Por Justin Facey, director regional de TIBA en Norteamérica, Centroamérica y el Caribe.

México reúne una peculiaridad que pocos países tienen: es un país con un ingente volumen para importar y exportar, a la par que zona de tránsito de mercancías. Esto provoca que sea una parada obligatoria en muchas operaciones de comercio exterior, y el flujo logístico es enorme.

De forma complementaria, México también mira al exterior. Según datos del OEC, México exporta principalmente a estos países: Estados Unidos (73%), Canadá (6.1%), China (2%), España (1.5%) y Brasil (1.3%). Por áreas, el sector petroquímico es el rey indiscutible, con un 9.2% de volumen de exportación de crudo. Y, como detrás de todo rey hay una gran reina, la industria automotriz domina con un 8.2% en automóviles armados, seguido por autopartes (5.7%), camiones de reparto (5.7%) y computadoras (4.6%).

 

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Vistos en paralelo, estos porcentajes arrojan varias conclusiones. La primera, que Estados Unidos (y por extensión, Canadá) se nutre de la manufactura de México. Esto puede resultar un arma de doble filo, ya que el crudo y la industria automotriz, aunque lucrativos, son modelos de negocio consolidados que no obedecen a búsquedas de nuevas oportunidades específicas del país mexicano.

Las principales oportunidades de negocio en otros países dependen de las demandas que México puede satisfacer. ¿Está de moda el mezcal en Alemania? ¿Se está potenciando el uso del aguacate entre los restaurantes de Finlandia? ¿Tal vez el tequila está ganando terreno al sake en Japón? El olfato de los empresarios, unido a un apropiado estudio de mercado, será lo que nos oriente a exportar en una u otra dirección.

Si disponemos de un colchón económico inicial para ayudarnos a exportar un producto, podemos obtener muchos beneficios. Los requisitos varían en función del país donde exportemos, pero un factor común a todos los exportadores del mundo es la pregunta que abre todo proceso de comercio exterior: “¿Por dónde empiezo?”

Es aquí donde la presencia de un operador logístico para ayudarnos con los trámites se vuelve esencial. Lo que quieren todos los exportadores es que su mercancía viaje de un punto a otro sin preocupaciones, y pocas empresas en México pueden garantizar esto hoy en día. Un ejemplo de ello es TIBA, la empresa que represento, que pertenece a un grupo empresarial sólido con más de 40 años de experiencia y oficinas repartidas por Europa, Estados Unidos, Centroamérica, el Caribe, Sudamérica, así como en Asia, y que realiza operaciones en los cinco continentes. Estos son factores que garantizan experiencia, asesoría profesional, solidez y confianza. La adaptabilidad a las necesidades de los clientes es crucial para poder ofrecer un servicio integral.

 

 

Las verticales de TIBA abarcan desde las operaciones especiales de Carga Proyecto, Oil & Gas (cargas sobredimensionadas y pesadas) hasta el transporte de productos perecederos, pasando por el manejo de líquidos a granel, bebidas embotelladas, logística hotelera y la omnipresente industria automotriz, una vertical que requiere de una absoluta sincronización para que todos los materiales lleguen en la cantidad exacta y el momento preciso.

La logística, por tanto, es la herramienta de la cual se sirve el mundo globalizado para ser lo que hoy es: un inmenso mar de oportunidades de la cual extraemos los negocios que nos apasionan. La logística moderna ha reducido los tiempos de entrega de mercancía y hoy podemos mover cualquier carga inimaginable de un país a otro. En nuestras manos está sacar partido de un planeta pequeño en distancias, pero enorme en posibilidades de desarrollo.

 

Lee también la entrevista a Justin Facey: TIBA, una empresa de logística que está rompiendo moldes.