Mientras el gobierno de Rousseff prepara al país para el campeonato de futbol del próximo año, también sería buena idea preparar a Brasil para una competencia más fuerte y despiadada por el capital global.

 

 

 

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En menos de un año, Brasil será el anfitrión de la Copa Mundial de Futbol 2014. El evento deportivo que más convocatoria tiene en el mundo atraerá la mirada de más de mil millones de ojos hacia esta nación sudamericana. ¿Qué tiene Brasil para ofrecer? El equipo de Brasil es un fuerte candidato a ganar el campeonato. La ventaja de ser local, su legendario «juego bonito» y su reciente desempeño en partidos amistosos dan al equipo nacional buenas probabilidades para el próximo año. De ser campeón, Brasil se alzaría con seis títulos mundiales, el máximo que alguna nación haya alcanzado en la historia de la Copa del Mundo.

Pero para que el campeonato pueda comenzar, Brasil tiene que terminar 12 estadios de fútbol en menos de un mes para cumplir con la fecha límite fijada por la FIFA. Según se afirma, seis de esos estadios ya están listos; el resto está incompleto. El accidente fatal en el estado del Sao Paulo el miércoles pasado, en el cual una grúa de 500 toneladas colapsó la parte superior del estadio y mató a dos trabajadores además de romper parte del techo del estadio donde supuestamente se jugaría el partido inaugural el 12 de junio, es una señal de que el país muy probablemente no alcance la fecha límite fijada por la FIFA el 31 de diciembre.

Estas demoras e infortunios, en muchos casos provocados por la falta de suministros industriales, ilustran los  desafíos que presenta la falta de inversión de Brasil en infraestructura. Pero no sólo faltan estadios deportivos de buena calidad, también es necesario ampliar y modernizar aeropuertos, carreteras, vías ferroviarias y puertos. El próximo año, los fanáticos del fútbol de todo el mundo sabrán que en un día normal, un viaje desde el centro de Sao Paulo al aeropuerto de Guaralhos puede tardar 2,5 horas y posiblemente decidan optar por un viaje de 260 millas y seis horas por carretera desde Sao Paulo para llegar a un partido en Río de Janeiro. Actualmente no existe ningún servicio de tren de pasajeros que conecte ambas ciudades, y se ha aplazado al menos seis meses la finalización del tren de alta velocidad previsto originalmente para funcionar en 2014.

Además de la Copa Mundial de 2014, el mundo posiblemente observe los resultados de la política económica que no logró ofrecer incentivos suficientes para la participación del sector privado en la creación de capacidad productiva. En 2012, la relación de inversión-PIB de Brasil ascendía a 19.7%, frente a un 23.5% en Chile y 25.2% en México. Mientras tanto, el gasto público expresado como porcentaje del PIB asciende a 39% frente a un 25% en México, y 23% de Chile. Este año es posible que el crecimiento se acelere al 2%-2.5%, pero aún a esta tasa baja de crecimiento, Brasil registra una inflación cercana al 6% y se ha visto obligado a aumentar las tasas de interés de referencia 275 puntos básicos en lo que va de 2013 hasta el nivel actual de 10%.

A medida que el mundo se aleja de un entorno de abundante liquidez, la competencia mundial por el capital aumentará. Los inversionistas mundiales se sentirán atraídos hacia países que mejoran su posición en la escala de competitividad, y en el marco de las políticas actuales, Brasil está rezagado.

El gobierno de la presidenta Dilma Rousseff habrá de presentarse para una reelección en octubre el próximo año. El consenso del mercado no prevé propuestas de reformas por parte de la administración antes de las elecciones, y las antiguas políticas de control de precios, gasto público directo y crédito subsidiado podrían ser utilizadas para ganar el voto. Pero las recientes propuestas generalizadas y el aumento de los niveles de aprobación de los partidos opositores sugieren que el electorado está frustrado con el status quo.

Mientras el gobierno de Rousseff prepara al país para el campeonato de futbol del próximo año, también sería buena idea preparar a Brasil para una competencia más fuerte y despiadada por el capital global. Brasil tiene potencial para ganar ambas batallas; los jugadores del equipo nacional de futbol posiblemente ganen la copa, pero los responsables de formular políticas deben ganar en el campo del capital global.

 

 

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