Aunque un ambiente de calma resulta más ventajoso para las inversiones, la situación social de Brasil no ha frenado que las empresas sigan apostando por este mercado, asegura en entrevista el embajador de esa nación en México.

 

Por Felipe López R.

 

La imagen de Brasil casi todos los días es agraviada en los medios mexicanos, que a través de sus correspon­sales lanzan comentarios de sorpresa en radio y televisión ante la pobreza y falta de infraes­tructura que hallan a su llegada.

Os brasileiros lo intuyen. Cuatro de cada 10 consideran que el Mundial afectará la imagen de su país alrededor del mundo, mientras que casi el mismo número dice que los beneficiará; el resto considera que no tendrá ningún impacto tener el reflector encima.

Ser anfitriones de la Copa del Mundo le preocupa a los brasileños: al menos seis de cada 10 consideran que se está gastando mal el dinero que bien podría ir a educación, salud y servicios públicos, temas comunes en las protestas populares y huelgas que comenza­ron a multiplicarse desde junio de 2013.

En la realidad, sólo 34% de los brasileños considera que la Copa del Mundo, que se calcula atraerá 3.5 millones de personas a las 12 ciudades brasileiras donde se desarrolla la justa deportiva, ayudará a la economía y generará más empleos. Esos números son algunos de los principales hallazgos de una investigación que realizó el Pew Research Center, a través de entrevistas cara a cara rea­lizadas entre el 10 y el 30 de abril de este año, entre una muestra representativa de 1,003 adultos elegidos al azar en todo Brasil.

Para ahuyentar las protestas por el dinero que están gastando en estadios, promete que invertirán miles de millones de reales en servicios de transporte público, y que gastarán en salud y educación decenas de veces más que en las canchas.

 

¿Cuál es el reflejo de la economía?

La situación mantiene en aler­ta al gobierno. Sabe que hay malestar y el mundo los mira, mientras que su embajador en México, Marcos Raposo Lopes, forma parte de la minoría de brasileños que consideran que el Mundial no tendrá impacto, al menos en las inversiones.

“Aunque un ambiente de calma resulta más ventajoso para las inversiones, la situa­ción social de Brasil no ha frenado que las empresas sigan apostando por este merca­do”, dice en entrevista.

Considera que la gente tiene, pero siempre quiere más. “Mucha gente que carecía de lo más elemental pasó a tener algo, y al igual que la democracia, con la estabilidad económica queda por sentado que eso ya es suyo y ahora quieren más —lo que es muy bueno—. Antes la sociedad no tenía medios de transporte; hoy existe uno deficiente y salen a pedir uno bue­no. Antes sus hijos no tenían educación; ahora el 100% de los niños va a la escuela, pero la educación es mala, y ahora piden subir el nivel. Antes no tenían para comer; hoy, con esa nece­sidad cubierta, quieren un auto. Es un proceso natural y es lo que hace que los países crezcan. Por más que el gobierno tenga problemas, las manifestaciones son aplaudidas por el presi­dente”, indica el diplomático brasileño.

A decir de Guilherme Ferlin, investigador de la Pontifícia Universidade Católica do Paraná, México y Brasil, en lugar de competir con crecimiento, ninguna de las dos crece.

Ferlin señala que el desarrollo de obra pú­blica con inversión de la iniciativa privada con motivo de la Copa del Mundo 2014, juega un papel significativo. En una entrevista con The New York Times, una semana antes de iniciar el Mundial, la presidenta de Brasil, Dilma Rous­seff, justificó los préstamos de los bancos para la construcción de estadios e insistió en que los brasileños que planean echar a perder la fiesta con sus protestas son minoría.

Sin embargo, el investigador de la Pontifí­cia Universidade Católica do Paraná resaltó que una vez transcurridos el Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016, las inversiones en infraestructura y el sector servicios verán una desaceleración.

Guillermo González Uribe, consultor independiente en comercio internacional, considera que México parecería estar reza­gado respecto a Brasil en cuanto a creci­miento económico.

En términos de generación de ingresos, Brasil ha logrado mantener atractivas tasas de crecimiento, ha mejorado su productividad industrial y la banca otorga financiamiento a su población, factores que lo hacen un destino atractivo para las inversiones.

“Las manifestaciones de junio tomaron como pretexto el aumento en el precio del transporte público, al que se sumaron deman­das sociales insatisfechas, principalmente de corrupción, precarios servicios de educación y de salud, además de los nuevos impuestos que se avecinan. Esto muestra las limitaciones estructurales del modelo de desarrollo brasile­ño”, señala Ferlin.

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Brasil vs. México

En materia de balanza comercial, durante 2013 el intercambio entre ambas naciones totalizó 9,807 mdd, convirtiendo al gigante sudamericano en el principal socio comercial latinoamericano para México y el séptimo a escala mundial, según reporta la Secretaría de Economía.

De acuerdo con cifras de ProMéxico, desde 2001 el intercambio comercial entre Mé­xico y Brasil ha crecido a una tasa promedio de 13% anual; por ello las prioridades en la relación bilateral tienen una gran relevancia.

Pero las diferencias aparecen cuando se habla de inversiones y apertura: mientras Brasil busca un mayor acceso en productos agroalimentarios, y ahora en materia energéti­ca, para México los petroquímicos, hidro­carburos, automóviles, negocios agrícolas, servicios financieros y de telecomunicaciones son algunas de las áreas estratégicas que busca desarrollar allá.

González Uribe considera que el fortaleci­miento del comercio bilateral reduciría la de­pendencia, de más de 80%, que tiene México de la economía estadounidense.

Sin embargo, la penetración de materias primas y alimentos brasileños ha generado incomodidad en el sector agrícola mexicano, mientras que la balanza comercial del sector automotor, favorable para México, provocó que en 2012 el gobierno de Rousseff tomara medidas proteccionistas para frenar la entrada de coches mexicanos.

Hoy, según datos de ProMéxico, las multinacionales mexicanas destinan casi cinco veces más recursos que la inversión brasileña que llega a México.

Sobresalen empresas como Mexichem, por la compra en 2007 de Amanco y por su dura competencia con la brasileña Braskem. América Móvil, con una penetración de 25% del mercado de telefonía celular, continúa incrementando su participación en el mercado brasileiro. Por su parte, en 2009 Grupo Elektra inauguró Banco Azteca y tiendas. Mabe cuenta con varias plantas de producción de electro­domésticos y Bimbo adquirió Plus Vita Ltda, una de las panificadoras más importantes del país sudamericano. Otro caso sobresaliente es Coca-Cola FEMSA, empresa que en agosto de 2013 concretó la adquisición de 100% de Companhia Fluminense, y en octubre cerró la compra de 100% de Spaipa, el segundo embotellador privado más grande del sistema Coca-Cola de Brasil.

En cuanto a las principales empresas brasileñas que han invertido en México están Braskem, Embraco y Usimeca. Además des­tacan Weg (fabricante de motores eléctricos), Marcopolo (fabricante de autobuses para América Latina), Itaúsa (TI/BPO), Grupo Ultra (químico) y Metalfrio (refrigeradores).

Se trata de un país estratégico, señala Ál­varo Cysneiros, director de operaciones de la brasileira Totvs, quien agrega que por tratarse del segundo mercado más grande de América Latina, las empresas deben buscar su lugar en él. “No podemos estar fuera y obviar tener presencia en el país”, agrega.

Uno es un mercado interno enor­me y eslabón con América del Sur, y el otro es la puerta de entrada al país más consumista. “Como país, México es mucho más que Brasil (como sociedad y cultura), aunque como eco­nomía es más Estados Unidos, por cuestiones geográficas, y en ese sentido jamás los vamos a sustituir, pero podemos ser el contrapeso para crecer juntos y tener mucha más voz —económica, política y socialmente— en el mundo; además, como los países más grandes tenemos la obligación con América Latina de estar más juntos”, explica el embajador de Brasil en México.

Marcos Raposo Lopes dice que sus compa­triotas poco saben de los productos mexicanos que se comercializan en su nación, y pasa lo mismo con los productos brasileiros en ésta.

En cuestiones comerciales, la historia entre Brasil y México puede no ser tan bue­na, pero estamos hablando de una cifra que está muy lejos de ser un comercio malo, dice.

“El problema es que dentro de lo que puede ser, 10,000 mdd parecerían poco, pero no lo son. Es decir, el potencial entre ambas naciones es mayor”, aclara Raposo Lopes.

México es el cuarto inversionista extranje­ro más grande en Brasil, por arriba de China y detrás de la Unión Europea (compuesta por 28 naciones), Estados Unidos y Japón (seguido de cerca).

Pero un tratado de libre comercio se ve le­jano, sobre todo después de que Dilma le cerró el portón a los autos mexicanos.

“El paso para cerrar un TLC entre las dos naciones más grandes de América Latina estuvo más cerca en otra época”, acepta el diplomático.

Aunque Raposo dice que siempre se habla mucho de la competencia entre Brasil y México, él no percibe ningún escenario global que pueda ser bueno para un país y perjudicial para el otro. “No podemos estar separados; en el mundo está todo puesto para comérnoslo”, enfatiza el embajador.

 

El daño colateral

La violencia, en un momento en que el país está delante de los reflectores, es un problema que preocu­pa al gobierno de Brasil, dice su embajador en entrevista.

Pasado el Mundial, después de las elecciones y transcurridos los Juegos Olímpi­cos, el diplomático asegura que “no quedará un país perfecto, a lo mejor ni siquiera un país bueno en términos sociales, pero sí será un mejor país”.

Por lo menos los mexicanos tal vez ya no se sorprendan al ver las huelgas y algunas imágenes de desigualdad que llegan desde las cámaras a través de los ofendidos corresponsa­les que esperaban llegar al primer mundo.

“No hay porqué esconder que para 90% de los brasileños el mexicano es un señor que usa un sombrero enorme que toca su guitarra en una calle polvosa –dice el embajador de Brasil–, mientras que para los mexicanos la creencia es que en Brasil la gente pasa todo el tiempo en la playa, jugando futbol y en el carnaval bailando samba.”

Ellos aprovecharán el Mundial para darse a conocer más en el planeta y para mostrar las oportunidades de inversión que ofrecen. ¿Y México?

“El problema es que los brasileños que dicen conocer México, en sus vacaciones llegaron a Cancún, donde permanecieron en las instalaciones de un enorme hotel all inclusive, viendo espectáculos y comiendo en restaurantes de todo tipo, menos tradicionales que los mexicanos. Lo más que se acercaron a la cultura mexicana fue su visita a Xcaret o Chichén Itzá, por lo que seguirán creyendo que México significa sombreros y mariachi”, lamenta el embajador de Brasil.

 

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