En el país más pequeño de Asia, Singapur, el ingreso per cápita es de 51,000 dólares anuales, y se estima que su PIB crecerá 2.2% en 2017. Esta nación, que se independizó de Malasia en 1966, es quizá también el único país del planeta que no cuenta con recursos naturales propios y cuya economía se fundamenta principalmente en el intercambio comercial.

Asia es considerada una de las regiones más desarrolladas del planeta, y el crecimiento de sus economías, en las dos últimas décadas, ha comandado la expansión de la economía mundial. Por varios años, China ha encabezado este crecimiento, pero en la actualidad las 10 principales economías de la zona crecieron 4% en promedio en los últimos dos años.

El presente informe se enfoca en el nivel de intercambio comercial que tiene México con las principales economías de aquel continente, las cuales fueron identificadas hace dos décadas como “los tigres asiáticos”, y que comandaron el crecimiento del comercio mundial vía la innovación y el desarrollo tecnológico. A ese grupo se suman hoy países como India.

México, que cuenta con tratados comerciales con casi todos los países asiáticos de nuestro informe, tiene un crecimiento proyectado de 2.1% para este 2016 y de 2.3% para el siguiente año. Su ingreso per cápita ronda los 9,700 dólares y su balanza comercial con estos países es totalmente deficitaria, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

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Uno de los principales problemas a los que se ha enfrentado la economía mexicana es a su desconocimiento del gigante asiático, indica el estudio Relación México-China, propuestas para 2016-2018, elaborado por el Centro de Estudios de China-México de la Universidad Nacional Autónoma de México. El informe revela que poco han hecho el gobierno mexicano, la iniciativa privada y la academia para aminorar el desconocimiento que tienen sobre la región, pese a ser el segundo socio comercial más importante del país.

“Es imperativo que se institucionalicen las relaciones con el gigante asiático para sentar las bases de una vinculación comercial más propicia para la economía mexicana, y así aprovechar un mercado que, para el año 2030, habrá duplicado su clase media”, abundó Enrique Dussel Peters, director del Cechimex.

El peor error en que se puede incurrir, a estas alturas, es pensar en competir contra las economías de los países de esa región, opina el vicepresidente de la Cámara de Comercio de China en México, Óscar Toulet. En todo caso, afirma, se deberían estar buscando alianzas para detectar segmentos y nichos de negocios en los que México se beneficie, y que los empresarios de esa región traigan sus inversiones a nuestro país.

En los últimos dos años y medio, las 10 economías de nuestro informe han hecho inversiones en México por 4,204 millones de dólares (mdd), un crecimiento de 236% con respecto de 2011, año en que comenzaron a repuntar las inversiones de esos países en el nuestro. Hasta agosto de 2016, los capitales llegados a nuestro país desde las 10 economías del presente informe sumaban 1,720 mdd, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía (SE).

 

¿Qué les vendemos?

Tanto gobierno como empresas mexicanas deben comenzar con un mapeo de los sectores y actividades en los que los países asiáticos ofrecen oportunidades para la inversión mexicana en esas tierras, indica el estudio Relación México-China, propuestas para 2016-2018.

Por ejemplo, en India, los sectores de alimentos, ropa y calzado podrían resultar atractivos para las empresas mexicanas, lo mismo que en países como China, Malasia, Corea del Sur e Indonesia, en tanto que en Singapur existen oportunidades para los productos de inyección de plástico y las herramientas de alta calidad.

Las empresas mexicanas tienen oportunidad de expandirse en Japón, especialmente en los sectores agrícola y de alimentos procesados y complementos industriales, señala Raúl González, director adjunto de la oficina de la Organización de Comercio Exterior de Japón (Jetro) en México. El principal requisito es que se trate de empresas altamente competitivas y que se haga una promoción efectiva de sus fortalezas en ese país.

La opción para las exportaciones mexicanas es Singapur. Si una compañía quiere llevar sus productos hacia el centro de la región asiática, la puerta de entrada es esta península del sudeste, puesto que ofrece a los exportadores la red logística más eficiente de la región, y donde, además, se puede agregar valor a cualquier mercancía que tenga como destino China, Taiwán, Malasia o Hong Kong.

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En 2005, Japón ratificó el Acuerdo de Asociación Económica con México, con el objetivo de promover las inversiones de empresas nacionales en ese país. Hasta el momento, existen 10 compañías mexicanas operando en ese país y al menos otras 50 han abierto oficinas comerciales con el objetivo de llevar sus productos a los consumidores nipones.

Llegar a esos mercados no es fácil si no se tiene el conocimiento de su funcionamiento. La marca de vinos de mesa Concha y Toro tardó 15 años en conquistar el gusto de los consumidores chinos, pues el primer paso que dio fue abrir oficinas en Beijing, pensando que era la mejor decisión para posicionar su producto en ese país. Luego de 10 años de malos resultados, la compañía chilena trasladó sus operaciones a Singapur, desde donde logró, en los cinco años siguientes, consolidar su presencia entre los aficionados del gigante asiático, refiere Ríos.

“Debemos aprovechar las oportunidades que ofrece la región asiática a las exportaciones mexicanas, pero hay que ir un poco más allá de sólo incrementar el volumen de intercambio comercial”, señala Toulet. “Se debe pensar en crear un banco de comercio bilateral entre esa zona y México, que facilite y acelere los procesos de intercambio comercial y, por qué no, minimice los efectos de la volatilidad cambiaria que sufre hoy en día el peso mexicano frente al dólar.

Es complicado querer comparar a México con los países asiáticos, pues el tamaño de sus economías, su nivel de desarrollo tecnológico y de innovación son inconmensurables con respecto de la economía mexicana. Se deben realizar análisis e investigaciones en sectores y segmentos específicos para determinar en dónde se pueden encontrar las oportunidades, comenta Peters.

Lo malo, agrega, es que no se ha hecho nada hasta el momento, y no parece haber intención de hacerlo.

 

El poder asiático

Los 10 países que conforman el informe de Forbes México tienen una población de más de 3,252 millones de habitantes y promedian un ingreso per cápita de 20,852 dólares. Sus economías están regidas, principalmente, por el desarrollo tecnológico en todos los sectores.

Al mismo tiempo, algunas de esas economías explotan de manera eficiente sectores tradicionales, como el automotriz, el del petróleo, el de la construcción, el farmacéutico y el de la generación de electricidad, por citar algunos.

Los inversionistas asiáticos comienzan a voltear hacia México con mayor interés, pues, a raíz de las reformas energética y de telecomunicaciones, los nichos para invertir se están abriendo a sectores como el energético, el transporte y la infraestructura.

Para las compañías japonesas, la oportunidad sigue siendo la de los sectores manufacturero y automotriz. Sólo durante 2015, llegaron a México 143 empresas del sector autopartes, primordialmente; y con la llegada, para 2019, de la planta de manufactura de Toyota, se prevé una cascada de empresas proveedoras de la marca que se instalarán en el país, menciona González.

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Las compañías chinas están interesadas en el sector de la infraestructura y de la generación de electricidad, aunque muchas de ellas ya exploran también cómo lograr tener una presencia mayor en la minería mexicana.

No obstante, los inversionistas chinos son ahora mucho más recelosos y estudian mucho más cada oportunidad en México, luego del evento ocurrido con la compañía China Railway, a quien se le revocó el contrato de la construcción del tren México-Querétaro por la opacidad con que actuaron las autoridades mexicanas, dice Toulet.

Las condiciones geográficas y naturales de Singapur orillaron a su gobierno a desarrollar una economía poco convencional con respecto de otras naciones. Con sus poco más de 700 kilómetros cuadrados de territorio, este país enfocó su plan de crecimiento en la innovación y el desarrollo tecnológico, convirtiéndolo en un país proveedor de servicios y soluciones.

Sus principales productos de exportación son soluciones y proyectos dirigidos a sectores energéticos, de infraestructura y de movilidad, menciona Ríos. De hecho, son expertos en reorganización urbana para construir las ciudades del futuro: ingenieros de ese país diseñaron la nueva Shanghai, considerada hoy la ciudad china más moderna en movilidad, agrega Ríos.

La economía mexicana debe encontrar pronto la fórmula para aminorar la avalancha de importaciones venidas de los países asiáticos, pues tan sólo el intercambio comercial entre México y China revela que, por cada dólar que se cobra por mercancías mexicanas, se pagan 15 de lo comprado a China, eso sin contar la piratería y el comercio informal.

De modo que, si gobierno, empresas y academia mexicanos quieren encontrar la ecuación para aprovechar el potencial económico de una región de la que poco conocemos, deben trabajar rápido y de manera eficiente, pues las desventajas actuales no provienen únicamente de las prácticas desleales de algunos de esos países, sino de estrategias de desarrollo económico y ordenamiento institucional, en donde México muestra un grave rezago, sentencia Peters.

 

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