Antes de llegar al Palmares de la 72 edición del festival, es preciso comentar algunos de los últimos títulos que se pudieron ver en la Competencia Oficial que finalizó sin la ostentación o el ruido de los primeros días, pero que nos dejo cuando menos una gran película que fue reconocida con una mención especial por parte del Jurado encabezado por Alejandro González Iñárritu.

El penúltimo día de competencia inició con Roubaix: Oh Mercy del francés Arnaud Desplechin en la que un policía (Rodney Schem) busca investigar, a través de inquisitivos interrogatorios, la verdad detrás de la muerte de una mujer en medio de un incendio que presuntamente fue provocado. De un ritmo inusual para una película de investigaciones policíacas, la película de Desplechin es rebosante en diálogo y esta mucho más interesada en hacer evaluaciones psicológicas o morales que en descubrir lo que hay detrás del misterio que investiga, lo cual podría frustrar a espectadores acostumbrados a un ritmo más ágil y resoluciones más rápidas.

El siguiente al bat después de la débil impresión de Desplechin fue el joven Xavier Dolan con Mathias et Maxine, una película con tintes autobiográficos que retoma los elementos con los que el cineasta quebequense se siente más cómodo como gritos, pleitos, mundos juveniles y sobre todo, de tensión sexual. En este caso, la historia se centra en la tensión que surge entre dos amigos de toda la vida que después de perder una apuesta en la que deben besarse ante una cámara, comienzan a cuestionar la naturaleza de su amistad. Tan íntima como risible, la película de Dolan es extremadamente irritante para quienes no disfruten de su estilo, lo que confirma que el joven canadiense esta destinado a filmar para sí y sus seguidores.

Todo parecía apuntar a decepciones cuando al final llegó el palestino Elia Suleiman con su celestial comedia It must be heaven en la que el mismo cineasta, a través de diferentes viñetas, hace agudísimos comentarios sobre el estado de las cosas en Francia, Estados Unidos y la misma Palestina. Haciendo gala de un humor tan sofisticado como bello, Suleiman cerró en una nota altísima la competencia oficial de este año que logró mantener un nivel bastante bueno que se reflejó en un satisfactorio palmares.

El premio mayor fue a la brillante sátira social Parasite, una película tan local como global que deslumbra principalmente por su forma de ser narrada. Con su característica humildad, Bong Jon Ho agradeció al jurado de González Iñárritu el reconocimiento otorgado por unanimidad que también dio premios a la senegalesa Mati Diop por Atlantiques, al brasileño Kleber Mendoca Filho por Bacurau, Ladij Ly por Les Miserables, el premio de dirección a los hermanos Dardenne de Bélgica por Le jeune Ahmed, el premio de guion a la fantástica Portrait de la jeune fille en feu de Celine Sciamma y los premios de actuación para Emily Beecham por Little Joe y al indiscutible Antonio Banderas por la enorme película Dolor y Gloria del español Pedro Almodóvar.

En la conferencia de prensa Iñárritu dijo que las decisiones del jurado se basaron en mérito cinematográfico y no político, lo cual refleja la congruencia entre lo que la crítica internacional valoró en las propuestas de la Competencia Oficial y lo que el jurado premió. Por que la victoria del cine, es, ante todo, un valioso acto político. ¡Que vivan los parásitos!

 

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