Si en estos momentos alguien te preguntara en qué es en lo que más gastas, ¿conocerías la respuesta? Dejando de lado renta, pago de servicios y despensa, a ti, ¿en qué se te va tu sueldo? Y más que nada, ¿por qué se te va en eso? Conócete para responder a estas preguntas.

 

¿Tienes idea de todo lo que tus gastos revelan sobre ti? Si en estos momentos alguien te preguntara en qué es en lo que más gastas, ¿conocerías la respuesta? Dejando de lado renta, pago de servicios y despensa, a ti, ¿en qué se te va tu sueldo? Y más que nada, ¿por qué se te va en eso?

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El primer paso para tener finanzas sanas es conocer tu flujo de efectivo. Una vez al mes, o de ser posible, a la semana o incluso al día, siéntate a reflexionar sobre los gastos del día. ¿Era necesario ese café por la mañana? ¿La comida fuera? ¿El postre? Quizás nunca te has dado cuenta de los famosos “gastos hormiga” que tienes a diario, o quizás sí, pero ¿qué tal la inscripción al gimnasio al que nunca vas pero sigue cargándose a tu tarjeta de crédito? ¿O la costumbre de asistir todos los fines de semana al cine con el forzoso combo de palomitas y refresco? ¿Estás consciente de cuánto te cuesta al mes?

Clasifica tus gastos. Puedes hacerlo en un cuaderno, una hoja de excel, o alguna aplicación para tu tableta o celular. El punto es que lo hagas consciente. De esta manera, la próxima vez que te preguntes: “¿a dónde fue mi sueldo?” tendrás la respuesta en la punta de la lengua. Hay que hacer el proceso de compra consciente.

La siguiente etapa es determinar de cuáles de estos gastos puedes prescindir. Quizás gastas mucho al mes en viajes, salidas con amigos, o suscripciones a revistas. Sin embargo, si este es un gusto importante para ti, es mucho más probable que te apegues a tu presupuesto si lo mantienes. ¿Quieres ahorrar? Entonces identifica otros hábitos que sí puedes cambiar y que no repercutirán tanto en tu estado de ánimo si dejaras de lado, como el café matutino, la ayuda doméstica, o ciertos productos gourmet que no son tan necesarios en tu despensa y que, de hecho, sólo compras para acumular en los estantes.

Carl Richards, articulista de The New York Times, sostiene lo siguiente: “Si limitamos nuestra perspectiva a únicamente aquello que puede ser medido en dólar, la mayoría de aquello que nos hace felices podría ser definido como una mala decisión financieras. Viajes, tiempo con amigos o comidas con tus padres, podrían todas ser calificadas como un mal gasto, a menos de que también tomemos en cuenta los beneficios que no pueden entrar en una calculadora. La planeación financiera real tiene que reconocer esta realidad.”

Detente a pensarlo un segundo: gran parte de nuestro presupuesto es utilizado en satisfacer necesidades afectivas o emocionales más allá de las “básicas”, y aquí es en donde está el error precisamente: el ser humano, como todo ser vivo, tiene necesidades sociales y le es necesario relacionarse para alcanzar un buen nivel de bienestar. Si tu situación general no te garantiza bienestar, es muy probable que tu rendimiento diario, especialmente el laboral, se vea disminuido. Necesitas el motor de la motivación de hacer no sólo todo lo que debes, sino también aquello que te hace feliz.

Así que la próxima vez que te surja un viaje inesperado a un destino que te mueres por conocer o esté de visita en el país tu mejor amigo, no tomes en cuenta cuánto te va a costar ni te sientas culpable por el tiempo y los recursos invertidos: después de todo, trabajas para más que pagar la renta.

 

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