En la era de los ebooks y las cadenas de librerías, la industria editorial vive y muere por los blockbusters y franquicias. Encontrar a la siguiente E.L. James se ha convertido en un imperativo de miles de millones de dólares.

 

Por Jeff Bercovici

 

Alexandra Pringle, la editora más influ­yente de la editorial Bloomsbury Pub­lishing, recibió la clase de llamada que todo editor espera recibir en estos días. El agente literario David Godwin, le ofreció algo fuera de su zona de confort.

“Él dijo literalmente: ‘Tengo este manuscrito y no sé qué pensar de él’”, recuerda Pringle. “‘Es posible que lo odies, y está bien, pero voy a mandártelo porque creo que es algo especial’”.

En agosto de 2013, Bloomsbury publicó The Bone Season, la primera entrega de lo que eventualmente será una serie de siete partes sobre clarividentes en un futuro dia­tópico luchando contra un gobierno totali­tario y sus jefes supremos sobrenaturales.

La escritora inédita, una joven inglesa de 21 años, ex becaria de Goldwin se llama Samantha Shannon y junto a sus colegas escritores de la adictiva fan fiction cargan con las expectativas de toda la industria. Cada vez más el único juego que importa a las prin­cipales editoriales es el de la incubación de franquicias.

Los best sellers han sido parte del negocio de los libros desde hace décadas, pero ahora, gracias a los cambios dis­ruptivos en la tecnología y al apetito de los consumidores, el negocio del libro tradi­cional ha llegado a parecerse a la industria del cine de Hollywood en su dependencia de éxitos que puedan trasladarse a otros formatos para mantenerse a flote.

Para comprender la magnitud de la tendencia, pensemos que del total de ejemplares vendidos entre los 400 títulos más vendidos durante 2012, dos auto­ras: E.L. James (Fifty Shades of Grey) y Suzanne Collins (The Hunger Games), representaron en conjunto 25%, según datos registrados por USA Today. De hecho, Fifty Shades of Grey de James puede ser la franquicia de ficción más dominante en la historia, con la venta de 13.4% de los ejemplares del Top 400, más que la saga de Harry Potter o Twilight en sus años de apogeo.

El éxito sin precedentes de la serie Fifty Shades of Grey fue el factor principal en el salto de 75% en las ganancias, a 431 millones de dólares (mdd), de la editorial Random House, entre 2011 y 2012. El golpe de suerte fue tan grande que la compañía dio a cada uno de sus empleados un bono de 5,000 dólares (risible en Wall Street, pero algo más que significativo en el flojo mundo de la edi­ción).

Las ventas tienen el potencial de repuntar nuevamente cuando una anun­ciada versión cinematográfica llegue a las salas a finales de 2013, como ocurrió con el estreno de la primera película de The Hunger Games (Los Juegos del Hambre).

Para los escritores que pueden entregar una franquicia, el potencial de recom­pensa económica es diferente a cualquier otro en la historia editorial.

Según estimados de Forbes, James recaudó 95 mdd el año pasado, Shannon recibió un adelanto de seis cifras por su serie. Si todo sale como sus editores esperan, ella hará millo­nes de dólares, al igual que ellos.

Sin embargo, todo esto implica un nuevo problema: los editores se han vuelto expertos en comercialización, en la amplificación y en la explotación de sus más grandes éxitos; pero aún tienen, para empezar, que encontrarlos.

Las nuevas franquicias de libros deben ser inventadas en primer lugar. Y, sin ellas, las grandes editoriales están en serios, muy serios, problemas.

 

Libros y tecnología

Mientras que los libros siguen siendo considerados como el último bastión romántico, le tecnologia tiene “la capacidad”, como le llama Michael Pietsch, director ejecutivo de Hachette Book Group, “para conectar con más y más lectores más instantáneamente en entornos más comerciales y a través de más formatos”.

La mayor parte de ello son los libros electrónicos, algo que no existía hace 15 años y que ahora representa 20% del total de las ventas unitarias. A medida que ese número sube, cambia la relación del lector con los libros, así como los propios libros.

El factor de gratificación instantánea está convirtiendo best sellers ordinarios en monstruos editoriales mediante la eliminación de la fricción de compra. Los lectores que terminan un libro pueden comenzar de inmediato el siguiente, todo eso alienta las series de varios libros.

El otro gran cambio motivado por las franquicias está en el negocio de las libre­rías. Las tiendas como Wal­Mart, Costco y Target están interesadas en las series por que la robusta cabeza de curva de ventas se hace cada vez más gruesa.

Además, la tecnología ayuda. Beautiful Bastard nació como una obra de fan fiction de Twilight, haciéndose de un público en línea antes de dar el salto a una editorial más tradicional. Lo mismo hizo Fifty Sha­des of Grey, que comenzó en 2009 como un trabajo de fan fiction autopublicado llamado Master of the Universe, una serie de episodios sexuales que escalaba entre los protagonistas de Twilight.

La trilogía de Fifty Shades of Grey cuyo género fue bautizado por la prensa como mommy porn (porno para mamis), se benefició enormemente de su origen digital.

En cambio, “los lectores sólo tenían que descargarlo”, dice Bob Minzesheimer, un escritor que analiza los datos de ventas para la lista de libros más vendidos de USA Today. “La tecnología acelera todo el proceso de conformación de un best seller aprovechando el de boca en boca”.

En marzo de 2012, Random House pagó alrededor de un millón por los dere­chos de la serie Fifty Shades, de acuerdo con fuentes de la industria. Prácticamente no implicaba ningún riesgo, ya que el libro —al igual que los cómics de Marvel que derivan en un sinfín de éxitos de taquilla en Hollywood— era una franquicia probada con un número masivo de seguidores.

Hasta ahora, la trilogía ha vendido más de 35 millones de copias en Estados Uni­dos y más de 70 millones de copias a nivel mundial. James se negó a hacer comen­tarios a Forbes, pero estimamos que sus ingresos personales durante los últimos dos años superan los 100 mdd.

En mayo, Amazon Publishing, creó la extensión del modelo E.L. James: un programa para escritores de fan fiction. Es como el código abierto informá­tico, pero con palabras.

En un acuerdo con Warner Bros., los escritores podrán utilizar legalmente personajes, temas y argumentos de series populares como Gossip Girl, The Vampire Diaries, como base para sus propias obras originales.

Si E.L. james representa la nueva fórmula más prometedora del mundo editorial, otro escritor llamado Hugh Howey representa una amenaza existencial.

El sujeto de 38 años, que pasa horas detrás del mostrador de una librería en Carolina del Norte, se ha convertido en un emprendedor editorial superestrella a partir de que, en 2011, los lectores vol­vieron best sellers sus cuentos postapoca­lípticos en línea. Todo, sin la ayuda de la industria editorial tradicional.

Así, cuando escribió Wool, su primera novela corta, ambientada en un futuro donde los humanos viven bajo tierra, luchando por su supervivencia, decidió saltarse la ruta tradicional de la industria del libro y publicarlo él mismo en Amazon.com.

Esa decisión lo volvió multimillonario. A los pocos meses había vendido más de 14,000 copias de su trabajo, y los lectores clamaban por más. Así que escribió nue­vos libros de Wool. En mayo de 2012 ya estaba ganando más de 125,000 dólares mensuales.

A pesar de que finalmente encontró un agente que le ayudará a vender los dere­chos en el extranjero (una edición en un solo volumen de Wool ha sido publicada en 30 países), cerrar un gran acuerdo para una película (con 20th Century Fox a la cabeza y Ridley Scott en la producción) y alcanzar un acuerdo de seis cifras con Simon & Schuster que implica un acuerdo limitado de derechos de impresión en Estados Unidos, Howey mantiene el con­trol de todos los aspectos fundamentales de su negocio editorial, desde la comercia­lización hasta la distribución.

Él fija los precios, determina el arte de la portada y gana 70% de cada libro electrónico y entre cinco y seis dólares por cada ejemplar físico que vende a través de la división CreateSpace de Amazon, con­tra el dólar o menos por libro que ganaría a través de Simon & Schuster.

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El éxito

Pero no todos los escritores, por supuesto, tienen un perfil emprendedor. Samantha Shannon, quien acaba de graduarse de Oxford, dice que nunca consideró la ruta de la autopublicación y está feliz de ser el talento y contar con un agente, un editor y un editor para guiarle. “No soy una ven­dedora por naturaleza”, dice. “Sólo quiero dedicar mi tiempo a la escritura”.

El camino de Shannon al éxito es arquetípico. Formada en la era Potter (“Crecí junto a Harry”, confiesa), a sus 15 años había escrito su primera novela que había sido rechazada por Godwin, uno de los agentes literarios más conocidos del Reino Unido y amigo de un amigo.

Durante una pasantía con Godwin, Shannon se abrió paso entre libros apren­diendo cuáles novelas funcionan y cuáles no y por qué. Durante su estancia en la escuela terminó el nuevo libro —que cuenta con elementos argumentales simi­lares a los de The Hunger Games— y se lo mostró al influyente agente. Godwin lo leyó y quedó impresionado. Él mismo lo envió a Pringle, quien, a pesar de su aver­sión al género de ficción, no pudo dejar de leerlo.

Pringle entró en la batalla para firmar The Bone Season junto a una serie de edi­toriales más, y ganó los derechos para los tres primeros libros de la serie dando un anticipo de seis cifras. Los derechos ya se han vendido en otros 20 países, y los estudios Imaginarium en el Reino Unido ganaron a otros tres estudios de cine la oportunidad de llevar las ideas de Shan­non a la pantalla grande.

La prueba de fuego ha comenzado: ¿La gente realmente lo comprará? Si lo hace, Godwin, quien ha trabajado con varios ganadores del Premio Booker, pero nunca antes había sido asociado con una franqui­cia potencial, se encontrará en un lugar poco usual.

“Pero uno que disfrutaré mucho”. Y la pequeña Shannon ríe.

 

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