Ba-dum, ba-dum, ba-dum. Un corazón robot latiendo en sus manos, sus movimientos unidos con los latidos de su propio corazón.

Suena tal vez como una escena de una película de ciencia ficción; sin embargo, para un grupo de artistas, diseñadores, ingenieros y científicos que usan tecnología como una forma de expresión humana es la realidad hecha por una causa muy valiosa, la salud cardiaca.

El proyecto “Heart in Your Hands” fue parte de una colaboración entre The Royal Society, Kings College London, British Heart Foundation y el laboratorio Rusty Squid para enseñar biomecánica, simular las funciones del corazón y difundir conocimiento sobre marcapasos y el funcionamiento general del corazón. Todo esto a través de un corazón robot.

En la documentación del proyecto se muestra las reacciones de diversas personas experimentando la sensación de tener un corazón en sus manos: un padre sintiendo los latidos del corazón de su hija, unos amigos que se intercambian corazones robóticos para sentir el ritmo de sus vidas y una pareja besándose para ver el efecto cardiaco.

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La tecnología, usada en conexión con arte y diseño, puede hacer surgir experiencias hermosas. De hecho, la tecnología nos puede ayudar a acercar más a la naturaleza y nuestra esencia humana como también nos puede perjudicar.

Hace muchos años, Peter Drucker, padre de la disciplina de “management thinking”, decía algo que hasta ahora aparece en redes sociales: “la computadora es un idiota”. Lo que Drucker decía es que las computadoras son poderosas con su habilidad de extender nuestra capacidad más que cualquier otra herramienta que hemos tenido como humanidad. Sin embargo, Drucker sostenía que la única manera de hacer esto eficazmente es que si estas computadoras nos provean con información o tramites que simplifican nuestras acciones y las acciones de las organizaciones. Si no, el uso de la computadora es absurdo.

Proyectos que conectan robótica (ingeniería), arte (celebrar la forma y los emociones entre personas y experiencias) y diseño nos hacen más humanos porque fomentan conexiones entre nosotros, entre nosotros y nuestros entornos, y dentro y entre sociedades. La máxima aristotélica de que “el todo es más que la suma de sus partes” aplica también a la convergencia entre nuestros cerebros, cuerpos, ambiente, naturaleza y la tecnología donde hay posibilidades hermosas y, a la vez, peligrosas. Somos creadores, innovadores, artistas, científicos, escritores, emprendedores, aventureros, gracias a esta convergencia. En resumen, somos más humanos apropiando la tecnología.

 

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