*Por José Miguel Torres

La búsqueda de nuevas formas de dinero continúa, y el pasado junio Facebook dio a conocer que también entraba a la carrera, pues anunció el proyecto Libra, planteando el siguiente problema: “En el mundo hay 1,700 millones de personas sin acceso a instituciones financieras, y en 2018 aquellos que viven y trabajan fuera de sus países de origen enviaron 689 mil millones de dólares en remesas, de los cuales 25,000 millones se ‘perdieron’ vía comisiones; Libra, un ‘dinero global estable’, permitirá a una niñera en Hong Kong cambiar sus dólares de Hong Kong a Libras, que podrá enviar por Internet a su mamá en Filipinas, quien las podrá cambiar a pesos filipinos; Libra no estará anclada a ningún país y dará a la gente una forma de mover dinero sin fricciones a lo largo del mundo vía internet”.

Aunque para Walter Bagehot, uno de los primeros editores del periódico inglés The Economist, sólo el oro era dinero, para un economista “dinero” es cualquier activo que se puede usar fácilmente para llevar a cabo transacciones, y tiene muchas formas.

En la economía mexicana hacemos transacciones con un objeto cuya única función es servir como dinero: monedas y billetes de pesos. Estas piezas de metal o papel valdrían muy poco si no fueran aceptadas ampliamente como tal. Este dinero que no tiene valor intrínseco se conoce como dinero fiduciario porque su rol lo obtuvo por decreto gubernamental.

Aunque hoy el dinero fiduciario es el más común en la mayoría de las economías modernas, en el pasado el más común era un objeto con un valor intrínseco, que es conocido como dinero commodity.

Tal vez el ejemplo más famoso es el oro, pues además de usarse para hacer negocios, puede usarse en joyería o para tapas dentales.

El brinco al ‘tercer tipo’ de dinero

En 2008 alguien de seudónimo “Satoshi Nakamoto” publicó un artículo exponiendo la idea del bitcoin, una nueva forma de dinero que no es ni fiduciario ni commodity: su valor se deriva de una combinación de matemáticas y conectividad global. Bitcoin no es más que líneas de código computacional. En particular, las transacciones son validadas a través de un proceso llamado “minería”, donde varias computadoras compiten para resolver un complejo problema matemático que valida la transacción, donde los ganadores son premiados con bitcoins.

Una vez resuelto el problema, la transacción se registra en un blockchain (una base de datos pública) y el nuevo bloque de datos no puede ser borrado.

En principio cualquiera podría participar en esta minería, por ello se dice que el blockchain del bitcoin es “permissionless”, pero en realidad, hoy su minería está en manos de unas cuentas empresas que cuentan con un poder de cómputo masivo, capaz de resolver los problemas matemáticos.

Además, los bitcoins se tienen que guardar en “carteras digitales”, que son cifradas y seguras, (tanto, que incluso se pueden perder millones de dólares si no se conoce una contraseña).

A pesar de estas características, el bitcoin todavía no ha logrado posicionarse como dinero por dos razones.

Primero, entre septiembre y diciembre de 2017 su precio subió de 4,000 a 19,000 dólares, y hoy se cotiza en cerca de 12,000 dólares: esta volatilidad lo volvió popular entre especuladores e inversionistas, al mismo tiempo que desalentó a los comerciantes a aceptarlo como forma de pago.

Segundo, su infraestructura computacional es tal que sólo puede procesar siete transacciones por segundo: el año pasado la autorización de una transacción llegó a tardar hasta una semana, reforzando la resistencia a aceptar el bitcoin como medio de pago (como referencia, el año pasado Visa, la compañía de tarjetas de crédito, procesó 5,500 transacciones por segundo).

Diseñada para resolver varios de los problemas del bitcoin, recientemente Facebook propuso Libra, una nueva criptomoneda cuyo lanzamiento está programado para 2020. Estas son algunas de sus características:

  • Libra se ha anunciado como “dinero global estable”: estará respaldado por una canasta de monedas de baja volatilidad como el dólar americano y el yen japonés, lo que debería volverlo atractivo para el comercio y no para la especulación.
  • Libra será un blockchain “permissioned”: la Asociación Libra, una organización sin fines de lucro establecida en Suiza, operará las computadoras que validarán las transacciones.
  • Facebook ha anunciado que está dispuesto a ajustarse a un marco legal para desalentar que se convierta en el método de pagos estándar de la dark web.
  • Libra se tiene que guardar en la cartera digital Calibra, que estará integrada a Messenger y WhatsApp, con dos mil millones de usuarios.
  • Facebook no será el único miembro de la Asociación Libra: hasta ahora más de veinte empresas, incluyendo Uber, Spotify, MasterCard, y Visa, han anunciado su intención de pagar una cuota de entrada de 10 millones de dólares y 250 mil dólares anuales, para pertenecer al proyecto.

Todavía no es claro cómo Facebook va a obtener ganancias de este proyecto:

  • Tal vez de las comisiones que se cobren al convertir Libras a dinero físico y viceversa.
  • De los intereses que generen las reservas de Libra
  • Podría ser de las comisiones que paguen los comerciantes que acepten Libra como forma
    de pago.
  • ¡O de los datos que generen las transacciones!

Además, las implicaciones económicas, sociales, y legales de Libra todavía son materia de activa discusión: por ejemplo, ¿con una moneda controlada fuera del dominio público, que significará “política monetaria”?, o ¿qué pasará en aquellas economías débiles donde sus ciudadanos decidan dejar de usar su moneda local en favor de Libra?

Tanto economistas como científicos computacionales no estamos cruzados de brazos, y académicos como Eric Budish, de la Universidad de Chicago, ya están pensando activamente en los límites económicos de los blockchains y las criptomonedas… Entre tanto ¡Lo cierto es que el criptodinero ya está aquí!

*Profesor de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey y Doctor en Economía por Harvard University

 

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