A tres días de iniciado el Festival de Cannes, el nivel de la competencia ha logrado mantener un nivel por arriba del promedio, aunque la prensa internacional continúa esperando el título que pueda ganar aclamo, o cuando menos, aprobación unánime.

Por un lado, están dos películas que han generado una recepción en su mayoría positiva. La primera es la producción de Netflix Okja, del coreano Bong Jon Ho, una emocionante película que funciona tanto como una aguda sátira de la hipocresía de las corporaciones “ecoamigables” así como una delirante colección de personajes y secuencias de acción que remiten a lo mejor de Spielberg (E.T., 1982) o del mismo Jon Ho (El huésped, 2010).

La otra película que levantó reacciones favorables fue 120 Battements par Minute el tercer largometraje del cineasta francés Robin Campillo que es un comprehensivo y emocionalmente inductivo recuento de ACT UP, movimiento activista a favor de las personas infectadas con VIH en la París de inicios de los años 90. La película apunta en la dirección de la popular La vida de Adele (2013) en su exposición intimista del amor y las relaciones homosexuales, y aunque tiene momentos de una finura, sofisticación y poder notables, la película no alcanza del todo tales aspiraciones. El joven actor Nahuel Pérez Biscayart brilla y se pone adelante en la competencia por el premio de actuación masculina.

Por desgracia, también hubo resbalones dolorosos en la competencia con La Luna de Júpiter del húngaro Kornel Mundruczo, una vacua y efectista metáfora sobre los refugiados en Europa y Redoubtable del galo Michel Hazanivicius, que es un ligerísimo y a veces soso recuento  de un pasaje de la vida del legendario cineasta Jean Luc Godard durante 1968 en clave de pop art y revisionismo cinematográfico estilo La La Land (2016), pero antes de su proyección para la prensa, la nota fue el desalojo del Palais por la presencia de un “paquete sospechoso” en la sala Debussy.

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La paranoia invadió a las huestes de la prensa, alrededor de las cuales se formó un perímetro de seguridad que retrasó la función por más de 20 minutos. Al final, el delegado general del Festival, Thierry Fremaux, bajaba campechano de las escaleras del Palais, convencido de que la única bomba adentro era la película de Hazanavicius.

 

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