Poco antes de llegar a la semana de celebrarse, se acercaba al festival una tempestad que casi todos los espectadores esperaban: la llegada de Quentin Tarantino tomando las manos de Brad Pitt y Leonardo Di Caprio para presentar, 25 años después del estreno mundial de su icónica “Pulp Fiction” (1994) su nuevo largometraje “Once upon a time in Hollywood”, en la que Di Caprio interpreta con goce y desborde a un actor de televisión llamado Rick Dalton que junto a su doble/chofer/guardaespaldas Cliff (Brad Pitt) está en medio de una crisis, indeciso por continua una mediocre carrera en Los Angeles o irse a la bella Italia a filmar spqguetti westerns.

Antes del estreno de la película en Cannes, Tarantino declaró que “Once upon a time in Hollywood” era para él “como su Roma” y aunque la película no habla de su infancia sino de un lugar en el que le hubiera gustado vivirla. La recreación de la ciudad es meticulosa e irradia una fuerte nostalgia, particularmente en los paseos que Sharon Tate (Margot Robbie) se da por la ciudad. Aunque Tarantino si usa esta película para reflexionar sobre lo que su nombre significa, reivindicándolo en un brutal acto final que demuestra, que aún a 25 años, lo mejor de “Pulp Fiction” sigue presente en el cineasta estadounidense por antonomasia.

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En las antípodas del mundo de Tarantino, la cineasta francesa Celine Sciamma entregó en “Portrait de la jeune fille en feu” una de las películas más sofisticadas y pasionales de la competencia al presentar el romance de una joven pintora en la Francia de finales del S. XVII que es comisionada para pintar el retrato de una bella joven (Adele Haenel), renuente a ser retratada para demostrar inconformidad por el matrimonio que le han arreglado en Milán.

Remitiendo a obras como “La edad de la inocencia” (1993), la película de Sciamma es notablemente fino y elegante, aún si visualmente carece del poder suficiente para completar totalmente la faena, pero como narradora crea una historia en la que la rabia se convierte en pasión y la rigidez de un período histórico se usa como principal canal para articular el deseo. Sciamma cumple con la promesa mostrada en películas como “Girlhood” (2014) con una película tan delicada como incendiaria.

Finalmente, el cineasta estadounidense Terrence Malick regresó a la competencia oficial con “A hidden life” después de que en su última visita se llevara la Palma de Oro con su abrumadora “El árbol de la vida” (2011), una película que aún a la distancia sigue mostrando temas y estilo que Malick sigue explorando.

“A hidden life” presenta la historia de Franz Jägerstätter (un sólido August Diehl), un objetor de conciencia que durante la Segunda Guerra Mundial se negó a pelear con los nazis, terminó en prisión y sufrió incontables vejaciones por parte de los mismos. Sin afán de convertir a escépticos, la película de Malick es bellísima pero narrativamente simple y redundante aunque a nivel filosófico ofrece temas para discutir.

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