en 70 años).

El trato entre Del Valle y Slim se firmó en 2009 y la planta cementera, que tardó tres años en construirse y se ubica en Hidalgo, ya produjo hace unas semanas sus primeras toneladas. Pero será a finales del primer trimestre cuando la planta alcance su máxima capacidad de un millón de toneladas y se dé a conocer el nombre de la cementera que entrará a la sociedad para aportar su experiencia operativa y comercial (según versiones no confirmadas, podría ser la francesa Lafarge).

Hoy, en un mediodía de noviembre, “Don Antonio” no se cansa en decir: “Lo he dicho mucho pero nadie me hace caso: yo ya estoy prácticamente retirado de los negocios”.

Con información de Sergio Castañeda, Lourdes Contreras y Marisol Huerta.