¿Sabes qué quisiera crear? Una película con actores
parados en un espacio vacío para 
que el espectador
tenga que imaginar los 
antecedentes de los personajes.
Michelangelo Antonioni

 

Los blockbusters modernos parecen condenados a la inconsistencia. Obligados por las nuevas prácticas comerciales, deben no sólo funcionar como películas individuales sino abrir caminos para ser explotados en secuelas, spin-off y universos narrativos al mismo tiempo ambiciosos y solipsistas. Muchos podrían levantar el dedo y acusar a Marvel del fenómeno que estamos viviendo; sin embargo, eso nos llevaría a olvidar que no es algo nuevo. Los inicios mismos del cine están marcados por los seriales y George Lucas planeó Star Wars como si fueran varios episodios conectados por ciertos personajes centrales; es una ópera espacial sobre la misma familia.

Así que Batman v Superman: el origen de la justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice, 2016) no es sino la consecuencia lógica de dicho proceso. Es una megaproducción creada por Hollywood preocupada más por su futuro (comercial, por cierto) que por su presente. Por eso no es de extrañar la cantidad de voces (autorales) que pueden apreciarse al interior de su convulsa narrativa.

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Es sus líneas más básicas, la película se presenta como una continuación de las preocupaciones temáticas de El hombre de acero (Man of Steel, 2014): el mundo descubrió al Hijo de Kripton (un Henry Cavill sereno y efectivo) de la peor manera posible, mediante una invasión alienígena y la destrucción de gran parte de Metrópolis. Estos eventos han creado una ola de preocupaciones alrededor del mundo, cuestionamientos sobre la lealtad de este superhombre y meditaciones sobre nuestro verdadero lugar dentro del universo. Uno de los más consternados por la peligrosa existencia de Superman es Bruce Wayne, quien  fue testigo de cómo cientos de sus trabajadores morían aplastados en medio de la batalla y durante años ha combatido al crimen en Ciudad Gótica disfrazado de Batman.

Aunque ése es su tema central: la lucha entre dos hombres que entienden la justicia de maneras muy diferentes, cuando la trama de la película comienza a desarrollarse pone en evidencia la forma en que fue construida: por comité. Es posible ver todas las aristas intentando desdoblarse, unas sobre otras, a veces de manera muy atropellada. Está la visión de Zack Snyder, la de los guionistas, la de los publicistas, el departamento de marketing, el fan service y muchas otras, mezcladas.

La estructura intenta darle espacio a todas a cabalidad, pero la cantidad lo hace una misión imposible. Pasa lo mismo con los personajes: no hay un desarrollo pleno porque todos se van amontonando conforme aparecen; lucen como ideas, conceptos dejados al vuelo porque pronto habrá una nueva película que explique un poco más al respecto. Tomemos como ejemplo a Louis Lane (Amy Adams), cuyo trazo es explicado en su primera línea de diálogo (“soy periodista, no mujer”), y eso es todo. El resto de sus intervenciones nunca la muestran a totalidad; sólo aparece en función de mostrarle amor a su pareja o como vehículo de la trama (“esta lanza seguro nos servirá después, vamos a ponerla en un lugar inaccesible”).

Lo mismo podríamos decir del resto de los involucrados. Batman v Superman no es una mala película per se; incluso, calificarla de esa manera sería una salida fácil. Hay momentos en que es posible apreciar lo que pudo ser: la batalla final (hasta su desabrida resolución) muestra las cualidades de Snyder como cineasta de acción y el refinamiento al que ha llegado con los efectos especiales, aun cuando siga pintando con una brocha muy gorda.

Hay algunos temas que pasan como en una ráfaga y desaparecen para no volver. Por unos minutos la cinta parece encaminarse a una reflexión sobre la destrucción sin sentido, con imágenes que recuerdan el despertar estadounidense después del 9/11. No tiene suficiente tiempo en pantalla para profundizar. Se presenta, de igual manera, un choque sobre cómo ejercer la justicia, con dos titanes enfrentándose por ello. Tampoco perdura. Qué tal algo sobre las responsabilidades del periodismo o el papel del gobierno ante este superhombre que, hasta cierto punto, lo hace imperdible.

Al final del día, Batman v Superman sufre de algunos de los males que aquejaban al Episodio VII de Star Wars. Son películas que tienen como preocupación central el no fallar. Hay tanto en juego que es comprensible por qué están más entretenidos en el porvenir. Total, si algo no cuadra de momento, tienen otras 8 películas para hacerlo cuadrar.

 

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