Una manera de evaluar la eficiencia de un banco central es su habilidad para prevenir eventos desestabilizadores. La política monetaria en México no parece ir en esa línea.

 

“Es más costoso prevenir que lamentar”, es la impresión que dejan las minutas de la última reunión monetaria, en que las autoridades declaran que tiene más costos adelantarse al alza de tasas estadounidenses. Al parecer, en aras de no arruinar la endeble recuperación económica, se está dispuesto a correr el riesgo de enfrentar una posible sangría de reservas, puesto que lo primero es más costoso que lo segundo.

Las minutas de la reunión de política monetaria celebrada el 30 de abril establecen explícitamente que la mayoría de los miembros concordó que “adelantarse a la Reserva Federal tendría más costos que beneficios”, porque podría afectar la recuperación económica. La primera implicación de esta declaración es que resultaría más costoso para la autoridad monetaria actuar de manera preventiva elevando la tasa de interés, por lo que tomar el riesgo de lamentar las consecuencias resultaría más favorable.

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Una manera de evaluar la eficiencia de un banco central es a través de su habilidad para poder anticipar eventos desestabilizadores, de tal forma que pueda utilizar los instrumentos monetarios para desactivarlos a tiempo. La declaración de la minuta no parece ir en línea con una filosofía de actuación monetaria preventiva.

La segunda implicación tiene que ver con el hecho de que la política monetaria podría estarle asignando una mayor importancia al crecimiento económico que a la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda, que es su objetivo prioritario. Esto, porque al no adelantarse al alza de tasas estadounidenses prefiere incurrir en el riesgo de mayor volatilidad en la paridad cambiaria ante la reducción del diferencial de tasas entre México y Estados Unidos.

La tercera implicación está en que se deja de lado que las condiciones monetarias en México se encuentran en terreno expansivo, y que adelantarse al alza de tasas sólo implica hacer la política monetaria menos expansiva para acercarla a la neutralidad, pero de ninguna manera la hacen restrictiva. Mientras las condiciones monetarias no rebasen la neutralidad, su efecto sobre el crecimiento es prácticamente nulo.

Por último, prolongar por unos meses más las tasas sin cambio no tiene mayor beneficio para la economía, porque aun con tasas de 3% desde hace un año el crecimiento todavía no se recupera. Esto no sólo cuestiona la efectividad del estímulo monetario, sino que además confirma que la debilidad económica es estructural y no coyuntural.

Así, las tasas de interés en México están condenadas a subir independientemente de que la inflación esté alrededor de su objetivo. La decisión de “cuándo” depende de si se actúa de manera preventiva como debería hacerlo un banco central, o bien si se prefiere mejor lamentar las posibles consecuencias.

No actuar preventivamente equivale a renunciar al uso del mecanismo dual de amortiguadores, dejando, entonces, que sea sólo el tipo de cambio, y no la tasa de interés, el que absorba el choque inicial de la volatilidad financiera que se va a generar en anticipación al alza de tasas por parte de la Fed.

 

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