Ser un emprendimiento tecnológico y trabajar desde cualquier sitio que no sea el Valle del Silicio podría lucir como una desventaja, pero no para ellos.

 

Por Susan Adams

 

Seis ingenieros de software comparten una habitación, escribiendo código debajo de lámparas fluorescentes. El CEO se sienta en un estrecho cubículo contra la pared justo afuera de la cocina, donde un futbolito se encuentra junto a un “kegerator”, una pequeña estación que abastece de cerveza artesanal al personal. Al final del pasillo, un gimnasio dispone de duchas donde los programadores que se quedan toda la noche pueden darse un regaderazo antes de volver a su tarea.

Ésta no es una startup de Silicon Valley. Es la oficina de Apprenda, una pujante empresa de software de seis años de edad, en Clifton Park, New York, un anodino suburbio 25 kilómetros al norte de Albany. Apprenda se dedica a ofrecer la denominada plataforma como servicio (PaaS) de software que ayuda a sus clientes —entre los que se incluyen JPMorgan Chase, Honeywell, Diebold y AmerisourceBergen— a crear y correr nuevas aplicaciones móviles basadas en la nube sin tener que contar con sus propios departamentos de IT.

Apprenda se encuentra en medio de un punto de crecimiento importante tras anunciar 16 millones de dólares (mdd) en financiamiento en una tercera ronda a mediados de noviembre, aumentando la inversión recibida a 32 millones y aumentando sus necesidades de personal. El plan: duplicar el número de empleados a 100 en un año. “Contratamos a cinco personas en la última semana”, dice el co fundador Matt Ammerman, de 34 años. “Estamos reclutando en todos los departamentos, desde ingenieros de software hasta encargados de servicio al cliente y marketing. “A pesar del desafío que representa el proceso de reclutamiento, el CEO Sinclair Schuller, de 31 años, insiste en que la ubicación del Apprenda es una ventaja. “Creo que ser una compañía de software empresarial fuera de Silicon Valley nos da la ventaja de obligar a los inversionistas a enfocarse en la viabilidad de nuestro negocio y no en la vanidad de nuestra ubicación”.

Sus inversionistas están de acuerdo. New Enterprise Associates, con oficinas en Sand Hill Road en Menlo Park, e Ignition Partners, también con una sucursal en Silicon Valley, han comprometido en conjunto 20 mdd. Frank Artale, de Ignition, dice que la firma rara vez invierte en empresas que están a un vuelo de distancia: “Sabíamos que mientras pudieran contratar al tipo de desarrolladores de software que necesitaban, la empresa sería un éxito”.

Aunque Silicon Valley atrae a ingenieros que buscan un ambiente de intensa competencia, salarios que pueden alcanzar los 250,000 dólares anuales y el buen clima de todo el año, Clifton Park vende a sus empleados estabilidad y bajo costo de vida con casas que van de menos de una sexta parte de sus homólogos de California. Los salarios de la zona de Albany para los ingenieros de software alcanzan un máximo de 130,000 dólares, pero las personas se quedan ahí por más tiempo. Mientras que los ingenieros de Silicon Valley a menudo dejan su trabajo después de menos de un año, sólo cuatro empleados han dejado Apprenda desde su creación, y sólo uno se fue a la Costa Oeste.

Cuando los tres cofundadores de Apprenda emprendieron su proyecto, rentaron una oficina por 200 dólares mensuales. En ese momento Ammerman vivía en la cercana Troy Nueva York, en un espacioso apartamento de dos dormitorios en un complejo con alberca donde la renta era de 800 dólares. Sus colegas, Schuller y Abraham Sultan, de 33 años, tenía viviendas similares. Eso hace que fuera posible, cuando obtuvieron su primera infusión de 100,000 dólares de amigos y familia, que Schuller dejara su trabajo en una oficina administrativa en el centro de SUNY en Albany y trabajara a tiempo completo en Apprenda.

Cuando se trata de reclutamiento, la región de Albany produce una sorprendente cantidad de talento de ingeniería. El Rensselaer Polytechnic Institute, el alma mater de Sultan y Schuller, es mencionada con frecuencia entre las escuelas de ingeniería más importantes de Estados Unidos. También lo es SUNY Albany, donde obtuvo su diploma Ammerman; Union College, en Schenectady; Skidmore, en Saratoga Springs, y Clarkson, en Potsdam. La Universidad de Syracuse está dos horas al oeste. Muchos programadores jóvenes no quieren mudarse de extremo a extremo del país y luchar contra la competencia de la Costa Oeste. Eric Coonradt, ingeniero de software de Apprenda, de 27 años, graduado de SUNY Binghamton, creció en el suburbio de East Greenbush en Albany. Quería estar cerca de casa. “Tengo este raro orgullo regional”, dice. “Me gusta la idea de que las apuestas están en nuestra contra”.

El nuevo jefe de RH de Apprenda, Dean Iacovetti, solía ser su reclutador exterior, dice que su mejor fuente son las referencias de los empleados. La compañía ofrece 5,000 dólares a empleados que hacen una referencia exitosa a un nuevo empleado. Iacovetti también peina LinkedIn para buscar prospectos y contrata a ingenieros de software que han trabajado en otras empresas de la zona, como IBM y CommerceHub. Una vez que encuentra al talento de software que quiere, los somete a un proceso de contratación de cinco etapas, incluyendo entrevistas telefónicas, un reto de programación y una prueba de personalidad en la que califica la importancia de cualidades como competitividad y responsabilidad individual.

Desde que Apprenda abrió al público, algunas otras compañías de tecnología se han mudado cerca, sobre todo GlobalFoundries, un fabricante de semiconductores con sede en Milpitas, California, propiedad del gobierno de Abu Dhabi, que ha invertido casi 7 mdd desde 2009 para construir un campus cercano Malta, Nueva York, que incluye una planta de fabricación de microchips (el estado le dio incentivos por valor de 1,400 mdd). Hasta ahora, la instalación ha creado 2,200 empleos de alta tecnología, mejorando la reputación de la región de atractivo para el talento. El Centro para el Crecimiento Económico en Albany llama a la zona Tech Valley.

“Al principio algunos de nuestros fundadores trataron de hacer que nos mudáramos a Silicon Valley”, dice Schuller, CEO de Apprenda. “Pero nosotros no iremos a ninguna parte”.

 

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