La solución sólo puede ser viable cuando todos coincidimos en ella, confluimos en la toma de decisiones y tomamos parte de la responsabilidad. ¿Cuál es la responsabilidad empresarial de los grandes problemas? Ese es el gran mérito del Foro, que logra reunir a los empresarios que detentan el poder económico, y los involucra en la solución de los problemas globales haciéndolos  corresponsables con una discreta elegancia. 

 

Transformar al Mundo ha sido el tema de esta edición, y sin duda ha sido el centro de todos los debates en Davos. Desaceleración económica, desempleo, desigualdad, cambio climático, crisis y desestabilidad, conflictos internacionales, etc. En todo el mundo los ciudadanos nos preguntamos ¿qué hacen nuestros gobiernos para resolver  estos problemas que aquejan a la humanidad?

Las individualidades no bastan en la búsqueda de las soluciones globales. Pero ¿bastará la voluntad política para encontrar las respuestas? Y más aún, ¿bastará la voluntad política para resolverlas?

La solución sólo puede ser viable cuando todos coincidimos en ella, confluimos en la toma de decisiones y tomamos parte de la responsabilidad. ¿Cuál es la responsabilidad empresarial de los grandes problemas? Ese es el gran mérito del Foro, que logra reunir a los empresarios que detentan el poder económico, y los involucra en la solución de los problemas globales haciéndolos  corresponsables con una discreta elegancia. El Foro puede lucir todo el esplendor del glamour, el desfile banal de los poderosos, pero al final del día está ahí Klaus M. Schwab, el profesor en economía que se ha preocupado por producir una serie de informes e involucrar a sus miembros en iniciativas específicas para cada sector, a las que se le da seguimiento y se exigen reportes. Soy partícipe de la seriedad con la que el Foro vive y renace cada año desde aquel enero del 2012 en que recibí una llamada para participar en la solución de la desigualdad de género en México.

Desde hace 25 años, asumí mi corresponsabilidad sobre la desigualdad de género en México, lo que me llevó a involucrarme en este problema endémico y cultural. No es casualidad que hoy soy una empresaria dedicada al negocio del empoderamiento. Una cosa me ha llevado a la otra.

La desigualdad es un tema práctico: he revisado este tema con mis asesoras legales y las leyes en México son más o menos incluyentes, sin que sean perfectas, puesto que los legisladores mexicanos se han preocupado por la igualdad en México. Sin embargo, las políticas empresariales, lejanas a las legislaciones y regidas por las leyes de la oferta y la demanda, no están éticamente vinculadas con la igualdad real de hombres y mujeres al interior de las empresas.

Por otro lado, la cultura latinoamericana, llena de obstáculos para el crecimiento femenino donde se nos etiqueta exclusivamente como madres, no ha podido salir del marasmo de dominación. Ahí es donde encuentro una gran oportunidad en la que juntos –sociedad civil, gobierno y empresas–, nos unamos en una gran campaña transformadora que informe a las mujeres sobre sus derechos y responsabilidades de cara al futuro de México. Vamos juntos y juntas en esta cruzada donde los derechos humanos son el eje y la guía orientadora. La meta es la justicia, la equidad, la libertad, y viene acompañada de crecimiento económico y pujanza.

No hay pierde para nadie, eso es seguro.

 

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