Luciola empezó a producir orgánicos sin saberlo. Solía preparar mermeladas para regalar a los maestros de sus hijos sirviéndose de la guayaba que cultivaba en su casa de campo en Jungapeo, Michoacán. Ella contaba que era fruta “sin veneno”. Hoy, 14 años después, se llamaría orgánica.

Actualmente, Luciola es dueña de más de 20 hectáreas donde cultiva maracuyá, guayaba y aguacate orgánico; dirige su propia fábrica, Prorgamex, que emplea a 14 personas y provee a grandes cadenas como Le Pain Quotidien, y está a punto se sacar su propia marca, Mente Verde.

La semilla de este cambio se sembró en 2005, cuando Lupe Latapí, fundadora de Aires de Campo, del Grupo Herdez, contactó a Luciola para convencerla de que vendiera sus productos bajo el nombre de su marca.

Prorgamex es un ejemplo de la labor de esta empresa pionera en la comercialización y distribución de alimentos orgánicos en México.

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Más allá de intermediar en el mercado de alimentos libres de químicos, Aires de Campo acompaña a sus 82 productores a lo largo del desarrollo del producto, ya sea para capacitarlos, financiarlos o ayudarlos a certificarse como productores de orgánico.

Planta de empaque de Programex, que en 2017 facturó más de 2 millones de pesos a Aires de Campo. Foto: Anna Portella.

Del tianguis a Superama

“Durante un control de calidad, nos encontramos clavos en las barritas de amaranto. Lo solucionamos hablando con el productor para que utilizara un detector de metales en el empaque”, explica la gerente general de Mercadotecnia de Aires de Campo, Paola González.

“Esto pasa porque muchos son productores artesanales que no tienen conocimientos sobre cómo producir más allá del autoconsumo”, añade, apuntando a una de las características que define este movimiento agropecuario: la producción local.

El auge del consumo de orgánicos destaca por su potencial para introducir en el mercado formal a productores que manejan en promedio menos de cinco hectáreas y que, en ocho de cada diez casos, pertenecen a grupos indígenas, según la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural y Pesca (Sagarpa).

En las últimas décadas del siglo pasado, estos pequeños productores se vieron desplazados por el poder de las grandes empresas agroalimentarias, quedando rezagados a los tianguis o al cultivo de autoconsumo.

A raíz de la creciente popularidad del movimiento orgánico, éstos están consiguiendo que sus productos se vendan en autoservicios como Superama o Walmart, gracias a marcas como Aires de Campo o la que en su día también empezó en su red de proveedores, A de Coco.

Actualmente hay 27,649 productores certificados y 372,000 personas que trabajan en la producción de orgánicos en México, más del doble de hace cuatro años, según datos de Sagarpa.

Este incremento se explica en parte porque la agricultura y ganadería sin plaguicidas ni fertilizantes artificiales requieren un 30% más de mano de obra que la producción convencional, según la vicepresidenta de México y Centroamérica de la Federación Internacional de Agricultura Orgánica (IFOAM), Rita Schwentesius Rindermann.

Desde la compra de Aires de Campo por parte del Grupo Herdez, la marca de orgánicos pasó de distribuir a un 20% de los autoservicios a un 80%, entre ellos Superama (imagen). Foto: Anna Portella.

Orgánico es también comercio justo

Se necesita más personal y, además, Aires de Campo lo remunera por encima del precio promedio del sector agropecuario convencional, porque afirman que el movimiento orgánico que ellos defienden busca una retribución justa para el productor.

Sin embargo, los costes asociados a los métodos de producción con mínimo o nulo impacto ambiental hacen que los márgenes de beneficio resultantes sean inferiores.

En la producción de arroz, por ejemplo, Aires de Campo retribuye 200 pesos diarios por el deshierve manual, 550 pesos a un plantador por cada 1,000 metro cuadrado y 250 pesos por jornada al encargado de espantar pájaros.

Desde la empresa afirman que estos precios representan entre un 60% y hasta un 100% más de lo que se paga en agricultura y ganadería no orgánicas.

De hecho, el Informe Anual del Observatorio de Salarios 2018 de las Universidades Iberoamericanas de Ciudad de México y Puebla muestra que uno de los sectores en donde se paga el salario mínimo (88.36 pesos por día) es el agrícola.

 

Garantías ante riesgos de mermas

Aires de Campo, que después de 16 años obtuvo utilidades por primera vez en 2017, no maneja un modelo de contrato estándar con sus productores, sino que los tratos se adaptan a la situación financiera de cada uno.

De entrada, la empresa afirma que paga por adelantado a los agricultores como garantía de que en caso de mermas, por plagas o granizo por ejemplo, éstos van a ser recompensados.

Es una forma de compartir riesgos y de convencer a los campesinos de que empiecen a utilizar métodos de cultivo que prescinden de plaguicidas, combustibles u otros químicos dañinos para el medio ambiente.

En 2016, por ejemplo, la empresa del Grupo Herdez empezó a desarrollar el primer arroz orgánico de calidad super extra, en Morelos. Si bien trabajaron con productores locales, Aires de Campo creó una parafinanciera para invertir alrededor de 20 millones de pesos para financiar el proyecto.

La empresa también sirve de apoyo para la obtención del sello “Orgánico Sagarpa México”, necesario para que el consumidor sepa que el producto se obtuvo siguiendo los lineamientos para la operación orgánica de las actividades agropecuarias del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica).

Desde que entró en vigor en 2014, esta certificación ha supuesto un coste de producción adicional. Esto hizo que los agricultores y ganaderos que no podían costearla se salieran de la cadena de producción de orgánicos.

“Ahora me piden mermelada de durazno orgánico y no existe, sólo encontré a tres productores que tienen tres árboles y no se quieren certificar”, explica Luciola, quien afirma que el certificado de los productos de Programex le cuesta 50,000 pesos anuales.

Imagen del sello Orgánico Sagarpa México, que certifica ante el consumidor que el producto se obtuvo siguiendo las prescripciones de la Ley de Productor Orgánicos. Foto: Anna Portella.

Aires de Campo es líder en la venta y distribución de alimentos orgánicos en México, un sector que exportó casi 800 millones de dólares y posee un millón de hectáreas sembradas a nivel nacional, según datos de la Sagarpa de 2016.

Esto lo sitúa en el top 10 de países con más hectáreas de terreno dedicado a la agricultura orgánica y es el tercer país con más productores certificados después de India y Uganda, según el informe El mundo de la agricultura orgánica 2018, del Instituto de Investigación de la Agricultura Orgánica (FiBL).

El movimiento orgánico está en auge porque se asocia a ecología y salud. Pero poco se habla del impacto social de esta modalidad agropecuaria, que está consiguiendo que mermeladas caseras compartan anaquel con multinacionales como Smucker’s.

 

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