El triunfo de uno sobre el otro es irrelevante mientras el mercado no integre a nuevos jugadores.

 

 

¿México es un país de consumidores? La respuesta parece obvia. Sin embargo, cuando el tema se lleva al terreno de la opinión pública, adquiere matices. Somos consumidores, sí, pero no actuamos como tales cuando en la agenda se discuten temas centrales que involucran a los prestadores de servicios. No importa entonces nuestro bolsillo, sino nuestra fe en uno u otro bando; lo que pagamos u obtenemos a cambio es lo de menos, lo que importa es tomar partido.

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Véase el caso Telmex – Dish. Hace apenas unos días -antes de que cada noticia tuviera que ver con el Chapo Guzmán- la naturaleza jurídica de la alianza entre la empresa propiedad de Grupo Carso y la proveedora de servicios de televisión de paga, suscitó encendidas discusiones en la prensa.

Determinar quién tiene la razón corresponde a los órganos reguladores y en última instancia, a las esferas más altas del Poder Judicial. Sin embargo, son motivo de análisis las características del debate público, el tono y el radicalismo de las posiciones, o la contradictoria polarización que como consumidores nos imponemos como sentencia.

 

Telmex – Dish: un peligro para México

Aunque se trata de una disputa corporativa, que bien podría llenar las páginas de la fuente de negocios, los intereses de Telmex-Dish versus Televisa-Televisión Azteca, se debaten con un nítido filtro político. Si alguien hiciera una encuesta entre quienes defienden al Ing. Silm y a Joaquín Vargas, frente a Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego, estoy convencido que existiría una correlación positiva con su voto en 2006 y 2012. Confundimos el interés público con la defensa de intereses dirimidos en público.

Así, la batalla corporativa se hace de ejércitos politizados y polarizados, que a medida que abandonan la argumentación legal o económica, se despojan también –tal vez inconscientemente- de sus derechos como consumidores. Blanco o negro. Slim o Azcárraga. Telmex o Televisa. El mal menor o el mal de males. Paradójicamente, esa perpetua dicotomía es lo más conveniente para los intereses monopólicos, oligopólicos o dominantes. El consumidor se abandona a sus pasiones y abandona sus derechos.

En ese marco, poco ha faltado para que la alianza Telmex – Dish sea declarada “un peligro para México”. En respuesta, todos los males, la pobreza educativa, la ignorancia supina y desde luego, todos y cada uno de los triunfos del PRI o del PAN, son obra de la “espuria” Televisa. De las graves irregularidades del duopolio televisivo nos enteramos por MVS -parte interesada- y de las de Telmex por la -interesadísima- televisión.

Quienes señalan que -¡oh sorpresa!- Telmex tiene una opción de compra de Dish, a su juicio, elemento violatorio del título de concesión de la empresa de Carso, y por tanto deber de la autoridad la revocación de dicho título; o quienes en contraste marchan a las puertas de Televisa exigiendo se abstenga de participar en el negocio de la telefonía móvil, hacen muy poco por la competencia. Su consigna es política, su posición es militante, su voz y su imagen se pierden entre la mala señal de un celular y la limitada oferta de contenidos de la televisión abierta.

 

Polarización en el recibo

Calderón o López Obrador. López Obrador o Peña Nieto. Reforma energética o venta de Pemex. En este país las áreas grises que definen a una sociedad democrática, son escasas. Hemos llevado esa polarización a la forma en la que leemos noticias económicas al grado que hoy el consumidor mexicano prefiere opinar políticamente de lo que pasa en su recibo, antes de preguntarse si paga lo justo.

La próxima vez que cambiemos de canal, la próxima vez que la cuenta de celular llegue al buzón, tengamos en mente que no estamos votando por Slim ni por Azcárraga. Ambos son concesionarios y prestadores de servicios. El triunfo de uno sobre el otro es irrelevante mientras el mercado no integre a nuevos jugadores. Somos mucho más que dos -con perdón del poeta- como para reducir el debate a la cíclica reedición de ángeles y demonios.

 

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*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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