Por Chase Peterson-Withorn

Donald Trump habla mucho. Demasiado. Mucho antes de que se volviera célebre por exagerar las cosas durante su campaña, ya solía inflar el tamaño de su fortuna como una medida de autovaluación y una herramienta de autopromoción.

En 2006, Trump demandó, sin éxito, a Tim O’Brien, un periodista que afirmó en un libro que la fortuna del magnate oscilaba entre apenas 150 y 250 millones de dólares (mdd). Trump dio su testimonio a finales de 2007 como parte de ese caso y tuvo que hablar de su patrimonio bajo juramento.

Durante su testimonio, el multimillonario dijo la famosa frase de que su patrimonio fluctúa “con los mercados y con las actitudes y los sentimientos, incluso con mis propios sentimientos”, pero que él determina el número basándose en su “actitud general en el momento en que se le pregunta”. Cuando tu fortuna sube y baja de acuerdo con tu propio estado de ánimo, no es difícil empujar los límites o crear de la nada miles de millones. Y ¿qué pasa cuando Trump no se siente tan optimista sobre sí mismo? “Jamás le dirías a un reportero que pasas por un mal momento”, dijo.

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Algunos de los detalles menos conocidos de la declaración ilustran cómo a veces Trump magnifica sus activos, ignora sus pasivos y minimiza los riesgos implícitos en sus participaciones para alcanzar valuaciones altísimas:

Trump International Hotel & Tower Waikiki Beach Walk: Este hotel edificio de departamentos de 38 pisos es uno de los muchos edificios que llevan la marca Trump sin ser propiedad del magnate. Él licencia su nombre a los propietarios del edificio (y administra el hotel por una tarifa), pero eso no le impidió decirle a The Wall Street Journal en 2007: “El edificio es gran parte de mi propiedad.” Cuando llegó el momento de dar testimonio, Trump dio marcha atrás y admitió que, si bien consideró que el acuerdo para licenciar su nombre era “tan fuerte y sólido” que “podría haber sido interpretado como una forma de propiedad”, él no tenía ningún capital en el inmueble.

Trump International Hotel Las Vegas: Trump abrió este hotel y edificio residencial de 64 pisos cerca del Strip de Las Vegas en 2008. Dijo a CNBC en julio de 2005: “Tenemos 1,282 unidades, y se agotaron en menos de una semana.” Sin embargo, admitió bajo juramento que había vendido sólo 900 unidades por alrededor de 900 mdd, y eso fue a finales de 2005, más de cinco meses después. En 2007 volvió a decir que el edificio estaba “100% vendido”, lo que había generado 1,300 mdd en ventas totales, pero esas cifras incluyen departamentos que él afirmaba haber decidido conservar para sí mismo y, por lo tanto, “no vendería activamente”.

Seven Springs: Se trata de una finca de 93 hectáreas una hora al norte de Manhattan, que cuenta con dos casas de principios del siglo XX y una gran cantidad de áreas verdes. En su hoja de balance personal valuó la propiedad como si estuviera fraccionada y hubiera sido convertida en 20 viviendas de lujo, que, estimó, podía construir y vender por 80 mdd en ganancias, o 4 mdd de ganancia por casa. Al año siguiente valuó la misma propiedad en 150 mdd, basándose en la construcción de 17 viviendas de lujo con 8.8 millones de ganancias por unidad. ¿Por qué el valor de la propiedad prácticamente se duplicó en un año? Trump decidió que los valores “acababan de subir”. ¿Consultó con algún experto? No. ¿Solicitó algún avalúo? No. (Fuentes locales de bienes raíces creen que el valor de la propiedad es de una fracción de los 125 mdd que Trump estima actualmente.)

40 Wall Street: El enfoque de Trump en este edificio muestra que incluso cuando deja las valuaciones en manos de los expertos podría prescindir de ellos de todos modos e ir con el número que le venga a la mente. Él consideró la venta de su propiedad, la joya de la corona del bajo Manhattan, en 2005, y tenía la esperanza de hacerlo por 400 mdd. Sin embargo, una empresa contratada para valuar el edificio le escribió una carta solicitando una reunión para discutir “expectativas de precios realistas”. La firma dijo que 350 mdd, que denominó un “precio premium”, podría ser alcanzable. Otra compañía había tasado el valor de mercado de 40 Wall Street en 248 millones unos meses antes. A pesar de esas valuaciones, Trump valuó la propiedad en 410 millones en su balance personal. En 2004 él también supuestamente le dijo a un reportero semanal que el edificio estaba ocupado “casi al 100%”, cuando en realidad tenía 20% vacante.

Trump World Tower: En 2004, Trump dijo a Fortune que había pagado en su totalidad la deuda de este rascacielos de 72 pisos cerca del edificio de la ONU en Nueva York, pero su declaración patrimonial del mismo periodo mostró un préstamo pendiente por 41.4 millones de dólares.

West Side Yards: Trump poseía 30% de la enorme extensión de tierra de Manhattan en el río Hudson, que esperaba desarrollar. Cuando un reportero del New York Times escribió que “Trump tiene una pequeña participación minoritaria en el proyecto”, el multimillonario le envió una nota escrita a mano, diciendo: “Peter, eres un verdadero perdedor. Gracias por la historia. ¿50% es pequeña?” Con una flecha apuntando a su participación. Sin embargo, bajo juramento Trump admitió que siempre había tenido una participación de 30% del proyecto, pero él decidió que su 30% se “equipara a un 50%”, porque su socio, que tenía el otro 70%, había aportado todo el capital.

The Learning Annex: Trump recibía un pago por dar conferencias para esta escuela en línea en 2005. De acuerdo con la declaración, Trump le dijo a Larry King que recibía 1 mdd por conferencia, pero en realidad eran sólo 400,000 dólares. Los 600,000 restantes nunca tocaron los bolsillos de Trump, pero sí fueron gastados por la compañía en gastos promocionales para las conferencias (cosas como vallas publicitarias y anuncios en los periódicos). Trump argumentó que dado que probablemente se beneficiaría de la publicidad, el dinero que The Learning Annex pagaba a los anunciantes podría considerarse parte de sus ingresos personales (los abogados de O’Brien señalaron que Trump no los incluyó como ingresos en su declaración fiscal).

 

Trump, el optimista

Al final, Trump ha exagerado constantemente lo mucho que posee y minimizado lo mucho que debe. Él es un optimista extremo cuando se trata de la valuación de sus activos: Él asume el mejor escenario posible y redondea a partir de ahí. En cuenta los precios de Trump son siempre en aumento y siempre aparecerán los compradores. Pero cuando hablamos con analistas y agentes de bienes raíces, casi siempre están de acuerdo, por unanimidad, en que los números de Trump no cuadran.

Ser propietario de 30% de un proyecto significa ser dueño de 30% de ese proyecto. El hecho de que no tengas que poner dinero no aumenta mágicamente tu participación a 50%. Y un campo de golf en realidad no vale las dos docenas de megamansiones que podrías construir en algún momento en ese terreno.

Trump es un vendedor experto. Él sabe que cuanto mayor sea su participación en un proyecto más rápido se venderá y lucirá más éxito. Si tiene que exagerar para pintar ese cuadro, que así sea. Y el éxito percibido de Trump el empresario ha sido el alma de Trump el candidato: el apoyo de los votantes desencantados, con la esperanza de tener a un fuerte CEO en la Oficina Oval que haga de Estados Unidos un país rico otra vez (¡como Trump!).

Pero cuando él dice que va a construir un muro de 12 metros y que obligará a México a pagar por él, ¿significa realmente una pared de 3 metros que será construida a 9 metros sobre el nivel del mar? ¿Y México aceptará pagar por ella? Parece dudoso, como siempre.

 

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