DW.- La sombra del impago planea de nuevo sobre Argentina. En este caso, sobre la provincia de Buenos Aires, que ha hecho frente in extremis a un vencimiento inminente de deuda mientras el presidente del país, Alberto Fernández, recaba apoyos en Europa. Pero, ¿podrá Argentina hacer frente a su deuda? ¿De qué depende que consiga hacerlo?

Esa es la pregunta del millón de dólares… pero depende de gran variedad de factores“, explica el profesor Christoph Trebesch, del Instituto para la Economía Mundial de Kiel (IfW, Kiel). En cualquier caso, tendrá que renegociar su deuda. “Desde mi punto de vista, es una cuestión de tiempo que Argentina tenga que pedir una condonación de deuda“, opina. “Una mera reducción de los cupones” o un alargamiento de los plazos “no va a ser suficiente”, concluye.

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El problema de la economía argentina es que tiene una alta dependencia de la deuda externa. Es “adicta a los dólares”, resume Trebesch. Y “una y otra vez se endeuda demasiado y demasiado rápido“. “Argentina es un mercado emergente atípico”, porque otros países han mostrado también esa dependencia hacia la financiación extranjera (y pone el ejemplo de Perú o Brasil en décadas pasadas), pero han conseguido basar su crecimiento posterior en el mercado interno y en su propia divisa.

Para Trebesch, el FMI se ha arriesgado también en las últimas décadas otorgando grandes paquetes de rescate a países altamente endeudados, aunque no eran sistémicamente relevantes. El mayor fue el concedido a Argentina, seguido del concedido a Brasil en 2002, a Grecia en 2010 o a Portugal en 2011. Un impago no dañaría únicamente la reputación de Argentina, sino también la del Fondo Monetario Internacional, advierte este analista en una investigación reciente sobre el tema (disponible solo en alemán).

Deuda privada, atomizada y en moneda extranjera

Sin embargo, el economista de la Universidad de Buenos Aires Julián Leone recuerda que “la mayor parte de la deuda no es con el FMI”. Esta supone únicamente una parte del total, que suma 310,000 millones de dólares. También las regiones están endeudadas, y no únicamente la de Buenos Aires. Además, algo más de un tercio es deuda privada. Y tanto esta como la deuda pública está, en muchos casos, en manos de una diversidad de fondos de inversión, entre los que destacan los europeos y, sobre todo, alemanes (Allianz es el principal, por delante del estadounidense Franklin Resources).

“Yo siempre les pregunto a mis alumnos: ¿la deuda es buena o es mala?… y no es ni buena ni mala, depende de para qué tomas la deuda y a qué tasa”, y de la rentabilidad que se obtenga invirtiendo ese dinero, explica Leone. “Si me endeudo al 4% y crezco al 1% estoy creando un cuello de botella del que no voy a poder salir”. El problema de Argentina es que se ha visto inmersa en una recesión que dura ya casi dos años y que más del 80% de su deuda está denominada en moneda extranjera.

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Leone recuerda que Japón es el país más endeudado del mundo en relación a su economía (más del doble de deuda que de producto interior bruto), “y no parece tener ningún tipo de crisis de deuda”. “En Argentina esa ratio no llega al 92%, pero la historia crediticia del país enciende las alarmas de muchos acreedores ante cualquier duda”.

Recuperar la credibilidad y volver al crecimiento

Para el decano de Colegio de Economistas de Madrid, Pascual Fernández, “el escenario sería muy distinto si Argentina estuviera creciendo al 2% o al 3%”. Pero la clave es recuperar la credibilidad. “Es importante que el gobierno argentino traslade la sensación de que está haciendo todo lo posible por cumplir sus compromisos”, dice para explicar la gira europea del presidente Alberto Fernández. “Aunque luego no lo consiga”, añade el economista español.

Para él, las políticas erráticas han lastrado a la economía argentina. Su receta sería abordar reformas que fomenten la competitividad y los sectores más fuertes de su economía. “También el gobierno anterior pareció estar pisando un campo de minas, no sé si le faltó tiempo o hubo errores… aunque eso es muy fácil decirlo después”, indica Fernández, pese a estar convencido de que “el proteccionismo anterior tampoco funcionó y sería un error volver a él”.

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