¿La nueva estrategia de Marcelo Ebrard logrará sacar al PRD y a la izquierda de la parálisis?

 

 

 

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El sábado pasado, Marcelo Ebrard lanzó un movimiento que avisó que no es movimiento político, presentó una tribu que avisó que no es tribu del PRD y lanzó un pacto que pretende ser un pactito; el objetivo es unir a la izquierda, a su alrededor claro, simplificar la toma de decisiones del partido para que sólo cuenten las suyas, claro y definir una propuesta para la reforma energética que sea solamente la suya, por supuesto. Para esto, buscará a Cuauhtémoc Cárdenas y a AMLO y está dispuesto a debatir, debatir y debatir. Esto claro por aquello de que no tiene nada que hacer.

En un evento lleno de grandes ausencias y de sus ex colaboradores más cercanos, intenta  retomar su carrera política usando la misma estrategia que ya anunció AMLO, colgarse del único tema rentable, la reforma energética, la defensa de Pemex y el NO al cambio a los artículos de la constitución. Posteriormente, en una ronda de entrevistas en los medios de comunicación, mostró el verdadero objetivo del teatrito del sábado: que no lo den por muerto para el 2018. La estrategia es crear un pactito, luchar por la dirigencia del PRD y, de ahí, directo a la nominación. Pero como dijera el ex vocero de Fox, lo que realmente Marcelo quiere decir es adueñarse del PRD porque no tiene partido que lo nomine.

Veamos el caso: el PRD, gracias a la salida de AMLO y la creación de su  nuevo partido, perderá a todos los izquierdistas radicales que, si hacemos cuentas alegres, podrían representar un tercio de los militantes; el otro tercio está dividido entre todas las tribus dispersas del partido y un último tercio es el que, digamos, tendrían los Chuchos. Como ya dijimos, el primer tercio se va con AMLO, el segundo es al que verdaderamente quiere abarcar y unir Marcelo y, el tercero, en ésta óptica, está más cerca del centro izquierda. Con su llamado,  lo que trata de hacer Marcelo dentro del concepto de la geometría política es ensanchar el poder del centro para adueñarse del partido ante la salida de los que van a Morena y, con esto, dejar aislados y arrinconados a los Chuchos, con Zambrano a la cabeza.

El problema de este movimiento es que, en el fondo, la izquierda, que está más que dividida, terminará pulverizándose lo que dará la opción a Marcelo de quedarse con el partido. Si el cálculo falla, o la izquierda desaparece de la faz del sistema político de México, o Marcelo desaparece en el intento.

Sera interesante ver lo que viene en la izquierda ya que lo que se ha logrado hasta ahora es más por la posición de trabajar y apoyar al Pacto que por el valor o trabajo del partido. También, habrá que ver si Cárdenas y AMLO quieren el acercamiento y si pasará lo mismo que cuando se juntaron hace poco para discutir el asunto de Pemex y el más raspado fue Marcelo.

Y ahora, ¿quién podrá salvar a la izquierda? El Chapulín Colorado no, por aquello de que es rojo. ¿O será que sí?

 

 

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