La publicación de un artículo que señale a políticos corruptos o la difusión de imágenes de un funcionario guardando fajos de billetes en un portafolios, serán eventos que también ayuden a ejercer presión sobre la clase política mexicana.

 

A todos los corruptos líderes de este país se les agradece por portarse tan mal, y sobre todo por hacerlo tan público. También gracias, pero muchas gracias a todos los funcionarios ineptos, incapaces y tontos que públicamente hacen alarde de su falta de preparación para gobernar.

Afortunadamente, gracias a la tecnología se ha vuelto más difícil que escondan su mal comportamiento. Y mientras más público, mejor, porque balconear su comportamiento facilitará el cambio. No hay fuerza más difícil de parar que un pueblo indignado.

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Veamos algunos ejemplos recientes de cómo se manejan casos de corrupción y conflicto de interés en otras latitudes:

El gobernador de Oregón renuncia a su cargo por posible conflicto de interés.

El demócrata John Kitzhaber renunció a su cargo después de 32 días de haberse reelegido por cuarta vez, por un posible conflicto de interés que involucra a su prometida Cylvia Hayes. Kitzhaber enfrenta una serie de averiguaciones por el probable beneficio financiero de su prometida, a causa de su relación con el gobernador (¡increíble, pero también las novias pueden crear un conflicto de interés para el funcionario!). Al parecer, Hayes recibió dinero de grupos de cabildeo mientras se desempeñaba activamente en el gobierno de Kitzhaber. Los fiscales federales comenzaron una investigación revisando correos electrónicos, declaraciones de crédito, impuestos y cualquier cosa que tenga que ver con contratos de Cylvia Hayes, quien ya estuvo envuelta en un caso de corrupción cuando aceptó 5,000 dólares para casarse con un inmigrante de Etiopía y de haber vivido en una plantación ilegal de mariguana en Washington, años atrás. (Moraleja para los políticos: dime con quién andas y te diré de qué te van a procesar penalmente.)

Renuncia a su cargo hijo de presidenta de Chile por posible tráfico de influencias.

Sebastián Dávalos, hijo de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, presentó el 13 de febrero su renuncia como director sociocultural de La Moneda, tras la polémica por el trato privilegiado a su esposa para recibir un préstamo bancario por 10 mdd de un importante empresario chileno. La renuncia de Dávalos se produce tras una creciente presión y fuertes críticas desde distintos sectores políticos. (Aunque no sea un delito, las apariencias sí cuentan. Por lo menos en Chile, una acusación de un posible conflicto de interés deriva en renuncias.)

Dos años de cárcel a ex gobernador de Virginia por cargos de corrupción.

Bob McDonnell fue sentenciado a dos años de cárcel y dos más en libertad condicional por un juez federal, tras hallarlo culpable de 11 cargos de corrupción durante su administración; además deberá pagar una multa de 100 dólares por cargo, lo que equivale a 1,100 dólares. El republicano McDonnell fue acusado de recibir viajes y costosos regalos para él y su esposa Maureen, a cambio de otorgar la influencia de su cargo en la política para promocionar un suplemento dietético. La parte acusadora sugirió al juez James Spencer una pena de 6,000 horas de trabajo comunitario. En tanto que su esposa Maureen fue sentenciada a pasar un año y un día en una prisión federal, por conspirar junto con su esposo para traficar influencias en beneficio del empresario Jonnie R. Williams Sr., a cambio de 177,000 dólares en préstamos, vacaciones y regalos lujosos. (¿Pueden imaginar que un gobernador mexicano y su esposa fueran condenados por 177,000 dólares?)

Tenemos que apostar, en este mundo globalizado, a que muchos conceptos e ideas sean altamente contagiosos. Indudablemente, algunos de los factores que ayudaron a México en su proceso de democratización fueron las presiones de la comunidad internacional. La publicación de un artículo que señale la corrupción de algún político o la difusión de las imágenes de un funcionario guardando fajos de billetes en un portafolio, serán eventos que también ayuden a ejercer presión sobre la clase política mexicana. Pero lo que hay que preguntarle a los políticos es qué reputación quieren tener: ¿la de gobernantes del primer o del tercer mundo?

 

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Twitter: @Amsalazar

 

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