Al igual que el joga bonito de la selección de soccer, el cine brasileño tiene sus sutilezas y evidencias estilísticas que lo vuelven distintivo y con un color especial, que lo ponen a la altura de mucho buen cine latinoamericano.

 

 

Por Ricardo Pineda

 

 

Esta es la última parte de nuestro recuento cultural de Brasil 2014, en el que hicimos un ejercicio de suposiciones y dimos rienda suelta a lo más granado del país latinoamericano, en cuanto a música, literatura y el arte contemporáneo se refiere. En esta ocasión toca el turno del cine brasileño. ¿Qué selección enfrentaría a sus similares cinematográficos?

La selección, al igual que la literaria, no fue tan fácil y contundente como en el caso de la música y el arte contemporáneo, terreno en el que son infalibles. El cine de Brasil también pasa casi desapercibido en su mayoría ante las grandes premiaciones, distribuidoras o festivales. Sin embargo, hay una curaduría muy excepcional, honrosas excepciones que lo ponen en un lugar alto y especial de calidad. Aquí la selección Forbes Brasil 2014 de cine.

Para este caso, lo ideal será una alineación 4-5-1, que nos ofrece un juego más seguro, pases a ras de suelo y centros mucho más veloces.

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Delantero: Glauber Rocha (1939-1981). Rocha es uno de los directores brasileños más queridos y conocidos del país, ubicado por su mezcla única y polémica entre misticismo, referentes culturales claros de su país y una tónica política recurrente, que la mayoría de las ocasiones se nos presentan bajo un halo serio de dramones épicos, cruentos y con personajes bien definidos. El de Glauber Rocha es un cine maduro, serio y contundente. Su origen como estudioso de las artes y novel crítico cinematográfico le dieron las herramientas suficientes para condensar un discurso expresivo, crítico, equilibrado entre la poesía y la técnico. Todo un crack.

Jugadas infalibles: Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964), Cabezas Cortadas (1970) y tierra en Trance (1967).

Medio 1: José Mojica Marins. El llamado “anticristo” del cine sudamericano, el amo del terror brasileño. Si Brasil puede ufanarse de tener entre sus huestes cinematográficas a un verdadero revolucionario, irreverente y trasgresor, eso sólo puede hacerse con Mojica Marins, quien dio vida al famoso, tétrico y hasta filosófico Zé Do Cai Zao, personaje que él mismo interpretaba, dirigía y concebía. Su repercusión cultural es hoy en día un icono ineludible, y su cine, pese a su precariedad y anticonvencionalismo es sin duda de lo mejor que tiene Latinoamérica a nivel cinematográfico.

Jugadas infalibles: This Night I’ll Possess Your Corpse (1967), Hallucinations of a Deranged Mind (1978) y O Estranho Mundo de Zé do Caixão (1968).

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Medio 2: Fernando Meirelles. Meirelles es uno de los directores contemporáneos con mayor exposición a nivel mundial. Su síntesis audiovisual es dinámica, atractiva y contundente a la hora de narrar. Con una filmografía de cerca de ocho largometrajes, producciones para tv y video, Meirelles se ha granjeado un Globo de Oro como mejor director en 2005, así como una Palma de Oro en 2008 y un Oscar como mejor director en 2003. Su cine es versátil y también prominentemente social, aunque de una tónica menos crítica.

Jugadas infalibles: Ciudad de Dios (2002) y El Jardinero Fiel (2005).

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Medio 3: Júlio Bressane. Uno de los representantes más honorables del llamado “cine marginal” de los sesenta, el de Bressane es un cine provocativo, en apariencia de bajo presupuesto (en sus inicios realmente lo fue), contundente y hasta cierto punto, práctico. Júlio escribe y dirige con estilo muy sensorial, sumamente narrativo y bajo un halo dramático inigualable, duro e incluso sombrío.

Jugadas infalibles: Face to Face (1967), Killed the Family and Went to the Movies (1969) y Days of Nietzsche in Turin (2002).

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Medio 4: José Padilha. Padilha es quizás el director más aclamado de su generación y también uno de los más disciplinados, meticulosos y críticos, sobre todo bajo su faceta de documentalista. Su saga Tropa de élite le ha granjeado loas y adeptos ajenos al género, haciéndose de relativa fama y una reputación considerable.

Jugadas infalibles: Tropa de Élite (2007) y Tropa de Élite 2 (2010).

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Medio 5: Alberto Cavalcanti (1897-1982). Cavalcanti es uno de los primeros directores innovadores de Brasil, sumamente inteligente y maduro, su cine es atesorado como uno de los valores más importantes del séptimo arte carioca, además de ser el referente cinematográfico más claro entre Francia y Brasil. Uno de los pioneros experimentales del movimiento conocido como “Cinema Novo” de las décadas de los cincuenta y sesenta, en el que Cavalcanti era conocido por combinar la ficción con el documental comprometido con su época y país.

Jugadas infalibles: Rien que les heures (1926), Le capitaine Fracasse (1928) y La p’tite Lilie (1927).

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Defensa 1: Carlos Diegues. Otro gran exponente del “Cinema Novo”, Diegues lleva a cuestas un cine profundamente crítico y combativo, de diferencias sociales y que estilísticamente le debe mucho a la Nueva Ola francesa. Su cine sufrió fuertemente la censura de la dictadura brasileña de los sesenta y setenta, a la par que su reputación lo pone como uno de los grandes cineastas políticos.

Jugadas infalibles: Xica da Silva (1976), Orfeu (1999) y Deus é Brasileiro (2002).

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Defensa 2: Mario Peixoto (1908-1992). Otro de los cineastas que comparten nacionalidad y estilismo europeo sin dejar de ser prominentementes brasileños. El de Peixoto es un cine provocador, considerado uno de los primeros realmente osados y sumamente brasileños, que abreva en buena medida de las vanguardias estéticas europeas. Simbólico y sumamente poético, Mario Peixoto es un cineasta complejo, sí, pero uno de los más atesorados e indispensables del cine brasileño. Su filme Limite es considerado como el más importante en toda la historia de la cinematografía de su país.

Jugada infalible: Limite (1931).

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Defensa 3: Walter Salles. Si bien el cine de Salles frecuentemente recibe los motes de inconsistente o mediano, lo cierto es que su obra merece una revisión y lectura más a fondo para que nos demos cuenta que estamos ante un gran director, con una técnica y disciplina cinematográficas indiscutibles que se encaminan hacia la solidez de un estilo. No por nada sus encomiendas hollywoodenses son ejecutadas con soltura y suma solvencia audiovisual.

Jugadas infalibles: On the Road (2011), Diarios de Motocicleta (2004) y Central do Brasil (1998).

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Defensa 4: Andrea Tonacci. Uno de los precursores del cinema marginal, Tonacci es reconocido hoy en día como un aportador sólido e imprescindible de la cultura brasileña, con su cine afincado en la segunda parte de los sesenta y setenta, con un cine sumamente social, político y contestatario, con un espíritu de identidad sin parangón.

Jugadas infalibles: Ojo por ojo (1966), Los Guacamayos (1981) y Guaraní del Espíritu Santo (1977-1983).

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Portero: Héctor Babenco. Cronista y denunciante urbano, Babenco tiene un cine sumamente atractivo visualmente hablando, crudo, agresivo hasta cierto punto, pero de una humanidad y calidez incomparables. Su origen judeo-eslavo-argentino lo dota de una visión global de sus miradas locales, lo cual lo catapulta como uno de los cineastas más universales de Brasil.

Jugadas infalibles: Carandirú (2003), El beso de la mujer araña (1985) y Pixote (1980).

 

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Director Técnico: Marcel Camus. El Director Técnico de esta selección cinematográfica es otro que no nació en Brasil, sino en Francia, pero que tiene bajo el brazo una de las producciones que mejor definen al país sudamericano: Orfeo Negro de 1959, que ganó la Palma de Oro de 1959 y que está cargada de una poética y belleza inigualables, sumamente existencialista y profunda.

Jugadas infalibles: Orfeo Negro (1959), Otalia de Bahia (1975) y Les Pionniers (1959).

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