Caminos nuevos, camiones viejos

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México es un país de dos economías: una que acelera con fuerza hacia el crecimiento y otra que frena con motor hacia el estancamiento. Una economía de caminos nuevos y camiones viejos. ¿Por qué?

 

 

México es un país de dos economías. Un país donde existe una economía que acelera con fuerza hacia el crecimiento y otra que frena con motor hacia el estancamiento. Una economía de caminos nuevos y camiones viejos.

Recientemente la firma McKinsey realizó un estudio que busca explicar esta dicotomía. Después de un extenso análisis, se concluye que la razón por la cual la economía de nuestro país no ha crecido al ritmo esperado en los últimos años es porque: por un lado, existe un México productivo -“moderno”- que actúa en la economía formal e incluso es motor de las exportaciones; y por otro, uno improductivo -“tradicional”- donde el círculo perverso de la economía informal se recicla una y otra vez.

De acuerdo con las cifras presentadas en el diagnóstico, el promedio de productividad de ambas economías tiene dos tendencias completamente divergentes y que nos muestran dos realidades distintas. En una se menciona que la productividad de las grandes y modernas empresas -muchas de las que hoy están integradas a la economía global-,  ha ido incrementando en un 5.8% por año (desde 1999); mientras que en las pequeñas y tradicionales la productividad ha disminuido a un ritmo de 6.5% anual (también desde 1999).

Sí ésta es una realidad evidente para toda la demanda agregada en el país, en el caso de la industria automotriz de vehículos pesados lo es todavía más. Ya que tenemos, en primera instancia, una economía y un sector formal generador de empleos, que invierte, produce y exporta; y al mismo tiempo, uno que opera bajo la informalidad importando vehículos pesados que promedian 17 años de antigüedad.

Entonces, sí hemos logrado consolidar una industria altamente productiva y generadora de empleos para el país, pero ¿qué incentiva esta otra economía, la economía de la importación de chatarra? El contrabando de combustibles; la nula revisión de condiciones físico mecánicas; la  sobrecarga de las unidades; la falta de profesionalización de los choferes; los turnos interminables y los accidentes lamentables, son sólo síntomas de este modelo de negocio anticompetitivo.

La entrada de unidades usadas afecta seriamente a la industria productora, afecta al medio ambiente y de forma silenciosa, atenta también contra el “hombre – camión” que debe gastar más en diesel por un camión que rodó por primera vez en 1979.

En la actualidad, a pesar de ser el séptimo productor de vehículos pesados y cuarto exportador a nivel mundial, y que la industria del autotransporte de pesados en México genera 144,000 empleos -de los cuales 22,000 son directos- también somos el país que más importa vehículos pesados usados; rubro en el que rebasamos recientemente a Nigeria.

Así como la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha traído innumerables beneficios a nuestro país, también ha tenido un impacto negativo debido, en parte, a que no hemos hecho el trabajo normativo correspondiente.

El volumen de unidades importadas usadas ha ido en aumento en los últimos 3 años. Por esa razón, es que actualmente adquiere importancia la importación de unidades usadas, importaciones que se efectúan en el marco del TLCAN. En 2012 la importación de vehículos pesados usados representaba el 30% de las ventas; en el 2013 el 60%; y durante el inicio del 2014 ha sido del 70%. Significa que por cada 10 unidades nuevas se comercializaron 7 más usadas importadas.

Lo paradójico de todo esto es que: existe, por un lado, un círculo virtuoso (producción, exportación, generación  de empleos formales, ingreso de divisas, etc.); y por otro, tenemos un círculo vicioso (importación de camiones usados, compra de combustible robado, mayor contaminación, choferes menos capacitados, accidentes viales, menor pago de impuestos, etc.).

El problema de fondo, de acuerdo con el estudio presentado por McKinsey, es que “independientemente de los esfuerzos por abrir sus mercados, a través de una serie de reformas, incluyendo el Tratado de Libre Comercio, el Producto Interno Bruto de México ha crecido menos de lo que lo han hecho las economías de otros países emergentes”.

México tiene hoy la gran oportunidad histórica de consolidarse como uno de los primeros productores y exportadores mundiales de vehículos pesados, con los consiguientes beneficios en derrama económica, empleo estable y bien remunerado; así como una importante contribución al esfuerzo exportador nacional y al incremento de la productividad del país.

Si nuestro país pretende crecer a mejores tasas y ritmos más acelerados será fundamental tomar en cuenta que para llegar a las metas planteadas todos debemos remar en la misma dirección. Mientras existan las condiciones propicias para que proliferen las empresas informales, la productividad de nuestra economía continuará siendo dispar. Siguiendo este camino, será una lástima que los camiones que hoy son producidos en México, y exportados a Estados Unidos, estén de regreso en nuestro país en el 2028.

 

 

 

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