Durante varias semanas hemos escuchado sobre la guerra comercial entre los Estados Unidos y China. Han pasado momentos de mucha tensión en los que el gobierno de Trump ha solicitado dejar de proveer productos o solicitado dejar de comprar equipos de una compañía china que ha crecido mucho desde finales de los años 80. Es increíble pensar que hoy más del 15% de los dispositivos móviles en México son fabricados por esta compañía, pero además de esos equipos ellos son proveedores de tecnología que se utiliza también en la red de telecomunicaciones.

Ante toda esta situación esta enorme empresa tuvo a bien presentar, sin dar una demostración, su nuevo sistema operativo: HarmonyOS. Aunque durante toda la explicación del sistema operativo dejaron en claro que prefieren seguir utilizando el sistema operativo (SO) que ofrece de manera gratuita Alphabet/Google: Android. Ese mensaje es bueno porque genera confianza en los usuarios actuales, pero con el anuncio también logran dar un doble nivel de confianza, ya que si por razones que ellos no controlan tienen que abandonar el uso del SO, Huawei podría cubrir la demanda con armonía y en poco tiempo.

Este es un tema difícil de explicar sin caer en temas demasiados técnicos, pero siendo una batalla que gira alrededor de economía y tecnología no podemos dejar de preguntarnos un poco más sobre lo que implica. HarmonyOS está pensado para funcionar en diferentes dispositivos, teniendo un interesante enfoque en equipos que funcionan alrededor del Internet de las cosas (IoT por sus siglas en inglés), pero que también puede utilizarse como base para un equipo de cómputo o dispositivo móvil.  La razón detrás de esta flexibilidad se encuentra en una decisión que en el pasado llegó a discusiones entre desarrolladores de software: utilizar un Kernel o un MicroKernel.

Cuando hablamos del kernel estamos hablando del centro por lo que todos los procesos de cómputo pasan. Muchos lo llamarían el corazón o punto que centraliza las solicitudes de aplicaciones, la parte más profunda del software para solicitar recursos del hardware. Este Kernel funciona de manera más vertical, concentrando mucha información y utilizando algunos de los componentes que tiene para llevar las instrucciones, el de Linux (por ejemplo y siendo la base de Android) contiene una serie de 15 millones de líneas de código para funcionar.

Esta cantidad es entendible si pensamos en que centraliza desde los drivers para diferentes componentes de diferentes empresas y entendemos que no necesariamente se utilizan todos en el uso que damos de manera regular al equipo. Pensemos en caminar o escribir, mientras que, si quisiéramos aprender o perfeccionar el hacer yoga o iniciarnos como artistas, habrá recursos que no utilizábamos de manera regular pero los recursos para hacerlos ya están listos para ser explotados, pero requiere ir perfeccionando todo para que fluya sin problemas.

El MicroKernel a su manera funciona en un sentido más similar al hipotálamo, permitiendo que sucedan funciones básicas, pero liberando muchos recursos a otro bloque.  Este sistema que dialoga con los componentes físicos de un equipo es más como una capa básica que gestiona los requerimientos de diferentes aplicaciones y servicios. Es, por decirlo de una forma sencilla: más horizontal, y aunque puede utilizar más energía por la forma de recibir y enviar información a más lugares, los recursos entran por bloques. Aquí me imagino más una onda de Neo recibiendo lecciones de KungFu por inducción de un paquete.

Lo que siempre debemos de recordar es que todo esto es solo para funcionar, las computadoras reciben instrucciones y las cumplen, eso es todo; incluso en machine learning (sistema más común utilizado por la inteligencia artificial). Pero es aquí donde tiene mucho más sentido el uso del MicroKernel para una empresa como Huawei. Hemos escuchado de forma constante que sus propios procesadores ya incluyen machine learning, y ahora vemos que presentan un sistema operativo de MicroKernel; todo pegado a dispositivos que sabemos tienen un buen enfoque sobre el uso de la energía almacenada en sus baterías (en el caso de sus celulares).

Llegamos así a conocer, en presentación y sin demostración alguna, al nuevo guerrero de Huawei. Un sistema operativo que puede utilizar los recursos ya desplegados en parte de sus dispositivos actuales. Primero se utilizará en televisiones, pero después lo veremos en computadoras y tal vez en ‘wearables’. La gran pregunta que nos deja es: ¿realmente habrán encontrado la armonía entre el desempeño contra consumo de energía? Más allá de que muchos de sus dispositivos tengan buenas baterías y sean de los más aguerridos promotores de la carga rápida (por no decir rapidísima), si el microkernel tiene que realizar tanto trabajo de llevar mensajes de las aplicaciones y los servidores al procesador, es algo que veremos.

Lo que sabemos es que la estructura de MicroKernel es una buena decisión respecto a seguridad.  Al ser más ligero es más independiente de muchos servicios que se separarían del Kernel regular. Esto hace que las funciones más básicas sean las únicas que cubre, pero al mismo tiempo las más importantes y eso requiere mucha energía (comunicación entre procesadores (IPC), siendo una de las más relevantes).

Habrá que esperar para verlo en acción. Mientras tanto la armadura es conocida y ahora estamos esperando la nueva y más brillante, EMUI 10; pero esa la conoceremos mejor antes de que acabe septiembre, probablemente.

 

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