México se enfrenta constantemente al desabasto de agua, tanto en zonas residenciales como en el sector industrial. La carencia de este líquido y su desperdicio constituyen una problemática que se tiene que enfrentar con nuevas soluciones.

 

Por Carla Casanova

De acuerdo con el libro Agua (La Jornada Ediciones, 2005), en el sureste del país se concentra 68% de los mantos acuíferos, y es en esta misma zona donde se asienta sólo 23% de la población total de México; en las zonas restantes la situación es de escasez.

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Se lee en el libro que entre 40% y 50% del agua es desperdiciada debido a la mala calidad de la red abastecedora; además, del total del agua que se utiliza en México, 76% se aprovecha para la agricultura, y de ésta, con un desperdicio aproximado del 60%.

Éste es sólo un ejemplo del desperdicio de agua en México. Si le sumamos que en promedio una persona gasta entre 200 y 400 litros de agua en sus actividades diarias (bañarse, preparar alimentos, lavar el auto y otras) se contribuye al desperdicio de este recurso no renovable y cada vez más escaso.

Más del 75% de la actividad económica, población y tierras de riego se encuentran en las regiones del centro y norte del país, mientras que 72% de la disponibilidad del agua se localiza en el sur (es decir, en la franja que comprende los estados de Guerrero, Tabasco, Oaxaca, Campeche y el sur de Veracruz), en tanto que los sistemas de distribución no han tenido la capacidad de suministrar agua donde se necesita.

De acuerdo con el Banco Mundial, 45% del agua en América Latina se pierde antes de llegar al consumidor final, con pérdidas de hasta 75% en lo que se refiere a sistemas de distribución de agua para grandes ciudades.

A finales de 2014, México registró una población de 119.7 millones de personas, que si las multiplicamos por 200 o 400 litros desperdiciados al día, resulta que entre 23 millones y 48 millones de litros no se utilizan.

Ésta es una cantidad significativa de agua que se desperdicia; sin embargo, son pocas las acciones que se han realizado en pos de administrar y racionar de mejor forma este recurso. Una de las principales dificultades es la de informar a la población respecto a la manera en la que utilizan los recursos, y lo que sí es viable es la implementación de tecnologías que permitan reutilizarlos de manera sustentable.

La tecnología para lograr esto ya existe. En Brasil, el agua es un recurso que ya escasea en los centros urbanos; esto, en razón de la alta concentración de población y crecimiento de las zonas industriales, por lo que fue necesario el tratamiento adecuado del líquido, que logró permitir reutilizar el agua para usos no potables.

Para tal efecto se utilizó un sistema de membranas de ultrafiltración, el cual fue el primer sistema de biorreactores de membrana a gran escala en Latinoamérica, el cual tiene la capacidad terciaria de tratamientos biológicos (eliminación de nitrógeno y fósforo). Además tiene la capacidad de tratar un volumen de 182 litros por segundo en su primera fase de construcción.

Este sistema de filtración se encuentra compuesto por tres trenes de membrana con más de 36,000 metros cuadrados de área total de filtración de membrana; así, este sistema permite a la planta, a partir de abril de 2012, que la calidad del permeado superara con creces las expectativas.

Específicamente la ciudad de Campinas, a 100 kilómetros de São Paulo (que tiene más de un millón de habitantes), es una región que sigue creciendo con nuevos desarrollos de viviendas e industrias, y que enfrentó retos relacionados con la cercanía de los nuevos desarrollos urbanos mediante las plantas de tratamiento, y la necesidad de descargar el líquido tratado en un entorno donde es importante la reducción de patógenos, panorama similar al que enfrentan las principales urbes en México.

Si bien la distribución de los recursos difiere entre Brasil y México, cabe resaltar que la problemática de la reutilización del agua es una constante que aún no se ha atajado de la mejor manera.

En México existen 864 plantas potabilizadoras de agua, de las cuales solamente funcionan 770, y de los 653 mantos acuíferos subterráneos en el país, 104 se encuentran sobreexplotados. Tan sólo en el Distrito Federal existen 13 plantas de tratamientos, y 14 en el Estado de México. Esto nos indica que si bien existe una infraestructura importante en el país, no se ha realizado el acercamiento adecuado para atender problemas relacionados con la carencia del líquido, tanto para la población en general como para el sector industrial.

Estas soluciones ya existen en México. Por poner un ejemplo, en Planta Sabritas de PepsiCo México, ubicada en Vallejo, en línea con su estrategia de sustentabilidad se instaló una planta de tratamiento de aguas residuales que permite reutilizar 60% del agua tratada, reduciendo el consumo total de la planta en 40% del líquido. Con esto, dicha planta es, al día de hoy, uno de los ejemplos más certeros en lo relativo a la reutilización del líquido en nuestro país.

Poco a poco las nuevas soluciones de reutilización de agua llegarán a los centros urbanos con necesidad de estas tecnologías. Mientras tanto se espera que en los planes de desarrollo urbano de grandes ciudades como el Distrito Federal, Guadalajara y Monterrey, se consideren estas necesidades que cada día son más evidentes.


Carla Casanova es Gerente de Ventas de GE Power&Water para México, Colombia y Venezuela.

 

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Página web: GE imagination at work

 

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