La amenaza de un posible incumplimiento de pagos vuelve a rondar  a Argentina en un momento en que su economía sufre los efectos de años de decisiones de políticas públicas desastrosas. La entrada de capitales en la región está en duda.

 

Por Paola Palma

 

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El pasado 21 de junio de 2014, el gobierno argentino publicó en el diario estadouniden­se The Wall Street Journal un des­plegado titulado “Argentina quiere continuar pagando sus deudas pero no la dejan”, en un intento por buscar apoyo para renegociar los pagos de los llamados bonos buitre que enfrenta en el corto plazo y que ascienden a 1,500 millones de dólares (mdd).

Los fondos buitre son fondos de capital de riesgo o de inversión que adquirieron deuda pública argentina durante la crisis del país, a precios “basura” (20 o 30% del valor nomi­nal). Actualmente, los tenedores, a través de litigios en cortes estadounidenses, exigen el pago de 100% del valor de estos bonos.

La credibilidad de ese gobierno está tan de­teriorada que el mensaje no fue bien recibido en los mercados. Las calificadoras de deuda rebajaron a una perspectiva negativa, e incluso con riesgo de insolvencia, a la deuda argentina, disparando el riesgo país a niveles superiores a 700 puntos, similar a países como Ucra­nia (733 puntos) o Venezuela (880).

Con reservas internacionales por 21,000 mdd y la imposibilidad de acceder a finan­ciamiento externo, la única salida viable del gobierno argentino para evitar un nuevo de­fault, es renegociar y ampliar el plazo de los pagos. Los tenedores de los bonos argentinos esperan que la administración Kirchner se vea forzada a ofrecer rendimientos sobre tí­tulos del yacimiento petrolífero Vaca Muerta, la tercera reserva más grande en el mundo de shale-gas y shale-oil, y que es el único activo de la economía argentina que podría ofrecer garantías de pago.

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La problemática económica

El default de pagos que vivió Argentina en 2001 tuvo consecuencias dramáticas para la economía: salida masiva de capitales, imposición del “corralito financiero”, desem­pleo cercano a 25% y que más de 50% de su población cayera por debajo de la línea de pobreza.

Hoy, el panorama no es muy alentador: depreciación cambiaria descontrolada, elevada inflación, estancamiento producti­vo, finanzas públicas desequilibradas y, de nuevo, el riesgo de un incumplimiento de pagos de deuda externa debido a decisiones de política económica erróneas.

En 2011, la economía argentina creció 8.9%, un aumento espectacular compa­rado con otros países latinoamericanos. En 2012, el panorama cambió radicalmente y la economía porteña creció sólo 1.9% debido al bajo crecimiento de Brasil, su principal socio comercial, y a una sequía que afectó seriamente la producción agrícola, origen de 54% de las exportaciones totales del país. Los problemas estructurales comen­zaron a ser evidentes, los capitales empe­zaron a perder confianza y Argentina perdió inversiones por 21,000 mdd. Los pagos del servicio de la deuda externa y el financia­miento del déficit comercial debilitaron las reservas internacionales.

El gobierno impuso medidas para contener la caída de las reservas interna­cionales con efectos desastrosos para la economía: las restricciones a la compra de divisas dieron lugar a un mercado negro de dólares, se restringieron las importaciones de bienes a través de medidas proteccionis­tas que desalentaron el comercio exterior y provocaron escasez de insumos, y se impuso la obligatoriedad para la reinversión de utilidades a empresas extranjeras. Con estas restricciones, en 2013 la economía argentina logró crecer 2.9%, sin resolver los problemas de fondo.

Para 2014, el panorama económico austral es desalentador. El FMI estima un crecimiento de apenas 0.5%. Entre enero y junio, el valor del peso se ha depreciado 24.2% frente al dólar, y las reservas internacionales apenas ascienden a 28,000 mdd. Según datos no oficiales, la inflación cerrará 2014 en niveles cercanos a 30%, frente a la estimación oficial de 11%. El desempleo es cercano a 7.5%

Adicionalmente, las decisiones del gobierno en materia económica provocan un efecto nocivo sobre las expectativas de los agentes económicos, favoreciendo la desconfianza e incertidumbre sobre el futuro económico del país, principalmente en términos de inversión.

 

IED e incertidumbre jurídica

Argentina tiene uno de los peores ambientes para la inversión extranjera en toda Améri­ca Latina, debido a las restricciones que el gobierno porteño aplica en sectores como el agrícola, el hipotecario o el energético.

El caso más grave ocurrió en abril de 2012, cuando el gobierno argentino anunció la expropiación de 51% de las acciones de la petrolera española YPF Repsol. Esa decisión parece contraria a toda lógica, considerando que el sector minero es el principal destino de la inversión extranjera directa (IED) diri­gida a Argentina, al capturar 43% del total de los capitales recibidos.

La expropiación de YPF Repsol elevó a un nivel sin precedentes la incertidumbre jurídica de las in­versiones externas, y a la fecha Argentina no ha logrado recuperar la confianza de los inversio­nistas internacionales. En 2013, la IED  captada por Argentina sumó 9,082 mdd, situándose en quinto lugar en términos de flujos entrantes en Sudamérica. Al mismo tiempo, estas decisiones han desalentado a los inversionistas nacionales. Hoy, la inversión argentina fuera del país asciende a más de 8,000 mdd.

El costo de la incertidumbre jurídica argentina no es únicamente financiero. Entre 2012 y 2013, el clima de negocios en Argentina se ha deteriorado, al ocupar el lugar 126 entre 189 países por sus condiciones para hacer negocios, según el Reporte Doing Business.

 

Implicaciones regionales

La principal amenaza para América Latina, derivada de un posible incumplimiento de pagos por parte del gobierno argentino, se encuentra en los mercados financieros. Un default aumentaría automáticamente el nivel de riesgo regional, afectando de manera inmediata la entrada de capitales externos, principalmente en Sudamérica.

En 2013, América Latina recibió 184,920 mdd de IED, 5% más que en 2012. Brasil captó 35% de la IED total de la región, 64.046 mdd, seguido de México como segundo receptor, con 38,286 mdd. Sin em­bargo, Argentina fue uno de los tres países donde la IED cayó sustancialmente (-25%), junto con Chile (-29%) y Perú (-17%).

Se espera que para 2014 las entradas de IED caigan levemente debido a la menor expansión económica regional. Sin embar­go, la caída en la IED regional se agravaría con un entorno de volatilidad financiera en Sudamérica, repercutiendo, a su vez, en un alza de los tipos de cambio y el incremento en las tasas de interés como mecanismos

de ajuste.

Al mismo tiempo, el deterioro sustan­cial de la economía argentina afectaría los mercados latinoamericanos a través de los vínculos comerciales, principalmente en países que mantienen importantes flujos de exportaciones hacia Argentina, como son Brasil, Uruguay o Paraguay.

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