Por José Miguel Moreno

La presión era mucha. Y, al final, el gobierno mexicano cedió. Quizá no tanto como se especuló, pero el aumento al salario mínimo (sm) nominal, de 10.4%, es el más alto desde 1998. El gobierno mexicano tiene una deuda histórica con los trabajadores y el combate de la pobreza, y aún es mucho lo que le queda por hacer. Son varios años de rezago a la hora de ajustar el sm y, si los avances en la reducción de la pobreza son parcos, es en parte porque el mínimo es un salario de hambre, que excluye, margina y no garantiza el derecho constitucional de cubrir “las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de los hijos”.

El sm en México es, como lo diría el Premio Nobel de Economía, Amartya Sen, una injusticia manifiesta, en sí misma y comparada con la del resto del mundo, y que precisa ser remediada. Desde las crisis sexenales a partir de la década de 1980, el derrumbe del poder adquisitivo del sm nunca se ha recuperado ni se ha hecho un esfuerzo para que así sea. Hoy, su capacidad de compra es más de 70% menor que a principios de 1982, pese a que, nominalmente, ha subido más de 32,000%. Ese nivel de pérdida de poder adquisitivo se alcanzó a mediados de los años de 1990, tras la devaluación de finales de 1994. Desde entonces, el sm real se ha mantenido prácticamente estable, sin que se realizara un esfuerzo para que el asalariado recuperara el poder de compra perdido.

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El salario anual en México representa 40% de lo que ingresa un miniasalariado brasileño (4,753 dólares anuales) o en torno de un 27% de lo percibido en Colombia o chile, de casi 7,000 dólares anuales. Foto: Fernando Luna Arce / Forbes México.

El trabajador mexicano, al menos aquel que percibe el sm, es el peor remunerado entre los países de la OCDE. Medido por la paridad de compra en términos reales, el sm en México fue, en 2016, de sólo 0.9114 dólares la hora, el más bajo de la OCDE. Si consideramos las 2,080 horas que se trabajan al año, arroja un salario anual de 1,895.7 dólares. Ese salario anual, para contrastarlo con los países de la región, representa un 40% de lo que ingresa un miniasalariado brasileño (4,753 dólares anuales) o en torno de un 27% de lo percibido en Colombia o Chile, de casi 7,000 dólares anuales. Si lo comparamos con los socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, un miniasalariado de Estados Unidos cobra, anualmente, 14,892 dólares, y uno de Canadá, 16,792 dólares.

Lo triste es que no sólo el sm de México es el más bajo, sino que la brecha entre el sm mexicano y los del resto del mundo se ha ampliado desde la gran crisis financiera, excluyendo a Europa, una región de elevados niveles de bienestar, donde la crisis ha forzado a los gobiernos a moderar sus políticas sociales. Los 0.9114 dólares de 2016 de México se comparan con 0.88634 dólares en el año 2007, lo que implica un crecimiento de 5.6%. En la depauperada Grecia, el sm se ha desplomado casi un 18% durante ese periodo, en tanto en Bélgica ha retrocedido un 0.7%. También ha crecido poco en el Reino Unido (+1.9%), España (+2.2%) o Francia (+4.7%). Pero el sm de los socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se ha distanciado más del de México. En Estados Unidos, el sm se ha incrementado en torno a un 15% entre 2007 y 2016 y, en Canadá, casi un 22%. En Latinoamérica, los salarios mínimos de Brasil y Chile han aumentado en torno a un 33%.

Por tanto, pese a que el sm en México está muy rezagado, tanto en sí mismo como en relación con lo que pasa con el resto del mundo, las autoridades han realizado pocos esfuerzos para resolver esa injusticia. Esa falta de voluntad contrasta con lo sucedido en Brasil. A principios de siglo, en el año 2000, el sm del gigante sudamericano equivalía a un salario anual de 2,278.6 dólares, según cifras de la OCDE. Ese salario era mejor, en un 29%, que los 1,767.7 dólares que se percibían en México. Dentro de la política de “Hambre Cero”, el presidente brasileño Lula da Silva priorizó, como un punto elemental, la estrategia de mejorar el sm, el cual, en 2017, ha crecido un 109% con relación al año 2000. En México, en ese mismo lapso, ha aumentado un 7.2%. El sm de Brasil, en 2017, de 4,753 dólares, es un 150% superior al de México.

Precisamente, la crisis financiera ha caldeado el debate sobre el sm. La percepción es que, en este ciclo de recuperación económica, la globalización ha favorecido las rentas empresariales en contra de las del trabajador. Así, mientras las grandes compañías ven cómo se inflan sus beneficios corporativos, los trabajadores perciben salarios estancados. En medio de esta creciente desigualdad, el tema del sm está en el centro del debate político, más aun después del best seller de Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI. En Estados Unidos, Barack Obama impulsó la propuesta para mejorar los salarios; en Alemania, Angela Merkel accedió a incrementarlos. México no se ha quedado fuera de esta discusión, centrada en cuál debería ser el nivel del salario para cumplir con el mandato constitucional de que el trabajador tenga una vida digna.

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Nominalmente, el salario mínimo actual en México es más de 32,000% superior al de 1982, pero su poder adquisitivo real es más de 70% más bajo. Foto: Susana Gonzalez/Bloomberg via Getty Images

El debate ha sido intenso, pero los logros, moderados. Es hasta este 2017, que varias fuerzas se han conjurado y han forzado la reacción de las autoridades. En primer lugar, el comportamiento de la inflación ha sido el peor en mucho tiempo. Entre la depreciación del peso mexicano y el “gasolinazo” de inicio de año, la inflación puede terminar 2017, según la última encuesta de Banxico, en 6.24%. De ser así, la inflación no habría sido tan alta en México desde 2008, en plena gran crisis financiera, cuando los precios se elevaron un 6.53%. No hacer un reajuste sustancial en el sm para compensar la elevada inflación sería asestar otro golpe a los bolsillos de las clases más necesitadas. En segundo lugar, los argumentos son aún más fuertes si tenemos en cuenta que estamos en un año electoral, en el que el PRI se juega conservar la presidencia. El presidente Enrique Peña Nieto, tras su anuncio, presumió que el salario nominal, en lo que llevamos del sexenio, se ha incrementado en un 45% en términos nominales, y un 20% en términos reales. Y, en tercer lugar, hay que añadir las presiones económicas provenientes de los socios del TLCAN, quienes consideran que México, con sus salarios tan bajos, incurre en “dumping” social. Con tantas presiones, el gobierno tuvo que reaccionar y conceder, por segundo año, un notable aumento al sm. Pero ¿qué implica ese incremento de 10.4% para los diferentes agentes económicos? En principio, es menor al 19% planteado por la Coparmex y al 12% que proponía la Secretaría del Trabajo.

Para el Banco de México, el más conservador por ser el guardián de la inflación, el ajuste de 10.4% es adecuado. El ortodoxo Agustín Carstens, tan celoso de mantener la pulcritud de todas las variables macroeconómicas, no incorpora la pobreza en sus modelos. Puede aceptar y justificar un “gasolinazo” pese a su impacto inflacionario; pero nunca un “salariazo”. Por eso, se encargó de presionar, desde Banxico, para que a las autoridades no se les fuera la mano, advirtiendo que un aumento del sm desproporcionado en relación con las ganancias de productividad podría complicar el proceso de convergencia de la inflación al 3% el año que viene. Además, para evitar un fuerte impacto inflacionario, el aumento salarial está partido en dos: primero, un ajuste de 5 pesos por concepto de “monto independiente de recuperación” o MIR, que sólo repercute en los trabajadores asalariados que perciban un sm y que no debe impactar a los salarios de contratación colectiva. Y, segundo, un ajuste adicional de 3.32 pesos, o un 3.9% adicional, para llevar el sm a los 88.36 pesos. Ese incremento porcentual, equivalente al anunciado el año pasado y ligeramente superior a la inflación esperada por los analistas para 2018 (3.80%), es el que previsiblemente tomarán los sindicatos como base para las revisiones salariales. Por tanto, si bien la entrada en vigor del nuevo sm puede implicar ligeras presiones al alza a final de año, Banxico lo calificó, en su informe trimestral, de “prudente”, y no modificó sus expectativas inflacionarias para 2018.

Para Estados Unidos y Canadá, la revisión es insuficiente y no modifica su percepción de que México compite injustamente con su mano de obra barata. Los 88.36 pesos al día, equivalentes a 4.71 dólares actuales, contrasta con los 58 dólares de Estados Unidos, un salario 12 veces mayor, o los 69.29 dólares de Canadá. Si uno de los objetivos del TLCAN era incrementar la prosperidad en la región, mejorar la calidad de vida y hacer converger los estándares materiales, el resultado para México es un fracaso.

Esa ampliación de la brecha salarial entre México y sus socios no vale sólo para el sm, es general. Por ejemplo, y según cifras del Inegi, el salario por hora pagado en la manufactura mexicana era de 2.5 dólares en 2007. En 2016, se había reducido a 2.1 dólares. Por el contrario, en Estados Unidos aumentó de 17.3 a 20.4 dólares la hora, casi 10 veces más de lo que se percibe en México. Y, si vemos el salario promedio anual, medido por la paridad de poder de compra, es lo mismo: desde la entrada en vigor del TLCAN, en 1994, el salario promedio anual de los mexicanos se ha recortado 4%, en tanto que el de los canadienses ha aumentado 39% y, el de los estadounidenses, 34%.

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Medido por la paridad de compra en términos reales, el salario mínimo en México fue, en 2016, de sólo 0.9114 dólares la hora, el más bajo de la OCDE. Si consideramos las 2,080 horas que se trabajan al año, arroja un salario anual de 1,895.7 dólares. Foto: Fernando Luna Arce / Forbes México

El objetivo de Coparmex era llevar el sm a un nivel suficiente para cubrir la “línea de bienestar”, establecida por el Coneval. En 2017, el sm, de 80.04 pesos, sólo cubría 84% de la línea de bienestar; con el aumento de 8.32 pesos, para llevarlo a 88.36 pesos, se cubre el 92.76%, pero no el 100% que buscaba la patronal. Según Coneval, el sm para que un trabajador cubra la canasta básica alimentaria es de 94.35 pesos diarios. Por tanto, el trabajador peor remunerado en México en el sector formal, aun trabajando a tiempo completo, está condenado a seguir en la pobreza.

México tiene mucho trabajo por delante para saldar esa deuda histórica con los trabajadores. El incremento anunciado para 2018 va en ese sentido: mejorará el salario real y no generará inflación, pero el rezago es mucho y es insuficiente para combatir la pobreza, satisfacer a los socios del TLCAN y acabar con esa injusticia manifiesta.

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