La muerte puede afectar nuestras vidas y relaciones personales de muchas maneras, dejándonos agotados en el trabajo. Estamos viviendo momentos en los que el confinamiento está rodeado de ansiedad. Cada día nos enteramos del número de contagiados y fallecidos en esta pandemia. De repente, nos sentimos como si estuviéramos parados a la orilla de la playa viendo como se aproxima un gran tsunami. Lo que antes parecía lejano y ajeno, lo que quedaba en una cifra fría, en un número anónimo, ya está empezando a tener nombres y apellidos concretos. Además de la pena, estamos padeciendo una incertidumbre extrema. No podemos meter la cabeza en un hoyo, como lo hacen los avestruces, y simular que nada está pasando. Un buen líder tiene que anticiparse a estos eventos y estar preparado para ayudar a los integrantes de su equipo de trabajo que estén pasando por tiempos difíciles de pérdida. 

Pero, ¿cómo cambia este impacto cuando anticipamos una muerte o la enfermedad de un ser querido? Si bien la duración media de la licencia de duelo es de tres a cinco días, existe casi nada de lo que se debe hacer si alguien cercano cae enfermo. En términos generales, hay poco apoyo institucional para el duelo anticipatorio, o dolor que ocurre antes de una pérdida inminente y aún menos cuando nos referimos a seres queridos con padecimiento. Lo cierto es que duele y en esos momentos de dolor hay que saber lo que debemos hacer para apoyar a nuestro equipo.

Construir una red de ayuda es fundamental para hacer frente al duelo anticipatorio frente a estas circunstancias. Lo primero es entender y con empatía, buscar soluciones. En estas situaciones, las palabras no son suficientes. Hay que ser explícito con nuestra gente al ofrecer ayuda. El arco se extiende desde el tipo de apoyo emocional que se necesita hasta un plan de respaldo para sus responsabilidades si tiene que irse a corto plazo. 

Es cierto, cada uno tenemos nuestras formas de encarar las penas. Sin embargo, el dolor a menudo puede conducir al olvido, distracciones u omisiones, a veces hasta desarmonía total. Hay que pedirle a un colega de confianza que revise el trabajo para evitar errores costosos. Esta red de soporte se extiende fuera de la oficina; mientras la persona afectada atiende a sus asignaciones, hay que ofrecer que otro integrante del equipo le ayude con cualquier responsabilidad de cuidado. En cuanto a cambiar sus propias prácticas, practique decir “no” para aclarar las prioridades. Planificar con anticipación alivia el estrés y le ayuda a priorizar el autocuidado. 

Con este confinamiento, hemos revalorizado la vida social. Tenemos que aprovechar las lecciones que esta guerra en contra del Covid-19 nos está dejando. Últimamente todos hablamos de rescatar la comunidad, de la importancia de los vínculos con nuestro entorno y de hacer más por las personas que nos rodean. Pero hablar del valor de la empatía, aunque es importante para ponerlo en el mapa, no es ser empático. Es muy sencillo publicar en nuestras redes sociales que debemos involucrarnos porque sólo nos toma medio minuto, pero involucrarse de verdad es un esfuerzo que muchas veces, aunque estemos dispuestos a hacerlo, no sabemos por dónde iniciar. Entonces, el líder tiene que tomar cartas en el asunto.

Por supuesto, esta iniciativa debe ser planeada con cuidado, es tan delicado como el trabajo de un relojero. Hay que medir bien los acercamientos y ver la distancia a la que nos tenemos que colocar: no queremos meter la nariz más allá de lo pertinente y no queremos estar tan lejanos que parezca que no estamos ahí. En estos tiempos, solidaridad es un término cada vez se utiliza más para definir el rumbo de la sociedad contemporánea. Es un concepto que pone de manifiesto la respaldo que debe existir entre los ciudadanos del mundo. Si esto es así, en términos globales, toma mayor importancia cuando hablamos de la comunidad profesional a la que pertenecemos.

Dos de los pilares fundamentales para mostrar apoyo a nuestro equipo de trabajo para enfrentar el dolor y el estrés son la sinceridad en el compromiso y la certeza que debe dar que esta es una ayuda y no una amenaza. De ahí que el líder tenga que hacer acopio de sus competencias de comunicación y de escucha activa para entender cuál es el mejor camino para dar soporte sin generar otros conflictos. 

Todos los trabajos suponen retos, fechas límites, proyectos y otros factores estresantes, y todo esto sigue existiendo a la hora en que se presenta una emergencia, lo cual representa una gran dificultad para el que está triste y adolorido y para la organización. El primer paso es reconocer lo que esta sucediendo. No debemos forzarlo a sentirte feliz, ni pretender que todo está bien. Ayudar a mantenerse en contacto con los sentimientos de modo que sea más fácil expresar esas emociones y seguir adelante. Tenemos que entender que estar triste, no significa que llorar abiertamente. 

Hazle saber a la persona que tiene derecho a estar triste. Comunicar que nadie va a castigarle por estar triste. La tristeza es una emoción común a todos los seres humanos. Permítele vivir la emociones de la tristeza sin juzgar ni criticarte por sentirse así.

Tenemos que cuidar a nuestra gente, incluso de aquellos que con buenas intenciones pueden demandar tiempo y atención e ir más allá de lo que tienen que decir. Hay compañeros de trabajo deseosos de enterarse de todos los sucesos del trabajo. Es aconsejable alejarles también de ellos pues tienden a exagerar las cosas y puedes exponerle a escuchar comentarios de lo que sucede que estén fuera de lugar.

Sabemos que decirle o no a tu jefe es una decisión que hace titubear. En muchos casos, la gente no está acostumbrada a pedir ayuda y depende principalmente de en qué estado emocional esté. Hay miedo de confesar que el dolor, el estrés y la tristeza vayan a afectar notoriamente el desempeño en el trabajo y eso vaya a impactar negativamente. Es importante, que el líder hable con claridad, con sinceridad, que tenga presente las políticas en la organización y considerar la necesidad de acercarte a recursos humanos para hablar del tema y recibir orientación.

Lo que sería un error imperdonable es pasar la vista por encima sin hacer nada. La dificultad de mostrar empatía a la distancia es grande pero no raya en la imposibilidad. Al fin y al cabo, la labor del jefe, del líder se centra en motivar y orientar al logro. Eso incluye también, consolar. 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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