El hasta ahora presidente de la FIFA presidía la organización rectora del deporte más popular del mundo. Una religión para millones de aficionados, y que tiene la publicidad y los medios como sus pregoneros. El Mundial de 2014 dio muestra de las enormes ganancias de organizadores y marcas ponen en evidencia que el nuevo ‘Olimpo’ ha sido levantado por una constelación de millonarios menores de 30 años.

 

Texto publicado originalmente el 2 de junio de 2014.

Por Ivan Pérez

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Gareth Bale es un futbolista que nació en Gales, jamás ha jugado una Eurocopa ni un Mundial. Pero este chico es el segundo fichaje más alto de todos los tiempos, después de Cristiano Ronaldo; el Real Madrid pagó por él 125.6 millones de dólares (mdd).

El futbol es una industria que crece año con año. El académico Manuel Sbdar relata en una investigación de la Universidad Di Tella, de Argentina, que Antonio Rattín, capitán de la Selección de Argentina, fue el encargado de negociar con las marcas alemanas Adidas y Puma para que todos sus compañeros llevaran sus zapatos en el Mundial de Inglaterra, en 1966. El acuerdo se dio por 3,200 dólares y le correspondieron 145 dólares a cada jugador. Casi 50 años después, su compatriota Lionel Messi factura 36 mdd en un año por contratos comerciales.

Hoy en día, el balompié mundial vale 210,138 mdd anuales, lo que incluye todos los contratos comerciales, el valor de todos los futbolistas del planeta, el costo de las franquicias y lo que producirá el Mundial de Brasil este año. Aterrizando cifras, sería la economía número 45 del mundo.

Euromericas Sport Marketing detalla que el negocio (derechos de tv y contratos comerciales) en el fútbol europeo alcanza al año al menos 93,065 mdd, sin contar el valor de los clubes y de los futbolistas.

“Los dueños de los equipos no se preocupan, en lo absoluto, por el dinero. La fortuna del ruso Dmitry Rybolovlev (propietario del Mónaco y un magnate de los fertilizantes), es de 9,100 mdd; mientras que la de Roman Abramovich (dueño del Chelsea) se calcula en 10,200 mdd”, dice Simon Kuper, columnista del Financial Times y autor del libro Soccernomics (Nation Books, 2009).

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Inversiones y ganancias

La FIFA tiene 209 miembros (supera los 193 de la ONU). Podría entonces decirse que es más grande que el organismo que se proclama como el más universal. Carrión Mena dice que el futbol es organizado por la “mano invisible de la multinacional monopólica de la FIFA, bajo un sistema regulatorio absolutamente centralizado”.

La Copa del Mundo es el evento que más recursos le genera al máximo organismo rector del fútbol internacional, pese a que se realiza cada cuatro años. El campeonato que se desarrollará en Brasil dejará 27,700 mdd, detalló recientemente el Ministerio de Turismo de aquel país; y además se generarán más de 47,900 puestos de trabajo.

“La FIFA obtiene el 95% de sus ingresos de lo que producen todos los mundiales. El crecimiento de ingresos en cuanto a Sudáfrica (el torneo anterior) se calcula en un 45% promedio superior en facturación”, comenta Gerardo Molina, presidente de Euromericas Sport Marketing.

Pero no todas las cifras son para festejar. Los altos costos de organización se han incrementado considerablemente. En 1930, se construyó el Estadio Centenario de Uruguay como parte de la infraestructura del primer Mundial de la historia con un costo de 1 mdd. Para junio de 2014, el mítico Maracaná en Río de Janeiro se remodeló a razón de 500 mdd. Si comparamos las últimas tres Copas del Mundo, la inversión para construir o remodelar estadios se ha duplicado.

En Alemania 2006 el gobierno y la iniciativa privada gastaron 1,500 mdd; para Brasil la cifra es de 3,400 mdd.

La clave para que la Copa del Mundo sea rentable, dice Gerardo Molina, es “generar audiencias para poder crear un movimiento económico de publicidad y marketing de parte de las empresas locales e internacionales”.

Las cuentas finales dictan que Brasil habrá invertido 38,000 mdd, lo que significa 11,000 mdd más que lo que ingresará por la justa. “Nosotros no le impusimos el Mundial a Brasil”, dijo Joseph Blatter, presidente de la FIFA en junio del año pasado, cuando en las calles del país se protestaba por los altos costos de la organización. Total, la FIFA ya tiene llenas sus arcas.

 

El viejo continente

La riqueza del soccer proviene de Europa. Un informe de la consultora Deloitte llamado Annual Review of Football Finance detalla que los principales ingresos son acaparados por las cinco ligas más importantes (Inglaterra, Francia, España, Alemania e Italia); no sólo eso, la cartera de futbolistas en el planeta se cotiza en 40,000 mdd y los clubes del viejo continente tienen 33,018 mdd de esos activos.

“A pesar de la crisis que vive la zona euro, el fútbol sigue una dinámica propia, alejado del desplome de programas económicos de ciertos países”, reflexiona Gerardo Molina, presidente de Euromericas. De acuerdo con el documento anual de Finanzas de la UEFA, el organismo rector del fútbol europeo, las cifras crecen anualmente a un ritmo de 11%.

La Universitat Ramón Llull de Barcelona relata en un estudio que este deporte significa 2% del PB continental. La economía europea en el fútbol supera a la de los otros países. “La iniquidad existe en todas las ligas del mundo”, dice Gerardo Molina.

Veamos: si sumamos todo lo que vale la Liga MX y lo que factura la Selección Nacional Mexicana, el fútbol nacional tiene un precio de 2,460 mdd; nada qué ver con los 4,000 mdd que reporta la Premier League de Inglaterra (a la que habría que agregarle el valor de todas sus franquicias).

Entonces, ¿en qué otro sitio hay futuro para el negocio del fútbol? “En Japón”, responde José María Gay de Liébana, profesor titular de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Barcelona. Asia, el Lejano Oriente, son los mercados emergentes del balompié internacional.

Desde hace más de 10 años, los clubes europeos ven que los recursos en casa se agotan y el dinero está en Asia. Recientemente, la empresa Ping An Insurance pagó 96.7 mdd por darle nombre a la Superliga de China; mientras que compañías de Singapur e Indonesia están dispuestas a pagarle a Gareth Bale 4.1 mdd sólo por una gira de menos de una semana por sus territorios para promocionar sus marcas.

En China, dice María Gay, hay 70 millones de consumidores del futbol; pero en Japón “quieren ver fútbol español”. En los últimos años, Real Madrid, FC Barcelona, Manchester United, Liverpool, Chelsea y los equipos más importantes del mundo deciden hacer su pretemporada en territorio asiático. ¿El motivo? Por 90 minutos y unas cuantas fotos en actos promocionales, reciben 5 mdd.

Estados Unidos es otro de los mercados potenciales. Ahí han llegado estrellas como David Beckham, Thierry Henry, y el valor de las franquicias, de acuerdo con Forbes, año con año pueden incrementarse hasta 50%. En 2010, un club de la MLS, la liga de Estados Unidos, no valía más de 50 mdd; hoy, el Galaxy de Los Ángeles se cotiza en más de 100 mdd.

Todos hacen negocio, incluso Gareth Bale, quien recientemente registró en la Oficina de Patentes, Marcas y Propiedad Intelectual británica el corazón que forma con las manos cada que marca un gol. Es un hecho que este verano lanzará su línea de ropa con el logo del “amoroso” festejo; mientras Pelé o Maradona —los mejores de todos los tiempos— jamás obtendrán la fortuna de un jugador que ahora está de moda.

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