Tras una estancia de intercambio en Hermosillo como parte de sus estudios, Bastien Callens emprendió la tarea de saciar la sed de los mexicanos al abrir la primera tienda de cervezas artesanales en la Ciudad de México.

 

Por Adam Critchley

 

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En La Belga, una pequeña tienda-bodega de una concurrida esquina de la colonia Roma, se despide un aroma peculiar. Al entrar, lo descubres: cientos de cervezas artesanales a tu disposición.

El dueño de este recoveco es Bastien Callens que es originario de Flandes, región en el noreste de Francia que colinda con Bélgica, que es considerada como una de las zonas de mayor producción de cerveza de Europa.

Ésta es su historia: al llegar a México, invirtió 100,000 pesos para abrir su local y, una vez que había conseguido los permisos para importar los lúpulos de Europa, empezó a ganar dinero montado en una bicicleta, arrastrando un remolque y distribuyendo chelas. Hoy, importa más de 100,000 botellas al año desde Bélgica y es proveedor de unos 200 clientes en todo el país.

“La producción de cerveza artesanal en México empezó con cerveceras estadounidenses”, cuenta Bastien. “Las primeras marcas mexicanas fueron Minerva y Cosaco. Cuando abrimos la tienda, hace cinco años, sólo había cinco marcas mexicanas y ahora ofrecemos más de 30. Fuimos la primera tienda especializada en vender cerveza artesanal en la Ciudad de México”.

México es el séptimo país consumidor de cerveza a nivel mundial, aunque 95% de la venta es capturada por dos grandes compañías extranjeras (Grupo Modelo y Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma). Datos de la Asociación Cervecera de México, arrojan que la cerveza artesanal representa menos de 1% del consumo nacional, pero en los últimos dos años ha registrado tasas de crecimiento que oscilan entre los 60 y 70 puntos, con un valor estimado en 100 millones de pesos (mdp).

 

Un mundo de botellas

 

cerveza_artesanal1La carta de La Belga es multinacional: hay muchas cervezas artesanales mexicanas (Chupacabras, Lágrimas Negras, Házmela Rusa), hasta marcas europeas y latinomericanas.

Conforme pasa el tiempo, Bastien ha pulido sus mecanismos de venta y de distribución, lo que también le ha permitido conocer más de la “ciencia de la cerveza”. Así, su red de distribución captura a bares y restaurantes, y al mismo tiempo reconoce que una de las claves está en disponer de un amplio surtido de marcas, aunque a veces la garganta del cliente se acostumbre sólo a una.

“Tomar la misma cerveza cada día no tiene sentido, pues es como si comieras el mismo platillo todos los días. A fin de cuentas, la cerveza es comida líquida. Así que no hay que limitarse a que el pan sea el mismo todos los días”.

Hoy, La Belga es un negocio bien establecido y, ciertamente, se salvó de pasar (y sufrir) las típicas trabas que todo emprendedor debe sortear en el país. Bastien logró “conectarse” muy rápido y no tuvo que perder tiempo en oficinas burocráticas para levantar su negocio e importar bebidas alcohólicas.

“Viví enfrente de un chavo que trabajaba para una empresa importadora y me asocié con esa empresa para traer cerveza. Luego, al recuperar mi inversión, me salí para abrir la tienda. El local lo rentaba un amigo alemán, un cliente mío, pero le interesaba más la literatura y sus estudios, y su negocio no floreció. Después, yo tomé el local”, cuenta Bastien, quien vive a unas cuadras, sobre la calle de Orizaba, a un lado de la casa donde William Burroughs mató a su esposa por accidente en 1951.

Su permanencia, sin embargo, no escapa a las vicisitudes del mundo de los negocios. Actualmente, uno de los factores en contra que perjudica a las microcerveceras frente a los grandes jugadores de la industria es el pago del Impuesto Especial Sobre el Consumo (iesp), ya que los segundos pagan 3.5 pesos por litro, mientras que las cerveceras artesanales deben pagar ocho.

Además, Bastien debe enfrentar el reto de colocar su producto en las tiendas, dado que la cadena de tiendas de autoservicio Oxxo pertenece a Femsa, socia de la Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma.

 

Planes de expansión

Bastien, a pesar de ello, no ve descabellada la idea de expandirse. “La idea es comprar una gran bodega, para ayudar a los que quieren abrir su expendio de cervezas”.

Hoy, diez empleados trabajan con él. “Ahora estoy más metido en la distribución, pero hago de todo: coordinar la importación, vender y hasta las relaciones públicas. También está la parte más bonita del trabajo: buscar nuevas marcas”, dice Bastien.

Por el momento, Europa se mantendrá como su principal fuente de suministro, ya que, a pesar de la amplia selección de cervezas artesanales en Estados Unidos, las cerveceras artesanales de ese país no ven al mercado mexicano como prioridad. “Muchas ni siquiera cuentan todavía con una cobertura nacional allá. Primero quieren lograr eso antes de incursionar en el mercado mexicano”, opina.

Mientras tanto, hay tantas marcas para probar en su tienda, que Bastien no pierde la oportunidad para hacer sus recomendaciones: “Hay que tomar la cerveza en copa, porque, como el vino, la cerveza se aprecia con la nariz, y tomar desde la botella es como tomarla con la nariz tapada. Así se aprecia su color, la espuma y las burbujas”. ¡Salud!

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