Las cinco compañías más grandes del mundo en 2018, en función de su capitalización de mercado, fueron Apple, Alphabet (Google), Microsoft, Amazon y Facebook. Todas empresas de tecnología, cuyo precio se ha incrementado considerablemente en los últimos años.

Lo lógico sería pensar que sus utilidades lo han hecho igual, pero la realidad es que el precio de sus acciones se mueve más rápido que sus ganancias, generando la duda de si el mercado está sobrevaluándolas.

El reto de invertir consiste en saber identificar las oportunidades que, con menor riesgo, generen el mayor rendimiento por su inversión. Hace una década esto era relativamente sencillo, ya que las empresas más grandes estaban en negocios relacionados con gasolina, como Exxon y Chevron, o eran conglomerados, como General Electric, cuyo valor estaba soportado por sus activos tangibles, claramente identificados en sus estados financieros. Actualmente, eso ha quedado atrás, tan sólo hay que voltear a un mercado dispuesto a pagar más de 300 veces el valor en libros de Cisco.

Existen varias posibles explicaciones para esta conducta: desde avaricia o un exceso de liquidez en los mercados, hasta el hecho de que el apetito por las empresas de tecnología es en reconocimiento al valor de sus activos intangibles que no tienen lugar en los estados financieros: marca (Apple), capacidad de distribución (Amazon), suscriptores (Facebook), tecnología (Alphabet), contenido (Netflix).

La anunciada transacción donde IBM compra a Red Hat por 34 mil millones de dólares (12 veces sus ingresos del último año) confirma el valor que representa la escalabilidad del software, que puede crearse o distribuirse prácticamente sin un costo material. La operación otorga a IBM la posibilidad de convertirse en el proveedor de nube híbrida número uno del mundo y de acelerar el cambio en la base de ingresos de la compañía a software y servicios digitales de alto crecimiento.

¿Cómo evaluar la oportunidad de invertir en estas empresas?

La valuación por medio de flujos de efectivo descontados, aunque pueda sonar anticuada, funciona donde otros métodos fallan, dado que los principios básicos de economía y finanzas son de aplicabilidad general. La dificultad para el inversionista común es que resulta prácticamente imposible pronosticar el desarrollo esperado a largo plazo del mercado potencial de la compañía, mientras el negocio evoluciona de su inicial crecimiento acelerado y condición incierta, a un estado de crecimiento moderado y sostenido en el futuro. Ni hablar del nivel del retorno sobre el capital que la compañía podría ser capaz de ganar.

La aplicación de múltiplos de mercado es más popular, ya que es una especie de atajo que da la impresión de saber mucho sobre el sector. El peligro de usar múltiplos es su aplicación indiscriminada y sin conocimiento de la información subyacente que lo origina.

 El mercado premia a las compañías que muestran mayores crecimientos

No todas las compañías son iguales. Incluso entre las de tecnología hay diferencias que hacen que el mercado las evalúe diferente. Tenemos las compañías SaaS (software-as-a-service) que ofrecen primordialmente sus soluciones vía la nube y por medio de modelos de precios basados en suscripciones o transacciones, como Dropbox. Por otro lado, están las compañías de Software, aquellas que se asumen en el modelo de negocios de licencias o en etapas tempranas de convertirse en modelos basados en suscripciones, como SAP, Oracle y Microsoft.

Las primeras se intercambiaron durante 2018 por 5.8 veces sus ingresos, mientras las segundas lo hicieron a un nivel de 3.7 veces (más de 50% de diferencia). ¿Por qué? En ambas categorías existe una fuerte correlación entre el crecimiento de los ingresos con los múltiplos a ingresos, lo que significa que el mercado premia a las compañías que muestran mayores crecimientos. Los ingresos de las compañías SaaS crecen anualmente entre 25 y 30%, mientras que los de las compañías de software lo hacen alrededor del 10%.

No debe sorprendernos que los precios de las acciones de compañías de alto crecimiento sean típicamente mucho más volátiles que las de empresas con negocios maduros. Sin embargo, hay que aceptar que en el sector tecnología y, sobre todo, tratándose de tecnología verdaderamente innovadora, hasta los expertos conviven con la prueba y el error.

Hace casi 5 años Facebook compró al líder en realidad virtual, Oculus, por 3 mil millones de dólares. Mucho se hablaba de cómo esta tecnología cambiaría nuestro entorno. Sin embargo, al día de hoy, la realidad virtual sigue siendo utilizada prácticamente sólo para videojuegos, los equipos siguen siendo poco prácticos y caros, con lo que las ventas no han despegado y la inversión no ha sido recuperada.

La innovación requiere de grandes inversiones y significa también grandes riesgos en la búsqueda de desarrollar novedosos productos o servicios. Si como inversionistas estamos dispuestos a correrlos, no hay nada qué temer; sólo hay que ser pacientes y tener un “plan B”.

Por: Adriana Berrocal, socia líder de TMT en Asesoría Financiera, Deloitte México

www2.deloitte.com/mx

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