A 100 días del inicio del gobierno de Donald Trump, el sector del campo en Estados Unidos se mantiene a la espera del impacto, positivo o negativo, que tendrá por el nuevo presidente.

El nominado de Trump como jefe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), Sonny Perdue, ex gobernador de Georgia, fue aprobado por el comité respectivo en el Senado, pero aún falta el aval del pleno.

“Perdue es conocido por su trabajo en la agroindustria y su posición en contra del cambio climático. Quienes están a favor de la nominación de Perdue sostienen simplemente que él “sabe de agricultura y ganadería”, lo que podría interpretarse como que él mantendrá el statu quo”, apuntó Daniel Redo, Head of Agriculture Research de Thomson Reuters, en un estudio sobre los primeros días de la administración de Trump.

El analista advierte que Perdue dispondrá de menos financiamiento, ya que se planea una reducción en el presupuesto de la USDA de 4,700 millones de dólares, equivalentes a 21%, lo cual representa los niveles más bajos desde 1988.

“Los recortes propuestos en los departamentos de estadísticas y en el personal a nivel de condado tienen el potencial de agregar incertidumbre al mercado, dado que la capacidad de la USDA de invertir recursos para evaluar los principios básicos de la oferta y la demanda se verá reducida”, señaló Redo.

Añade que hasta el momento, Perdue y Trump han evidenciado postura contrarias en el tema del libre comercio.

Para la mayoría de los agricultores estadounidenses, indica Redo, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha sido un beneficio, dado que México es uno de los principales importadores de granos y oleaginosas de Estados Unidos. Pese a ello, Trump se ha quejado del acuerdo comercial y ha amagado con sacar al país de él.

“Los antecedentes de Perdue en la agroindustria hacen suponer que está a favor del libre comercio, dado que la mayoría de sus negocios se alineaban con esta política. Nuevamente, es poco lo que se sabe, y Trump sólo afirmó que tiene ‘sorpresas muy gratas en relación con el TLCAN’”, manifestó el analista de Thomson Reuters.

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Aunado a esto, una inquietud de los productores de maíz es el posible cambio en las políticas sobre combustibles y emisiones reducidas de carbono.

El impulso en los últimos años al etanol, producido mayormente a partir del maíz, detonó el cultivo de maíz, el cual aumentó 19% de 2006 a 2007, en más de 6 millones de hectáreas, gracias a que se duplicó el uso necesario de biocombustible.

“La Agencia de Protección Ambiental está dando marcha atrás con las políticas sobre la industria del etanol, que se define como la mejor alternativa ante las emisiones reducidas de carbono, (y) podría provocar desorden y confusión, lo que generaría efectos secundarios en toda la región medio-oeste”, consideró Redo.

 

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