A muchos les gusta que el Mundial del futbol se celebre en Brasil; otros hubiéramos preferido una justa literaria. Si ése fuera el caso, ¿cuál sería la selección ideal?  

Por Ricardo Pineda

Si un grueso importante de la música brasileña es una suerte de hoyo negro perdido entre sus artistas de proyección internacional y los éxitos comerciales de América Latina, lo es más aún su literatura. Brasil tiene excelente plumas; sin embargo, las que llegan al resto del mundo –el  que no forma parte del índice lector en lengua portuguesa– son francamente muy pocas.

Siguiendo la dinámica de nuestro especial sobre Brasil, si esto fuera una justa literaria y no deportiva, Brasil tendría que ser demasiado estratégico para enviar a sus mejores representantes de las letras, por lo que una alineación 4-5-1 sería conveniente, ya que esta jugada es perfecta para los que andan en busca de pases cortos y a ras de suelo. Además, se cuenta con centros más veloces, con lo que se puede aumentar elementos en el área rival.

Delantero: Rubem Fonseca. Fonseca es de la clase de escritores a los que no les importa lo que piense el lector de ellos, que pueden tener las licencias que quieran. Y un individuo que decidió dedicarse de lleno a la literatura hasta los 38 años sabe bien lo que quiere plasmar y cómo hacerlo. La de Rubem es una literatura para lectores avezados y resistentes, ya que el brasileño no es fácil: es lujurioso, áspero y sí muy crudo. Rubem lleva detrás a sus ancestros literarios con un estilo único, directo e inigualable. Es el líder contemporáneo de la selección.

Jugadas infalibles: Diario de un libertino (2003), Secreciones, excreciones y desatinos (2001) y Mandrake, la Biblia y el bastón (novela, 2005).

Medio 1: Daniel Galera.  El joven y versátil de la escuadra: traductor, editor y escritor, Galera nació en el 79 y ya es una de las voces más sólidas de la literatura brasileña actual y considerado uno de los más influyentes de su generación.

Jugada infalible: Barba empapada de sangre (2012).

Medio 2: Clarice Lispector (1920-1970). Lispector es una de las escritoras más grandes en la literatura modernista brasileña. Su literatura es urgente, grave y profundamente dolorosa en muchos de sus casos; sin embargo podría ser engañosa para el lector poco atento, ya que su ficción y recursos son de un calibre único. Ella sería el medio de contención ideal para la selección.

Jugadas infalibles: Aprendizaje o el libro de los placeres (1973), Cerca del corazón salvaje (1977), Revelación de un mundo (1967).

Medio 3: Luiz Rufatto. Tiene la influencia italiana en su sangre, lo que refresca y le da otro matiz a la literatura brasileña de la que es sólido exponente, a través de sus novelas, terreno en el que mejor se desenvuelve. Su origen popular lo dotó de una observación aguda y sobria, que a sus 53 años no ha desmerecido ni un ápice. Madurez y contundencia, no hay más.

Jugadas infalibles: Ellos eran muchos caballos (2001) y Estuve en Lisboa y me acordé de ti (2009).

Medio 4: Michel Laub. Otro joven de la selección (1973), Laub es, además de escritor, periodista, lo cual lo dota de otras artimañas para tener jugadas contundentes. Michel Laub logra pequeñas obras de gran contundencia y denuncia social, sin dejar de lograr un equilibro genial entre realidad y ficción.

Jugada infalible: Diario de una caída (2011).

Medio 5: Augusto de Campos. Pionero de la Poesía Concreta en el Brasil de los cincuenta, Augusto de Campos es uno de los poetas de mayor calado y repercusión en cuanto a vanguardias literarias se refiere. Su experiencia rosa no sólo la literatura, sino también el aspecto artístico, plástico y visual. A sus 83 años, la poesía de Campos ha sido trasladada a otros formatos que trascienden el papel, como la música, el arte sonoro, hologramas y computación gráfica.

Defensa 1: Euclides da Cunha (1866-1909). Sociólogo, ingeniero y escritor, uno de los máximos exponentes del darwinismo y de la primera fase de la escritura naturalista brasileña. En perspectiva, Euclides quizá no sea ni el más importante ni un poseedor de una literatura muy dinámica y recurrente, pero su tónica y repercusión cimentaron las bases de un Brasil que nunca ha perdido su espíritu crítico y progresista. Indispensable para entender Brasil.

Jugada infalible: Los sertones (1902).

Defensa 2: João Guimarães Rosa (1908-1967). El cuentista del desierto, João Guimarães, ha recibido un trato más o menos injusto, ya que su obra es lo suficientemente interesante, novedosa y compleja como para ser colocado como uno de los grandes de la literatura norteamericana; sin embargo ha pasado como un autor de perfil discreto, aunque hay cátedras en Brasil y Estados Unidos que dedican el estudio no sólo de su obra sino de su manejo del vocabulario, inventiva lingüística, sintaxis, así como el empleo complejo de neologismos. Todo un crack.

Jugadas infalibles: Gran Sertón: Veredas (1956) y Sagarana (1946).   

Defensa 3: Alberto de Oliveira (1859-1937). Brasileño de nacimiento, de Oliveira perteneció al movimiento literario francés conocido como parnasianismo, que nació como oposición al romanticismo de Víctor Hugo durante la segunda mitad del siglo XIX. Servidor público, farmacéutico y profesor, Alberto de Oliveira fue un escritor inclinado fuertemente por la objetividad y las escenas al aire libre.

Jugada infalible: Sonetos y poemas (1885).

Defensa 4: Manuel Bandeira (1886-1968). Traductor, crítico y poeta, Bandeira es uno de los primeros modernistas brasileños, perteneciente a la famosa generación del 22 que lo posicionó como uno de los autores más trascendentes del estado de Pernambuco. De perfil más conservador, aunque no por ello menos contundente, por su poema “Os sapos” ha sido aclamado como uno de los bardos más contundentes de la lengua portuguesa.

Jugada infalible: Las cenizas de las horas (1917).

Portero: Joaquim Machado de Assis (1839-1908). Uno de los primeros autores abiertamente pesimistas, en buena medida por sus circunstancias y origen (sin estudios, huérfano y epiléptico), Machado de Assis trabajaba en una imprenta, en donde aprendió a leer y posteriormente desarrollaría su escritura en su tiempo libre. Su literatura tiene mucho de realismo y asociación libre, además de inclinaciones formales hacia la psicología.

Jugadas clave: Memórias póstumas de Braz Cubas (1881) y Diario de Aires (1908).  

Director técnico: Jorge Amado (1912-2001). Uno de los más queridos y conocidos de esta lista, Amado fue un escritor que colaboró de forma crítica en periódicos y revistas, hasta llegar al encarcelamiento por sus ideas comunistas. Su obra está marcada por la relación con su tierra y el sentir popular de su gente. Sumamente inteligente, realista y descriptivo, Jorge Amado sería el DT perfecto para esta insuperable selección.

Jugadas infalibles: Los subterráneos de la libertad (1935), Capitanes de arena (1937) y Tierras del sinfín (1942).

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