Si la experiencia en eventos deportivos pasados dice que los efectos económicos en los países que los organizan son marginales, inclusive en Brasil podrían ser menores y, además, se corre el riesgo de que el descontento social se reactive si el torneo fracasa a nivel organizacional.

 

El episodio más trágico en la brillante historia de Brasil en las copas del mundo se escribió el 16 de julio de 1950 en el estadio Maracaná de Río de Janeiro.

173,850 espectadores estaban listos para ver a la selección brasileña coronarse como campeona del mundo por primera vez, nadie esperaba lo contrario. Debido al sistema de competición de ese entonces, a la escuadra carioca le bastaba con un empate en la final para ganar el torneo. Su rival, Uruguay, jugaba con todos los factores en contra.

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Brasil se adelantó en el marcador con un gol al minuto 47, pero Juan Alberto Schiaffino y Alcides Ghiggia anotaron en los minutos 66 y 79 y la escuadra ‘charrúa’ levantó su segunda copa Jules Rimet. Aunque actualmente Brasil es pentacampeona del mundo, esa derrota, conocida por todos como el ‘Maracanazo’, dejó marcada de por vida al país.

64 años después, vuelve la Copa del Mundo a Brasil y la final volverá a ser en el estadio Maracaná. Aunque nadie espera que se repita la historia, un Maracanazo podría volver a ocurrir, pero esta vez fuera de la cancha.

Si la experiencia en eventos deportivos pasados dice que los efectos económicos en los países que los organizan son marginales, inclusive en Brasil podrían ser menores y, además, se corre el riesgo de que el descontento social se reactive si el torneo fracasa a nivel organizacional.

 

Costo muy alto, beneficio mínimo

Históricamente, los eventos deportivos como la Copa del Mundo o los Juegos Olímpicos tienen un impacto económico moderado en los países y ciudades que son sede. En muchas ocasiones, dejan una gran deuda a los países. El caso más célebre es el de Montreal, Canadá, que organizó los juegos olímpicos de 1976. La ciudad contrajo una deuda de 2,800 millones de dólares de esa época (cerca de 10,000 mdd de 2009) que tardó 30 años en pagar.

Con los campeonatos mundiales de futbol, la historia es similar. De acuerdo con el estudio Impactos económicos de las copas mundiales de Francia 1998 y Alemania 2006, de los académicos Swantje Allmers y Wolfang Maening de la Universidad de Hamburgo, que estos dos eventos no tuvieron un impacto positivo en turismo, empleos o ingresos.

El Mundial de Sudáfrica hace cuatro años tampoco tuvo el efecto esperado. En otro estudio de la Universidad de Hamburgo se midieron el número de reservaciones en los hoteles y las llegadas de turistas durante el campeonato. El número no rebasó las 90,000 personas, cuando inicialmente se esperaban hasta 320,000.

“Los largos vuelos no parecen haber sido el principal obstáculo. Más bien, la política de precios en el turismo parece haber jugado un papel importante”, indica el estudio hecho por Stan Du Plessis y Wolgang Maening. Como ejemplo, dice que en junio de 2010 un vuelo de Frankfurt a Johannesburgo costaba hasta 480 euros, 50% más que cuando no había Mundial.

Un vuelo desde la Ciudad de México a Sao Paulo en los días previos al inicio de la Copa del Mundo puede costar hasta 50,000 pesos. Mientras que los paquetes con vuelo, traslados y hospedaje para ver los tres partidos de México en la primera ronda van desde los 225,000 hasta 350,000 pesos.

 

Impacto menor que en otros Mundiales

Si en las últimas ediciones de la Copa del Mundo el impacto ha sido mínimo para los organizadores en relación a los costos, en el caso de Brasil el resultado podría ser peor incluso.

Un reporte de Ernst&Young Terco y la Fundación Getulio Vargas estima que la organización del Mundial ha tenido un impacto económico de 142,000 millones de reales (64,000 millones de dólares), entre 2010 y 2014, pero en su mayoría se deben a inversión indirecta y sólo 10,161 mdd habrían sido destinados para asegurar la infraestructura adecuada para el evento.

“En el caso de Brasil, el impacto económico a medio y largo plazo de la Copa del Mundo de 2014 podría ser incluso menor, teniendo en cuenta la gran extensión geográfica del país y el hecho de que la inversión se limita a ciertas ciudades y estados”, indica UBS en un reporte.

El estudio del banco de inversión suizo firmado por los economistas Guilherme Loureiro y Thiago Carlos estiman que la Copa del Mundo en Brasil puede afectar temporalmente algunos indicadores económicos, como la producción industrial, balanza de pagos y la inflación. Mientras que los beneficios económicos podrían ser incluso menores si se comparan con los de otros países anfitriones en el pasado.

 

Maracanazo en las calles, ¿y en las urnas?

Pese a que la FIFA quería que los 12 estadios sede del Mundial estuvieran listos para diciembre de 2013, aún quedan tres recintos sin terminar. Las obras en aeropuertos y caminos también dejan incertidumbre sobre el éxito del evento.

Pero si los beneficios económicos serán mínimos para el país, los costos sociales y políticos pueden ser mucho mayores.

Una encuesta del instituto Datafolha publicada el 10 de abril muestra que menos de la mitad de los brasileños (48%) apoyan la organización del Mundial. El descontento social alcanzó su punto más alto el año pasado mediante protestas y disturbios en las principales ciudades del país mientras se jugaba la Copa Confederaciones.

“Si la organización de la Copa Mundial demuestra ser un fracaso, podría empañar la imagen del gobierno y servir de catalizador para un renacimiento de las protestas sociales”.

UBS recuerda que de marzo a julio del año pasado, la población que consideraba de excelente a buena la gestión de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil bajó de 65% a 30%.

Nadie espera que se repita un Maracanazo en la cancha, pero existe el riesgo de que sí ocurra en las calles, y en las urnas.

 

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