Bahidorá 2017, ¿funciona la apuesta por el festival boutique?

En panorama financiero que prevalecerá durante el año ha obligado a los organizadores de conciertos y festivales a refinar sus propuestas con los costos de operación.

Foto: Cortesía de Bahidorá

A sólo un par de semanas de que comenzara el año 2017, distintas promotoras y organizadores de conciertos en México dieron a conocer sus carteles para el primer semestre del año, uno que se vislumbra especialmente arduo en términos de solvencia y competencia.

Por un lado, nos encontramos frente a un panorama financiero, un tanto más complicado que el anterior -con toda la oleada de aumentos que dio inicio desde finales de 2016-, escenario que obliga a los organizadores a refinar su propuesta, en aras de equilibrar una propuesta atractiva con los costos de operación. No todos los festivales han mantenido su calidad, algunos han ceñido su lineup a las condiciones del mercado (Corona Capital, Vive Latino), otros han incrementado el precio de su entrada, y otros más prácticamente han apostado por mudar su formato a uno menos arriesgado y oneroso.

En lo que va de 2017, festivales como Ceremonia y NRMAL han anunciado ya su cartel para 2017, ampliando la variedad de propuestas de entretenimiento en torno a la música, pero a también poniendo en jaque al público, al que cada vez se le hace más complicado hacer un desembolso considerable para acudir a un festival u otro.

Dentro de este abanico de opciones, el Carnaval de Bahidorá (18-19 de febrero, Las Estacas, Morelos) ha tenido un crecimiento paulatino importante a nivel local, lo que lo posiciona como uno de los llamados “festivales boutique” más importantes del país.

¿Cómo equilibrar una experiencia distintiva con una selección musical que enganche, a un precio competitivo? Platicamos con Íñigo Villamil, director del Carnaval, para ahondar en los aspectos que hacen de Bahidorá uno de los festivales más sólidos en términos de propuesta local, misma que este año cumplirá su quinta edición.

 

Forbes:

Muchas personas ubican a Bahidorá, tal vez junto con Trópico, como uno de los festivales que se preocupan más por la experiencia que por la oferta sonora. Para quienes no están enterados aún, ¿cuál es el discurso o concepto que rige a Bahidorá?, ¿qué tiene el carnaval que uno como asistente pueda preferir sobre otros que se realizan fuera de la CDMX?

Íñigo Villamil:

Bahidorá es una experiencia multisensorial. Más allá de la música, sumamos instalación, performance, escenografía, talleres de bienestar, una experiencia gastronómica especial y actividades en el río que rodea el parque donde ocurre, entre otras cosas. Buscamos crear un universo de folklore donde la gente pueda sumergirse durante un fin de semana entero, salir de su cotidianeidad y convivir en un espacio de respeto y armonía, rodeado.

Somos además un festival de consciencia, con un equipo dedicado al proyecto de sustentabilidad del evento. De esta forma creamos no sólo una experiencia de entretenimiento, sino también una de aprendizaje que contribuye al fortalecimiento de nuestra comunidad creativa, generando un impacto cultural positivo.

 

Forbes:

¿Cómo se orquesta Bahidorá?, ¿Cuántos elementos colaboran y cómo se va desarrollando hasta llegar al día de su emisión?

Íñigo Villamil:

Bahidorá es un sistema complejo. Todo comienza con la asociación de dos empresas promotoras: Distrito Global y Ache. Una aporta creatividad, propuesta y dirección; la otra experiencia, medios y estrategia.

Hoy por hoy el carnaval emplea a lo largo del año a un equipo permanente de seis personas, pero conforme se aproxima la fecha del evento, se suma un equipo flotante de productores y coordinadores de alrededor de 50 personas. Además, el día del festival trabajan más de mil personas en el sitio, incluyendo artistas y staff, personal de servicios, equipo de producción, proveedores de montaje y medios de comunicación, entre otros.

 

Forbes:

Dada la competencia, es complicado llevar a buen puerto un festival y no perder. ¿Qué tan rentable es Bahidorá? ¿En dónde se apoyan las ganancias de un evento con estas magnitudes?

Íñigo Villamil:

Existen tres fuentes de ingreso para todo evento cultural: boletaje, marketing (patrocinios comerciales e institucionales) y consumo dentro del evento. La proporción en la que estas tres se balancean varía de un proyecto a otro, y en cualquier modelo sostenible, la suma de las tres supera los costos del proyecto.

El ecosistema de competencia sí es complicado, pero persisten los proyectos que han sabido identificar un nicho de mercado y mantener su atención a lo largo del tiempo, lo cual depende de diferentes variables comunes: curaduría de contenidos musicales y artísticos, calidad de producción, empatía con los asistentes, estrategia de comunicación, estrategia operativa, etc.

El Carnaval de Bahidorá es un caso de éxito que por una parte sostiene a un equipo de trabajo durante períodos largos de tiempo, pero que además genera una derrama económica importante tanto en la región donde ocurre el evento, como dentro del ecosistema de proveedores creativos de la Ciudad de México. Es un proyecto que comienza a estabilizarse y que promete seguir siendo rentable por unos años más.

 

Forbes:

¿Cómo ha crecido Bahidorá a nivel propuesta y en cuanto asistencia en emisiones pasadas?

Íñigo Villamil:

Hemos sido conservadores con el crecimiento del proyecto, porque sabemos que su encanto depende de la soltura y comodidad con la que los asistentes se encuentran. Sin embargo, el carnaval ha crecido de 3,700 personas en su primera edición hasta 10,000 en la última, siendo muy estrictos con el manejo de esta afluencia. Hemos determinado que esta capacidad es el límite de comodidad para nuestros asistentes, así que el crecimiento del evento está limitado a este parámetro. Sin embargo, buscamos incrementar año con año el atractivo de la propuesta, sumando más y mejores contenidos musicales y artísticos, e incrementando la duración del evento para fortalecer la experiencia de sus asistentes.

 

Forbes:

El lugar donde se lleva a cabo Bahidorá llama la atención por su belleza natural, pero también por ser un lugar que se expone a un deterioro notable. ¿Cómo sortean esta parte?

Íñigo Villamil:

Las Estacas es un parque natural privado, lo cual nos permite trabajar muy cerca de sus operadores para lograr un evento limpio y sostenible. Con ellos hemos logrado alinear intereses para cuidar del medio ambiente, al mismo tiempo que consolidamos una producción atractiva y cómoda para los asistentes. Nos hemos dado cuenta que ambas cosas son una y la misma. Somos conscientes del impacto ambiental del evento, y es por eso que hemos hecho un esfuerzo determinado por minimizarlo implementando un equipo dedicado al proyecto de sustentabilidad exclusivamente.

En este sentido somos el primer festival musical en el país en trabajar bajo un estándar internacional titulado ISO 20121, el cual regula los parámetros para realizar eventos 100% sustentables. Implementamos decenas de esfuerzos independientes desde la organización central, misma que permea a cada proveedor y asistente. Neutralizamos nuestra huella de carbono, utilizamos materiales 100% biodegradables, separamos la basura y generamos una robusta campaña de conciencia para que todos los participantes se sumen al esfuerzo colectivo de conservar el carnaval libre de desperdicios.

 

Forbes:

¿Cuál es el objetivo a alcanzar este año? Llevar más público parece complicado, en cuanto a los momentos de saturación del año pasado.

Íñigo Villamil:

El lugar que elegimos para el carnaval tiene una capacidad limitada, pero lejos de ser una desventaja, esto representa un distintivo. Estamos comprometidos con la noción de crear un festival “boutique”, donde todo está cuidado, nada falta y nada sobra. Nuestra misión es seguir construyendo sobre esta idea para lograr un festival cada vez más atractivo, tanto para viejos entusiastas como para nuevos descubridores.

Afortunadamente, bajo el modelo actual hemos agotado los boletos en todas las ediciones anteriores, así que estamos orientando nuestros esfuerzos hacia un crecimiento horizontal (más variedad de contenidos musicales y artísticos) en vez de un crecimiento vertical (contenidos más caros o populares). No necesitamos a artistas gigantes o audiencias masivas. Buscamos satisfacer con un mensaje positivo a un público fiel y respetuoso, que suma a la experiencia colectiva.

 

Forbes:

¿Qué tanto ha crecido Bahidorá desde su nacimiento? Compártenos los números más representativos…

Íñigo Villamil:

El proyecto no fue redituable sino hasta su tercera edición, pero a partir del éxito de la primera confiamos en el modelo que trazamos para los siguientes años del proyecto. Al final ha resultado, y mientras que los costos del proyecto apenas se han triplicado, los ingresos se han más que quintuplicado. Esto se debe a una sana proyección de crecimiento, una eficiente administración de los recursos, y a la consolidación que ha tenido el proyecto ante su público a lo largo de los años.

En la primera edición contamos con 3,700 asistentes, mientras que en la última el número se aproximó a 10,000. Los patrocinios se han vuelto más productivos debido a que hemos entendido mejor cómo satisfacer las necesidades de nuestros clientes comerciales. La producción se ha vuelto más eficiente, y la calidad del evento ha permitido precios más elásticos en nuestro boletaje. Todos son factores comunes en cualquier mercado, con las particularidades de la industria del entretenimiento en vivo.

 

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Twitter: @RAikA83

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