Algunos casos que muestran la ineficiencia en el servicio de los bancos en México, pese a lo cual, mantienen ganancias millonarias en el país.

 

 

 

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Por: Alejandro Rodríguez Arana*

 

Diciembre de 2011. Consulto por internet mis estados de cuenta en conocido banco mexicano. Aparece una tarjeta de crédito que nunca solicité- ni mucho menos recibí- con un saldo deudor de cerca de 100,000 pesos. Me entero que una situación similar viven cerca de veinte compañeros de trabajo. Después de mil gestiones y quejas, los resultados para los que fuimos afectados por este fraude son diferentes: algunos fueron totalmente liberados de la falsa deuda, otros tienen un reporte negativo en el Buró de Crédito (Vaya injusticia sin haber siquiera nunca visto esa tarjeta). Mi caso es peculiar. Para unos departamentos del banco soy deudor, para otros tengo saldada la deuda. El Buró de Crédito tomó esta última posición, afortunadamente. No obstante, esta institución considera que yo solicité y recibí esa tarjeta, lo cual es falso. El banco sigue sin resolver completamente mi problema.

Otra anécdota. Tengo un crédito con el mismo banco. Está domiciliado, lo cual implica que en cierto día de cada mes el banco toma de mi cuenta de cheques los recursos para el pago del principal e intereses de mi deuda. Me aseguro de que el día indicado haya dinero suficiente para realizar el pago correspondiente. Cuando el día de corte cae en sábado, el banco extrae el dinero ya sea el viernes o hasta el lunes- decisión de algún departamento del banco-. Si esperan hasta el lunes, algún otro departamento del banco- supongo que cuando menos no será el mismo- llama insistentemente a mi domicilio el domingo, desde las siete de la mañana, para reclamarme por no haber pagado el día anterior.

Podría contar muchas más anécdotas mías, y de muchas amistades, sobre problemas con los bancos en México. Aunque estas historias no constituyen prueba científica de nada, sí sugieren la existencia de un enorme problema de eficiencia en el sistema bancario mexicano. Lo contrastante es que los bancos en nuestro país tienen enormes ganancias. En 2012 obtuvieron utilidades por poco más de 87,000 millones de pesos, 20.6% más, en términos nominales, que en 2011 (lo que implica un crecimiento real superior a 15%). Entre enero y junio del presente año, sus ganancias nominales aumentaron de nuevo en alrededor de 20%. La desaceleración económica que vivimos en México poco les ha afectado.

El sistema bancario mexicano presenta una estructura oligopólica. Pocos bancos atienden un porcentaje muy alto de servicios financieros. Los bancos grandes establecen tasas de interés activas muy superiores a las pasivas y obtienen ganancias extraordinarias. En teoría, los bancos pequeños podrían ejercer competencia reduciendo sus tasas activas, pero sus incentivos a hacerlo son pocos porque no tienen la escala suficiente para atender toda la demanda de crédito que enfrentarían al reducir esos precios. Actúan entonces como seguidores de los bancos grandes y también obtienen ganancias elevadas en sus nichos de mercado.

La estructura donde pocos bancos son grandes y una mayoría son pequeños propicia que los servicios financieros sean de mala calidad. Nuevamente si los bancos pequeños quisieran competir dando mejores servicios, sus escalas reducidas impedirían atender a un número considerable de personas.  Por lo mismo, tienen incentivos casi nulos para mejorar dichos servicios.

En términos de política pública, hay varios caminos a seguir. Se debe mejorar la regulación y sancionar con severidad aquellas situaciones donde el público queda atrapado en las prácticas voraces de los bancos. La reforma financiera propuesta recientemente tiene un apartado en esa dirección, habrá que ver cómo se establece. Políticas de competencia, donde un mayor número de entidades financieras pequeñas puedan, en conjunto, ganar un porcentaje mucho mayor del mercado, harían que entonces sí fuera posible reducir los márgenes financieros y fomentar la eficiencia, o mejorar de manera considerable la calidad de los servicios.

Sin embargo, en toda esta discusión hay un problema incluso moral. Considero que hace décadas había una ética de negocios en el sector financiero que se ha perdido de manera alarmante. ¿Estoy en lo cierto? Creo que los que se dedican al negocio bancario deberían darle a la sociedad una explicación al respecto.

 

 

Contacto:

*Alejandro Rodríguez Arana es profesor de tiempo completo de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Su correo electrónico es [email protected]

Twitter: @PrensaIbero

www.ibero.mx

[email protected]mx

 

 

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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