Pobreza y desempleo son el correlato de la coyuntura económica argentina. Recomponer el tejido social es otro desafío crucial del próximo presidente.

 

 

El 10 de diciembre de 2015, la Argentina dará por terminado el ciclo populista que inició a comienzos de la década pasada con la salida de la crisis institucional más grave de la historia del país.

PUBLICIDAD

Luego del gobierno de transición encabezado por Eduardo Duhalde (2001-2003), Néstor Kirchner (2003-2007) y su esposa, Cristina Fernández, han liderado un proceso que logró algunos indicadores macroeconómicos exitosos en una primera fase –como un promedio de crecimiento anual del 6% del PIB– y que hoy se desgaja en una economía prácticamente paralizada, aislada de las grandes inversiones y sometida a una fuerte presión inflacionaria.

La presidenta Fernández de Kirchner carece de una sucesión propia: por un lado, el último revés electoral (2013) la privó de la reforma constitucional que le hubiera permitido ser reelecta por segunda vez; por otro, el kirchnerismo ha optado –al menos hasta aquí– por no construir desde adentro al candidato capaz de prolongar el llamado Proyecto Nacional y Popular. El gobierno sí consiguió estructurar casi toda la vida política argentina según su lógica de pares opuestos, por lo que los candidatos se definen principalmente según su posicionamiento frente a la agenda oficial. En este sentido, las encuestas revelan un virtual triple empate: asoma primero un ex kirchnerista ahora opositor (el diputado nacional Sergio Massa, ex jefe de gabinete de Cristina); le sigue de cerca un kirchnerista moderado (Daniel Scioli, actual gobernador de la provincia de Buenos Aires y ex vicepresidente de Néstor), y viene creciendo un opositor antikirchnerista y no peronista (Mauricio Macri, jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires), alejados los tres de los precandidatos del frente radical-socialista (centroizquierda).

Los posibles sucesores de Cristina Fernández no son muy diferentes entre sí. En sus esbozos de campaña, todos exhiben ideas más o menos similares frente a las dificultades que la economía argentina deberá remontar en los próximos años.

Las elecciones se celebrarán en octubre del año entrante. Todo parecer indicar que el gobierno, en lo sucesivo y hasta el último día de su mandato, no hará más que profundizar su dirección actual: las revisiones y las marchas atrás nunca han sido el fuerte de los Kirchner. Quien simboliza el rumbo económico es el joven ministro Axel Kicillof, consejero preferido de la presidenta y uno de los dirigentes políticos con peor imagen ante el electorado. Y quien lo sustenta en lo ideológico discursivo es la agrupación juvenil La Cámpora, presidida por Máximo Kirchner, hijo de Néstor y Cristina.

Es improbable que el kirchnerismo revise en estos meses el rumbo que viene imprimiéndole a la economía nacional. Todo indica que, por el contrario, el modelo populista se profundizará en este último año de mandato de Cristina Fernández de Kirchner. Incluso a nivel discursivo, con emblemas como “Patria o Buitres” o la alegada lucha contra las corporaciones.

Para recuperar la confianza, el próximo presidente deberá destrabar los mecanismos restrictivos que el actual gobierno ha generado, desde el cepo cambiario hasta los límites para el giro de utilidades por parte de las empresas extranjeras, y brindar certidumbre acerca de la voluntad del país de cumplir con los compromisos que haya asumido.

Pobreza y desempleo son el correlato de esta coyuntura económica. Recomponer el tejido social es otro desafío crucial del próximo presidente de la Argentina.

 

Resumen del artículo publicado en la revista uno. Puedes leer el artículo completo aquí.

 

 

Contacto:

Twitter: @LlorenteyCuenca

Facebook: llorenteycuenca

LinkedIn: llorente-&-cuenca

Web corporativa: llorenteycuenca.com

Web de d+i LLORENTE & CUENCA

Thinglass / Shutterstock.com

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.